dejar llorar al niñoNos han hecho pensar que debemos aprender a auto consolarnos, que hay que educar en la desatención al llanto como único modo de hacer fuertes a nuestros hijos, que atender los lloros es consentir, malcriar, hacer débiles a nuestras crías, pero dejar llorar es una conducta totalmente dañina y sin duda moderna, que rompe algo más que la armonía familiar, al margen de dañar la psicología del niño.
Hasta hace poco, las madres llevaban siempre consigo a sus hijos, no se les ha dejado llorar a lo largo de la historia porque al ir con sus madres no solían hacerlo, porque hasta la industrialización, el alejarnos de los núcleos rurales, y el biberón…un niño era amamantado a demanda y era cargado por su madre, así que apenas lloraba. Todas estas costumbres y en resumen, forma de crianza mamífera o natural, han ido desapareciendo o quedando reducida a unos meses con suerte, a menudo los que permita el trabajo a la madre. No hablo del padre porque evidentemente no amamanta, pero si que puede acunar y cargar al bebé, y debe hacerlo porque el pequeño lo necesita (al igual que el padre), pero él posee aun menos tiempo para dedicar a la familia ya que sus permisos familiares son prácticamente nulos, a lo largo de la historia se ha visto privado de disfrutar de sus crías para servir al sistema en vigor, para ello le han reprimido sus sentimientos y hemos creído que ellos no precisaban tanto como nosotras del calor de la paternidad en el corazón. Incluso que el niño no lo necesitaba en la medida que realmente lo necesita. Los permisos del padre normalmente deben ser compartidos con la madre, es decir, el niño finalmente tiene los mismos meses de calor pa/maternal a tiempo completo le atienda uno, otro o los dos.

Estrés tóxico
Según el Centro para el Desarrollo Infantil de la Universidad de Harvard que ha desarrollado una amplia investigación sobre la biología del estrés, el desarrollo saludable puede ser desbaratado por la activación excesiva o prolongada de los sistemas de respuesta al estrés en el cuerpo (especialmente el cerebro), algo que sin duda acarreará una serie de efectos perjudiciales en el aprendizaje, el comportamiento y la salud que estarán presentes durante toda la vida.

Cuando nos vemos amenazados, nuestro cuerpo aumenta nuestro ritmo cardíaco, presión arterial y las hormonas del estrés, como el cortisol.
Cuando el sistema del niño da respuesta a una situación de estrés, es decir se activa lo detallado anteriormente, almacena estos efectos fisiológicos, y vuelve a los valores basales previos una vez ha superado la situación. Como fruto, se estarán desarrollando mecanismos físicos y psicológicos de respuesta al estrés.

¿Y qué pasa con los niños a los que no se les atiende el llanto?
Si la respuesta al estrés es extrema y de larga duración, y las relaciones que sirven para confortar no están presentes para ese niño, el resultado puede ser un daño, que debilita los sistemas y la arquitectura del cerebro, con repercusiones para toda la vida.

Estrés positivo, tolerable y tóxico
Tener que responder a un estrés positivo es normal y esencial en el desarrollo del niño sano, y se caracteriza por un aumento breve en la frecuencia cardiaca y elevaciones leves en los niveles hormonales. Este tipo de estrés se sufre cuando nos caemos aprendiendo andar, cuando nos vacunan, cuando acabamos de despertar y no vemos a nuestro padre/madre y lloramos para llamarle…
La respuesta al estrés tolerable activa los sistemas de alerta del cuerpo en un mayor grado como resultado de una situación más seria y de mayor duración de desconsuelo, como es el perder a alguien querido, o una lesión grave. Si la activación es por tiempo limitado y se es protegido adecuadamente por el entorno humano próximo del niño, el cerebro y otros órganos van a recuperarse naturalmente de lo que podría tener efectos perjudiciales.
La respuesta al estrés tóxico supone que el niño se enfrenta a situaciones de adversidad fuertes, frecuentes y/o prolongadas, esto es abusos físicos o emocionales, negligencia crónica, abuso de sustancias cuidador o una enfermedad mental sin tratar, la exposición a la violencia/maltrato, e incluso las dificultades económicas de la familia que a veces sufre el menor indirectamente. La activación prolongada de este tipo supone para los sistemas de respuesta al estrés un efecto negativo en el desarrollo de la arquitectura del cerebro y otros sistemas de órganos, y aumentar el riesgo de enfermedades relacionadas con el estrés y el deterioro cognitivo, hasta bien entrada la edad adulta.

Os dejo un video que lo resume y hace muy sencillo de entender:

En un hogar seguro y estable, si un niño llora de unos 20 a 30 minutos porque sus padres quieren que se duerma solo, esto provocará una respuesta de estrés tóxico. Si esto se prolonga a lo largo del tiempo estaremos haciendo mucho daño a nuestro hijo. Cuando los factores de estrés son graves y de larga duración y sus cuidadores (padres) no responden o son inconsistentes, hay que establecer como prioridad el niño con el fin de protegerle contra los efectos perjudiciales de dicha situación. Debemos alertar a esos padres de los efectos de su dejadez, y porqué no decirlo: del maltrato que están ejerciendo sobre su hijo.
Hablamos de cambiar el mundo, que hay mucha violencia, que somos egoístas, agresivos. De no entender que todo esto germina en la infancia, incluso antes de nacer, jamás cambiaremos nada. No son los partidos, las ideologías, los gobiernos, la economía, es la crianza la llave para hacer un mundo más o menos humano, promover la crianza natural, el respeto a los niños, es impulsar un cambio real en el que la próxima generación será la protagonista cuando esté guiando y educando a sus propios hijos, afianzando el respeto que sembraron en ellos sus padres anteriormente.

Mayka Martín

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