castigosHay quien aun encuentra justificable el castigo, me gusta poner ejemplos cercanos al adulto, para que, a nuestra torre forjada con el paso de los años, nos llegue algo de luz mediante la simplificación, mediante ejercitar la empatía con el niño.
¿Quién no hace algo mal, o se equivoca?
En el trabajo remunerado, o el que no lo es, podemos cometer un sin fin de errores, tener olvidos, y eso que muchas veces son tareas que llevamos años y años haciendo, aun así, olvidamos poner el agua en la cafetera, podemos olvidar las llaves del coche dentro, podemos olvidar que teníamos tendida la ropa, olvidamos que tenemos cita con el médico, ¿cuántas veces no nos olvidamos de quitar el despertador el fin de semana y nos levantamos para enfrentar un día de trabajo más? Olvidamos fichar en la oficina, olvidamos que hemos cambiado el turno, olvidamos cerrar el pedido al almacén en el ordenador, olvidamos…Nadie nos castiga, nadie nos quita algo que nos guste mucho, nadie no encierra en una habitación, o nos castiga sin poder movernos, nadie nos grita acusadoramente (ni está permitido, es un derecho del trabajador), nadie nos castiga sin ir a tomar un café con nuestro/a amigo/a, nadie nos prohíbe ir al cine o ver la peli que tanto queríamos ver…Pero a los niños, hay quienes los castigan, haciendo de nuevo a un niño una persona con menos derechos que un adulto. Sin derecho si quiera a olvidar, o no entender lo que les pedimos, imaginad la presión…
¿La lección? Es que la edad da derechos tiranos, no sabios o comprensivos. Derechos que se imponen mediante procesos dolorosos, y que la violencia es legítima si deseamos imponer nuestra razón.
La violencia no es siempre la que se ejerce con dolor físico, está el psicológico que daña aun más, la herida interna a menudo nos acompaña toda la vida. Sentirte no escuchado duele mucho ¿verdad?
Si bien, nosotros como adultos, cometemos errores por despiste –normalmente-, ellos muchas veces se despistan porque su apetito por conocer va más allá de nuestro “orden”. También es que aun no se han familiarizado con lo que se pide de ellos, o no hemos sabido explicarles de una forma sencilla, clara, y que ellos comprendan, qué ha de hacer o cómo se hace. Finalmente, es nuestro el error, no de ellos. ¡Es muy injusto culparle a ellos! Ellos nunca quieren enfadarnos, o hacerlo mal adrede, ellos están deseando agradarnos, y si en algún momento nos parece que no, sería bueno que examinaras que tiempo dedicas a tu hijo y si sólo te centras en él cuando comete errores, ignorando sus avances. Si te centras más en la comida o tu trabajo en el ordenador que en ellos…Sus llamadas de atención nunca son caprichosas, o maliciosas, tenlo siempre presente. También que cada niño requiere un tiempo, igual que hay adultos que necesitan más abrazos que otros, o más estar con los amigos que otros.
Me he dado cuenta, de que a veces debo explicar 30 veces una misma cosa para que finalmente la hagan, y no es porque quieran no hacer caso de lo que les pido. Por ejemplo, tomar algo del frigorífico y dejarlo fuera, les expliqué que el alimento si se queda mucho tiempo fuera del frigorífico se estropea y ya no podemos comerlo, nos dolería la tripa al margen de saber y oler mal. Finalmente, tras unos 15 días explicándolo, lo han comprendido, pero es algo complicado para ellos recordar todo eso, no es que no quisieran hacerme caso. También la niña lo entendió a la 1º y el niño fue el que tardó más. Es sencillo, no es que uno sea más listo que otro, es que el niño es mucho más inquieto, siempre anda investigando aquí y allí, siempre descubre algo nuevo por conocer, por examinar, su mente está en muchas cosas, y es por eso que tardó más. Como ves, nada que ver con lo que la mayoría hubiera dicho: “que es menos inteligente que su hermana”, para nada. Así que si te comparan a tu hijo con otro niño porque el otro sepa hacer algo que se le pide antes que el tuyo, y dan por más listo al otro, porque “ha obedecido”, ten en cuenta que están en un grave error. A menudo se confunde la obediencia con la bondad o inteligencia, y no tiene nada que ver. Los grandes inventos de la historia han sido paridos por rebeldes que iban en contra de todos, que se saltaron todas las normas y dogmas, recordad cuando creían que la tierra no era ovalada… Lo importante no es ganar competiciones, es que tu hijo siga manteniendo la sorpresa, el apetito, el deseo de aprender, no el de ganar a alguien, el de la obediencia como capacidad intelectual o de destreza, que es lo que inculcamos los adultos, porque es lo que nos enseñaron a su vez a nosotros.
Tuve paciencia, comprensión hacia tantos mensajes nuevos que voy dándoles a diario. Ellos me están enseñando a mi realmente, no yo a ellos.
Ellos exploran y amplían horizontes cada día, no es sólo una cosa lo que les he dicho ese día, tal vez hayan sido 20 cosas más, y a todas han atendido menos a esa, y yo veo sólo la desatendida sin valorar las muchas que si han atendido, cosa de los adultos…Ellos, en cambio, siempre dan importancia a las cosas buenas que viven, y perdonan todo lo que no les gustó enseguida, fíjate. Ello significa, que con los años, perdemos la capacidad de abrazar lo positivo para sólo ver lo negativo de la vida. Perdemos la capacidad de ser felices.
Es necesaria mucha paciencia, porque nosotros somos los que estamos mal educados, no ellos. Hay que aprender a valorar el conjunto del día, de su mundo, su visión, su conocimiento del medio, y que día a día deben ir adaptándose a muchas cosas nuevas y requiere mucho esfuerzo, imaginad un cuerpo que crece, una mente que no quiere ni necesita fronteras, y un apetito adorable por conocer, descubrir y alcanzar mucho más hora a hora.
Así que, si le has explicado algo y al día siguiente actúa como si no le hubieras dicho nada, no es porque no te escuche, es que tal vez, ya había tomado nota de demasiadas cosas en ese día. Un día, ten paciencia, tomará nota de eso que le dices, sin es verdaderamente necesario, y si le queda tiempo en su jornada “laboral”. El trabajo más importante del mundo, lo tienen ellos, están forjando la nueva humanidad, recuérdalo. Intenta que sea más libre, y respetuosa, por favor.

Mayka Martín

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