Montessori

APRENDER A LEER Y ESCRIBIR.
EL ENFOQUE MONTESSORI APLICADO A LA LECTO-ESCRITURA

¿A qué edad se les enseña a los niños a leer y escribir en Montessori?

En Montessori no se “enseña”, en Montessori los niños “aprenden”, el enfoque es indirecto (nunca el directo de la educación tradicional). Como cada niño es único, algunos pueden aprender a los tres años, otros a los cuatro, otros a los seis, a los siete, etc, cada uno el día que le interese y le guste; a veces es rápido, a veces no, según sus capacidades, habilidades e intereses personales. Y claro, según sus periodos sensibles, todo eso es individual. Entonces tienes niños en distinto nivel de desarrollo de la lecto-escritura juntos en un mismo aula. Algunos pueden ser precoces, se les permite, y otros son más lentos, está bien, no se les apresura ni presiona…sí se les anima, pero no se les fuerza…no hay una edad definida, ni un día preciso en que tengan que aprender; aprenden desde el primer día, pero es un largo proceso, ni cuenta se dan y están aprendiendo a leer y escribir desde el día que llegan…

¿Podría decirse que en Montessori los niños empiezan a aprender a leer y escribir desde que tienen 1 año, desde que llegan a comunidad infantil por primera vez?
Sí, y no. Sí, en el sentido en que todo lo que aprenden es parte de un largo proceso de maduración de habilidades e intereses, y sí, desde el primer día las actividades que realizan los van habilitando poco a poco para lo que después será ya más concretamente leer y escribir. Y no, en el sentido en que no están específica y concientemente -ni de parte del niño ni de parte de la guía-, enfocándose en el aprendizaje de la lecto-escritura.

Y es así que poco a poco, a lo largo de un periodo indefinido de tiempo, de repente, un día, el niño descubre que ya sabe leer. Puede ser que tenga tres años, o puede ser que tenga 7, no hay problema siempre y cuando sea SU momento, y haya sido respetado su ritmo, su velocidad y su particular sensibilidad. Muchos niños no recuerdan haber sido enseñados a leer, y saben leer, creen haberlo hecho solos cuando en realidad, sí, lo hicieron solos, pero todas las actividades en el aula los fueron ayudando. Así que lo hicieron solos, pero no del todo, el ambiente cuidadosamente preparado, el material atractivo e interesante, y todo lo que ahí sucede los llevó a saber leer sin sentirlo, de manera tranquila, natural, espontánea, y muy agradable.

El texto a continuación se basa en el libro de Paula Polk Lillard, “Un Enfoque Moderno al Método Montessori”:

Debido a la infinita confianza de la doctora Montessori en los poderes del niño para enseñarse a sí mismo, ella no diseñó un método para “enseñar a leer”, ni tampoco creyó conveniente decidirse por un momento particular para que los pequeños comenzaran a hacerlo…la lectura es experimentada como parte del proceso de vivir. Esto contrasta con el énfasis sobre la enseñanza forzada de la lectura a los niños, como en el método tradicional, en el cual se les presenta un día un libro (el mismo para cada niño), en el cual hay palabras que deben ser pronunciadas (en voz alta, para que todo el mundo pueda oír) y preguntas que deben hacerse, que deben ser contestadas (nuevamente de manera que todo el mundo pueda oír).

No fue solo la confianza de la doctora Montessori en los poderes del pequeño lo que la indujo a enfocar la lectura en esta forma natural, sino también su concepto del niño como un ser activo más que receptivo. Ella consideraba que la tarea de la educación no era atiborrar al chico con las técnicas de la lectura, sino liberarlo para la autoexpresión y comunicación. La cuestión entonces se convirtió en cómo presentar oportunidades para ello al niño, sin dejarse atrapar en la mecánica, lo que impediría que el niño emprendiera el vuelo por su propia cuenta.

La preparación en el salón de clase para esta exploración comienza con los ejercicios de la Vida Diaria. A través de estos el niño desarrolla el control del movimiento y la coordinación entre ojos y manos, que lo ayudarán a escribir. El verter arroz y posteriormente agua de una jarrita a otra, amarrar y abotonar cosas, el pulir la plata, cortar vegetales, cargar charolas con equipo… todo esto involucra movimientos precisos de la mano y el cuerpo, que conducen a la coordinación de la vista y del control muscular. Estos ejercicios también desarrollan una comprensión del proceso y el orden involucrados en un ciclo completo de actividad con un comienzo, un punto medio, y un final. Además, como la primera absorción con una actividad precisa, inician el desarrollo de la concentración y la disciplina interna en el niño. La integración del yo y la comprensión del proceso que resulta de estos ejercicios son importantes para cualquier tarea seria que el niño emprenda o realice.

Los Materiales Sensoriales amplían todavía más la preparación del niño, al reforzar el orden establecido en él, a través de los ejercicios de la Vida Diaria. La Torre Rosada, el Gabinete Geométrico, los Cilindros Sólidos, las Figuras Metálicas Insertables, los numerosos juegos de correlación, la Tabletas de Color y las Campanas, para nombrar solo unos cuantos desarrollan sus capacidades perceptivas, su discernimiento visual y auditivo, y su capacidad para comparar y clasificar; poderes todos ellos que son necesarios para el lenguaje escrito. Además su control muscular está siendo perfeccionado todavía más en preparación para los movimientos implicados en el hecho de escribir y de sostener un lápiz.

El desarrollo del lenguaje corre paralelo con estas otras actividades. Se les lee a los niños a menudo una amplia variedad de libros sobre las vidas de otras personas, otros lugares, la vida alrededor de ellos, y particularmente sobre el mundo de la naturaleza. Se hace hincapié en ampliar el horizonte del niño en el mundo real.

El desarrollo del lenguaje también es estimulado en el aula mediante una completa libertad de conversación. El lenguaje se convierte en parte integral de la vida del grupo, y hay un continuo estímulo para la autoexpresión y la comunicación, de niño a niño, y de niño a adulto. No es necesario apartar periodos artificiales para la comunicación como en las aulas tradicionales.

El vocabulario es enriquecido de varias formas, se juegan toda clase de juegos, como los de correlación de tarjetas que enriquecen el vocabulario.
El desarrollo de los grandes músculos, importante base para las actividades mentales, también es estimulado mediante el diseño de las actividades en el salón, como por ejemplo con el acarreo del material: cada varilla roja es llevada por separado, lo cual involucra diez viajes diferentes entre el tapete y el anaquel, y otros diez viajes separados para devolver las varillas. Las propias varillas son sostenidas por los extremos; en parte para que el niño sienta la diferencia entre corto y largo, más corto y el más corto, etc., y también porque la varilla más larga mide un metro de principio a fin; un saludable estirón para un niño de tres años.

Hay además otras actividades ideadas por la doctora Montessori para ayudar al niño en su desarrollo motor, como el ejercicio de Caminar Sobre la Línea y el Juego del Silencio.

Después de que estas cuatro áreas: los ejercicios de la Vida Diaria, los Materiales Sensoriales, el Desarrollo del Lenguaje y el Desarrollo Motor han estado contribuyendo durante algún tiempo a la preparación del niño para explorar el lenguaje, la maestra comienza a introducir actividades más directamente relacionadas con el lenguaje escrito, más específicas para el desarrollo de la lecto-escritura, como son el ayudarle al niño a conocer sonidos específicos, en preparación para una introducción del símbolo correspondiente a ese sonido, y las letras de papel de lija, con las que el niño podrá “tocar” el sonido -al trazar las letras con su dedo índice, el niño construye una memoria muscular de la forma de la letra que algún día escribirá.

Un Alfabeto Movible con letras de cartón es utilizado para ayudar al niño a hacer su propio lenguaje visible, uniendo símbolos y sonidos, con lo que se estimula al niño a expresar sus pensamientos.

También se presentan al niño las Figuras Metálicas Insertables, diseñadas para contribuir al desarrollo de las capacidades mecánicas para escribir. Con este material el niño traza formas geométricas con lápices de colores.

El niño Montessori, entonces, no aprende a leer en los libros, sino a través de un largo proceso de preparación indirecta. Cuando toma un libro para leer, ya sabe cómo hacerlo.

Educación Montessori

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