nestle anuncioSoy una mala madre, lo confieso. Yo no obligo a mis hijos a comer, no les doy suplementos tampoco, no les doy vitaminas, ni cuento las patatas que se han dejado en el plato, no me he planteado en ningún momento pedir análisis siquiera. Que mis hijos no coman lo que les he puesto en la mesa no me quita el sueño, porque sé, que a la hora pedirán de comer, o recuperarán en otro momento, cuando tengan apetito. Porque, como seres humanos que son, igualitos que yo, hay veces que tienen más o menos apetito, igual que yo, así que, igual que yo no tengo hambre o menos apetito un día, ellos pueden también no tenerlo, así que les respeto. Es algo que les ocurre a todos los humanos adultos, es lógico que les ocurra a sus crías ¿no?
Soy mala madre, que le vamos a hacer…no les meto prisa, no hacemos carreras comiendo. Sé que la mayoría de las mamis quieren que sus hijos se coman todo y encima sean rápidos, es como si hubiera una carrera a la hora de comer, cenar o desayunar, en casa somos muy vagos, y podemos tardar mucho, porque hablamos, porque bromeamos, porque comer ni es una carrera ni un trauma, no hay gritos, ni caras de sargento, no hay amenazas…¡que pereza! ¡que indigestión! Comer como si de instrucción militar se tratase, y como soy una mala madre y huyo de andar dando órdenes, delego y dejo que mis hijos decidan qué velocidad tener cuando comen.
Tampoco mido la cantidad de leche que toman, no les obligo a tomar cantidades como si de un medicamento se tratase. Comer es un placer, y les enseño a alimentarse no engullir, a disfrutar de los sabores y colores, las texturas, porque ellos tienen que tocar…es normal que a veces se resistan a coger un cubierto. Les enseño a apreciar el valor de la tierra y sus frutos, a valorar cada alimento, les cuento qué les aportan, para qué es importante ese alimento y como es lógico no todos les gustan, igual que me pasa a mi. No quiero ni pensar que me obligaran a beberme un vaso de leche…me moriría, de hecho vomito sólo con olerla, así que entiendo que a ellos haya otras cosas que les produzca exactamente el mismo rechazo, y les respeto y sustituyo por otro alimento que tenga el mismo aporte alimenticio y que les guste.
Soy una mala madre porque no hay toques de queda en casa para comer, no hay horas fijas para ello, quizá porque mis hijos aun están libres de la intrusión en sus vidas de los horarios que se han impuesto en los hogares para compaginarlos con los laborales de los padres. Es decir, si comemos a determinadas horas no es porque tengamos un reloj en nuestros estómagos que empiece a sonar reclamando su alimento, es que nos acostumbran desde pequeños a esas horas para que mamá y papá cumplan con los horarios de sus trabajos, así que, como los hijos no nacen “domesticados” y son tan libres que comen cuando su cuerpo se lo pide y en la cantidad que lo necesitan es normal que protesten y no tengan hambre cuando nosotros necesitamos que tengan hambre, así que soy tan vaga que pregunto cuando les apetece comer, así no pierdo el tiempo. Como los niños aprenden de los adultos las costumbres, lógicamente tienen unos horarios similares a los de su madre que ha crecido con la imposición general, pero tampoco es que sea de hora fija la verdad, trabajar en casa me da posibilidad para ese capricho.
Dicen que las buenas madres obligan a comer, lloran si sus hijos no comen lo que les ponen en el plato, madres que pierden el sueño, que se desesperan, yo soy muy mala madre porque procuro que la comida no sea un trauma, ni para ellos, ni para mi. Porque si a mi me traumatizaran en un restaurante me amenazaran, te aseguro que no vuelvo, ni volvería a probar bocado en ese lugar, así que en casa comer es una fiesta, algo consensuado. Igual que le preguntamos a papá si le apetece comer esto o aquello, o a un invitado ¿porqué no preguntárselo a mis propios hijos? ¿Son acaso menos?
Así que cuando toca pasta, les pregunto cómo la quieren y si prefieren macarrones o espaguetis o lacitos o…Cuando toca huevo ofrezco distintas recetas con huevo, cuando toca legumbre….y así con todo. Si es que soy mala, lo sé, ni siquiera les coacciono, no les ofrezco nada a cambio de que coman, las comidas de mis hijos no me quitan el sueño sinceramente. Es que yo creo que cuando se tiene hambre se come sin más, y si les soborno sólo conseguiré que crean que comiendo hacen feliz a mamá, o infeliz, y ese es un camino que en la pubertad puede llevarles a los trastornos de la alimentación, y la verdad que son caminos que me dan terror, así que prefiero dejar que coman hasta donde quieran y a la velocidad que quieran, ningún niño deja de ingerir alimentos totalmente, ninguno salvo que tengan una enfermedad, y en ese caso se debe acudir al médico.
Si, soy una mala madre, estoy comprometida con facilitar a mis hijos una alimentación saludable, pero no como pollos de granja, sin mirar la calidad de los mismos, comiendo por comer, sino como seres humanos, sin necesidad de engorde X, ni velocidad X, ni con prisas o records en su crecimiento, comparando con ansiedad a mis hijos con los de otras mamis, no les quiero mandar a ningún matadero, no quiero ganar con ellos la medalla a la mejor madre, porque sólo deseo ser la mejor para mis hijos, no necesito el aplauso de nadie más.
Con la comida no se juega dicen, pero más bien deberían haber dicho que con la salud física y mental no se hace ni juego ni negocio y a quienes cuidamos ambas, nos llaman, malas madres.

Mayka Martín

PDT: un besazo a los malos PAPÁS que sé que hay muchos 

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