EL PRINCIPE DE LOS ENREDOSComo siempre hacemos os comentamos nuestra opinión de una reciente lectura: El príncipe de los enredos, de Roberto Aliaga y Roger Olmos, de ED. Edelvives.
No, no os la recomendamos ¿porqué? Porque es una historia muy triste, conductivista, y sin lado positivo.
El príncipe de los enredos tiene unos dibujos hermosos, está premiado con el premio Lazarillo 2008 al mejor albúm ilustrado, eso nos ha encantado, pero es una historia tremendamente triste, que no da lugar a una vía positiva en caso de error, cuando nos equivocamos. El mensaje es que no puedes cuestionar la realidad que te toca vivir, el lugar que te asignan o en el que naces. Si bien es cierto que en el caso de la historia los protagonistas (un tronco, las raíces, las hojas…) no pueden tener otro cometido en sus vidas, y que su respeto al orden les mantiene vivos, si un niño asume ese mensaje entiende que si le dicen que debe ser esto o aquello debe acatar para no acabar con la existencia del todo.
La historia relata como un cuervo, muy manipulador y mentiroso (no nos gusta que siempre se asigne como malo a los cuervos, es injusto y erróneo), manipula a las hojas y las raíces de un tronco, el cual, cuando el cuervo le pregunta quien mandaba en el lugar había contestado que nadie mandaba, que todos eran vida. Acto seguido el cuervo le demuestra que o “se manda o se obedece” según parece ser no hay términos medios en el mundo para el cuervo. Así que mediante inculcar sentimientos de envidia, recelos y tergiversando la realidad hace que hojas y raíces dejen de ser lo que son para querer ser como el tronco, acabando con la muerte de todo el árbol y erigiéndose como rey del árbol seco el cuervo mentiroso.
He cambiado el final, en nuestra historia cada uno acaba valorándose, ayudándose y haciendo ver al cuervo que una vida en comunidad, apoyo y respeto la vida florece, que todos somos imprescindibles e importantes, eso hace crecer todo un bosque, donde el mismo cuervo encuentra una familia y se vuelve protector del bosque, su hogar, sin reyes ni súbditos.
Así que no compréis el cuento si no queréis cambiarle la historia como hemos hecho nosotros.

Mayka Martín

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