Niños buenos, crianza natural

¿Qué es ser bueno? Que no lloren cuando no queremos, que no jueguen cuando vemos una película, que se coman lo que les ponemos en la mesa sin haberles siquiera preguntado qué les apetecía comer a ellos, que duerman cuando nosotros decidimos, que se vistan lo que nosotros elegimos, que jueguen cuando nosotros creemos que deben, que griten… no gritar no, que siempre acaten nuestras peticiones, que no rompan ese juguete porque costó caro aunque ellos sólo deseen ver qué hay dentro para seguir aprendiendo… Que duerman dónde nosotros creemos deben hacerlo, a la hora que decidimos, con el pijama y el abrigo en la cama que nos parece ¿No ves la dictadura adulta que se ejerce sobre el niño?
A veces veo tanta similitud entre las mascotas y los niños[1]. Cuando una mascota no hace lo que queremos les llevan a un centro de adiestramiento, para que les enseñen a comportarse en el mundo de los humanos, sin respetar que es un animal no humano y su instinto es distinto al nuestro, igual que su mundo y su forma de verlo y comportarse en él. Les obligamos a asumir nuestra conducta y normas en contra de su naturaleza. A asumir el mundo del humano.

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Para los humanos existen los centros “educativos”. ¿Cuántos padres dejan en el comedor a sus hijos para que aprendan a comer? ¿Cuántos les llevan a la guardería para que aprendan a socializarse? El ser humano requiere de vivir en sociedad, naturalmente todos aprendemos sin necesidad de que nos enseñen artificialmente, va en el instinto, todos sistemáticamente acabamos buscando al resto de la manada. ¿Cómo nos socializábamos cuando la escuela no era pública? Se hace cuando se está preparado para ello, no cuando ni siquiera sabemos hablar… Lo que se inculca es un adiestramiento para esta forma y normativa social sin duda deshumanizada, y para que los padres trabajen, no porque el niño necesite ir a una “guardería” para adquirir habilidades sociales. ¿Cuántos aprovechan los horarios escolares para convertir en un centro de adiestramiento casi militar sus casas? Casi el mismo régimen que mantienen sus padres con los horarios laborales. ¿Eres feliz con esa ausencia de tiempo familiar? No pretendas que lo sea tu hijo. La conciliación brilla por su ausencia en la vida de todos y todas. Y criticamos culturas antiguas cuando arrancaban a los niños de los brazos de sus madres para incorporarlos a un sistema de adiestramiento de protección del estado o nación, carne de trinchera prescindible para todos los gobiernos o gobernantes. Hoy también los arrancan de nuestros brazos para sumir la defensa de una sociedad que todos sabemos que es injusta, y de forma precoz. No se educa en la libertad del espíritu humano, en la búsqueda de la equidad y justicia como bienes máximos de la civilización, no se educa en la generosidad más allá de individualismo y el interés propio o de la comunidad a la que se pertenezca de forma constructiva y convivencial con otras. Se buscan rendimientos académicos y no humanos, como en las fábricas, se valora la producción por encima de bienestar emocional del trabajador, se buscan los eruditos que mantengan el orden social establecido, que mantengan una ciencia que funciona para el sistema, una economía que reme para la orilla que ya reina, un pensamiento que mantenga lo ya establecido, un reinado impuesto con fuerza y no conciencia, lógicamente que en las aulas se reproduce la violencia, viven conducidos a base de violencia ¿no es violento que cercenen tus necesidades emocionales y psicológicas? ¡Que te separen precozmente de tus padres? ¿Que te enfrentes a un aula llena de niños llorando aterrados, que no saben estar sin sus figuras de apego? ¡Pero si es que no es normal, natural, ni sano!

Niños buenos, crianza natural

Olvidamos que nuestros hijos en apenas 3 años, que es lo que con suerte estarán sin ir al cole, deben de haber asumido todo un universo de conocimientos del medio que le rodea, haber aprendido a comunicarse incluso con extraños y adivinar lo que los extraños adultos quieren o esperan de él/ella. Y con felicidad asumimos dejarles en un aula con otros asustados 25 niños y un adulto (o dos) que no conocen de nada y que pasará horas con el/ella diciéndole cómo aprender y qué debe interesarle a partir de ahora. En base a esa ausencia de escucha de su yo interno, él/ella no se molestará en atender la de sus iguales en edad, e impondrá su deseo tal y como el adulto le ha inculcado, dará igual el llanto, el miedo, que tenga menor fuerza, igual que ha hecho el adulto, el/ella someterá al resto y obviará su dolor, su llanto.
El niño/a que maltrata a otro ha asumido la lección que le dieron sus padres: los niños buenos no lloran, y tú eres malo, estás llorando, debes aprender a soportar tu dolor sin llorar. ¡Soy mayor porque he aprendido a reprimir mi llanto! ¡Soy un niño bueno! ¡Tú eres el malo! Porque estás llorando…
No busques tener un niño/a bueno/a, busca un hijo feliz trabajando tu respeto a su propio carácter y el volverte totalmente permeable a su propia personalidad.
El estado nos conduce, nos dicta una serie de leyes, normas sociales, incluso cómo debemos querer o expresar ese amor, nosotros reproducimos en nuestro hogar los intereses de la norma social, sin cuestionar si eso nos hace infelices a nosotros mismos y por supuesto a nuestros hijos. Transmitir esa norma es condenar a la infelicidad a nuestros hijos. Si es cierto que hay que convivir, pero besar más no hace la convivencia peor, sino mucho mejor. Los besos y abrazos hacen a los fuertes, quienes maltratan tiene el alma dañada, están heridos y ocultan su debilidad con la violencia. Son quienes bordean el precipicio, solos, sin consuelo, aprendiendo a auto enjugarse las lágrimas, a lamerse en soledad las heridas, los que están en peligro, no los que están acunados por los abrazos, la comprensión, el respeto y consejo (no imposición) de sus seres queridos los que estarán siempre a salvo.

Niños buenos, crianza naturalLos niños buenos son los que asumen las normas del adulto, según el conjunto de la sociedad. Pero realmente, un niño bueno es el que es fiel a si mismo y a quienes ama, exactamente igual que debiera ser el buen adulto. Igual que el buen lobo es el fiel a su manada y a su instinto, no a una especie extraña a él, a una organización enemiga de él.
Mis hijos son buenos porque nunca me dicen cuando debo jugar, cuando debo tener hambre, no me obligan a dormir sola, no me dejan llorar sola, no me abandonan nunca, no me excluyen de sus actividades, no me ignoran nunca, cada día me besan, abrazan y miman, cada día me dicen que me quieren, no me obligan a dormir cuando ellos tienen sueño ni siquiera a despertar (si se me adelantan intentan no hacer ruido), ellos nunca eligen mis menús, no me obligan a comerme todo lo del plato a base de gritos e histeria, no me obligan a poner lavadoras ni a planchar, prefieren que esté con ellos y me divierta, pero respetan si lo hago e incluso colaboran, porque el hogar es de todos. Mis hijos son buenos, ¡mucho! ¿quién no querría a un adulto así a su lado? ¿No soy yo acaso la que debe aprender de ellos a ser buena y no ellos de mi? Tal ejercicio de respeto se ve en muy pocos adultos, y yo deseo aprender de ellos que son mi mejor ejemplo de bondad.

Niños buenos, crianza natural

En casa hay equipo, abrimos el frigorífico y entre todos decidimos el menú, ellos saben cuándo deben dejar de comer, igual que yo sé cuando no tengo más apetito. Ellos abren el armario y deciden qué ponerse, igual que yo hago lo mismo, ellos saben cuándo tienen sueño, y cuándo NECESITAN jugar, no juegan jamás en silencio porque cuando te diviertes te ríes, hablas, haces ruidos, el juego libera no reprime ¿qué haces tú cuando te estás divirtiendo, te pones una mordaza? ¿No subimos los adultos la voz, las risas?. Ellos no son adultos disminuidos, deja tu adultocentrismo de lado, ellos tienen mayor plenitud e inquietud emocionales, mayor conciencia de sus necesidades y emociones que nosotros, su instinto está muy presente, sólo están practicando su expresión y capacidad de comunicación.

Niños buenos, crianza natural
Un niño nace para cumplir sus propios sueños, no los nuestros. Del mismo modo no nacen para hacer lo que nosotros esperamos de ellos, si no para ser ellos mismos. Para el que juzga con los ojos de la imposición mis hijos no son buenos, igual que no es bueno un lobo fuera de un zoo, o un león, ven una amenaza en ellos, pero la amenaza no son mis hijos. Son los carceleros quienes amenazan a mis hijos que son los verdaderos buenos humanos, pero no sus buenos…“ciudadanos”.

Mayka Martín

  1. Para mi las mascotas son familia, no mascotas
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