El parto no sólo da a luz una nueva vida, el parto es un momento crucial en la vida de la mujer, momento en el que, sabiendo gestionarlo, podemos renacer y curar heridas, o no…Es un círculo que se cierra, que nos fortalece…
En el parto podemos renacer o sufrir una marca de por vida, física o psicológica. Siempre nos hablan de la maravilla de dar vida, y si, es maravilloso, para mi lo más importante de mi vida, nada puede comparársele, pero no podemos negar la violencia que muchas sufrimos en ese momento tan delicado, en el que estamos expuestas y pendientes de que la vida de nuestro hijo siga adelante más que de nosotras mismas. El parto no es de color de rosa, es rojo como la sangre, no es idílico es la lucha por la vida, y no solemos ir preparadas al mismo. Vamos como pacientes y no como guerreras, como lobas…desconocemos nuestros derechos, al margen de haber sufrido una amputación total de nuestro instinto mamífero para el momento en el que somos simplemente el animal que somos, sin más. Hay toda una serie de burocracias que para nada respetan nuestros tiempos y necesidades específicas al margen de las dotaciones, carencias o requerimientos del personal médico.
Alejadas como estamos de nuestra naturaleza, tuteladas y custodiadas, con familias rotas, inexistentes o limitadas tan sólo a la pareja, el blindaje social estructural de la familia grande, la que aun podría verse en las zonas más rurales, o en culturas aun sin contaminar, no existe (1). El parto no debe ser humanizado, debe ser mamífero, negar nuestra naturaleza e instinto es un maltrato que sufre la mujer, sufre el niño y por extensión debería sentirlo también el padre, pues es su familia la que no está siendo respetada. Están maltratando a tu familia.

“Para cambiar el mundo, es preciso cambiar la forma de nacer”. Michel Odent

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El parto, es un acto natural, no es una patología

Debido a la medicalización, la mecanización que sufre este proceso biológico femenino natural, muchas mujeres tienen traumas de sus partos. La plaga de cesáreas, que es una operación y que conlleva todos los riesgos que supone una intervención quirúrgica. Cesáreas INNE cesáreas que dañan no sólo el útero, también ese lado femenino que precisa de un parto para re conectar, cerrar el círculo de su naturaleza, traumas que arrastran cada vez más mujeres, están destruyendo el primer lazo de conexión emocional que el niño establece con sus padres, con su comunidad.
Las mujeres sentimos que secuestran nuestro instinto y capacidad natural de parir, ya no somos protagonistas donde lo fuimos desde hace milenios: el parto, aportar una nueva vida a la comunidad.
Desde el fin de la segunda Guerra Mundial, el acto por medio del cual venimos todos al mundo, ha sido paulatinamente secuestrado por la tecnomedicina, por la industria de la medicina, y si bien es necesaria su intervención en algunos casos, nada justifica este secuestro por sistema de un acto que, por naturaleza, toda mujer puede enfrentar y salir victoriosa. Recalco que en la gran mayoría de los casos, obviamente hay casos en los que la medicina salva la vida de ambos.

La violencia obstétrica la llevan a cabo profesionales de la salud (hombres y mujeres) sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres. El trato deshumanizado hacia la mujer embarazada, una tutela y conducción de los procesos naturales del parto, la patologización de las señales instintivas, que convierten a la mujer en una especie de muñeco que va de aquí para allá, sin voz ni voluntad, y a la que obligan a desconectar de las señales ancestrales que, desde que existe su especie, ha construido la naturaleza de su cuerpo para asegurar la continuidad y su supervivencia.

Argentina y Venezuela, cuenta con leyes que sancionan a quienes incurren en este tipo de violencia sobre la mujer, y añadiría el niño (aunque es a la totalidad de la comunidad humana). Pero la protección al parto y a la mujer no es algo que esté en las agendas. Y son pocos los hombres que son conscientes de que esto no es cosa sólo de mujeres.

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“La preeminencia del hospital como el espacio apto para el proceso obstétrico, nos obliga a escudriñar los intereses sublimados por el poder de la ciencia, que llevan a crear una conciencia colectiva que acepta como natural y normal que niños y niñas nazcan en un lugar de enfermedad” (2009: 149) Camacaro Cuevas

¿Qué hacer?
En el parto, es la mujer la que debe decidir cómo y dónde, es un acto íntimo, y a menudo se convierte en un circo de entrada libre que nos debilita y hace vulnerables.
Hay que recuperar la seguridad en nuestro instinto y naturaleza, ser dueñas de nuestro propio cuerpo en un momento en el que es imprescindible saber que podemos hacerlo, que nuestra naturaleza es poder hacerlo. Interésate por tus derechos más que por la canastilla del bebé, tu pareja también, si tú no puedes en un momento dado, él sabrá defenderte si es necesario, es algo que os afecta a ambos. Ir preparados los dos es básico, haz que tu pareja sea tu mejor aliado, no le excluyas, lo que más ama está en juego.
Tienes derecho a que te informen en cada momento de lo que están haciendo, qué alternativas hay, consecuencias..etc ¿Sabes que España tiene una incidencia de un 82,3 por ciento en la tasa de mujeres que sufren una episotomia mientras la OMS estima que ha de situarse en un 20%? Esta práctica aumenta la hemorragia, el dolor postparto y complica las relaciones sexuales. Dicen que es para evitar desgarros pero…los desgarros que se producen de forma natural cicatrizan mejor porque sólo afectan a la piel, en cambio la episiotomía atraviesa también músculos.

“Un 80 por ciento de los partos no necesitan que se les cure, sino que se les cuide” Mª Ángeles Rodríguez Rozalén, presidenta de la Asociación Española de Matronas

Siempre deben tratarte con respeto, tampoco permitas que te traten como a una enferma, no estás enferma, estás pariendo, el parto es parte de tu ciclo vital. Deben respetar tu intimidad, pues el parto es una faceta más de tu sexualidad.
Deben evitar las prácticas invasivas y el suministrarte medicación que no estén justificadas por tu estado de salud o de tu hijo.
Deben informarte en cada momento de la evolución de tu parto, de cómo está tu hijo/a.
No tienes que ser sometida a ningún examen o intervención con el objeto de investigar sin tu previo consentimiento y por escrito.
Tienes derecho a estar acompañada por tu pareja o la persona de tu elección, en el trabajo de parto, parto y postparto. Y siempre podrás tener a tu hijo/a al lado siempre que no requiera cuidados especiales.

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“Existen suficientes estadísticas que señalan que el parto vaginal puede ocurrir sin exponer a la mujer o al feto a mayores riesgos de los normales, en circunstancias aparentemente desfavorables.
Por supuesto que para ello se necesita que el médico ginecobstetra posea tres virtudes indispensables: ciencia, conciencia y paciencia.
La falta u omisión de una de ellas se presta para que el acto médico tenga visos antiéticos, o lo sea francamente.
Por eso conviene reflexionar sobre la responsabilidad ética que cabe a las escuelas de Medicina formadoras de especialistas en ginecobstetricia.
Educar al aspirante en la escuela facilista, es decir, la cesarista, haciendo abstracción de la totalidad de conocimientos, recursos y habilidades que debe poseer un obstetra de verdad, es una farsa, un engaño.
Con mucha frecuencia se apela a la cesárea para esquivar el compromiso profesional que representa la operatoria vaginal cuando se trata de un caso fuera de lo común.
No hay duda de que el «especialista» (así, entre comillas) trata de ocultar su incapacidad técnica con la espectacularidad que acompaña al acto quirúrgico abdominal…”
(Botero, Hubizhazbún & Henao – Manual de Obstetricia y Ginecología)

Así pues, es tarea de todos, hombres y mujeres, luchar por un parto respetado, exigirlo y blindarlo.

“La violencia ejercida en cada nacimiento sigue sembrando la violencia en el mundo” del documental “Callate y Pujá”

1. Me refiero a que antaño, en el momento del parto, que era siempre en casa, a la mujer que paría le rodeaban mujeres experimentadas de la comunidad (Doulas) y a veces eran miembros de la propia familia que ya habían sido madres. En la mía eran abuelas, tatarabuelas, tías, las que estaban presentes y asistían. No es algo de mi familia, era lo normal en las zonas rurales hasta mediados del siglo pasado, tras el fin de la IIGM, y que continuó algunos años más pero en menor medida y que aun existe en culturas sin contaminar por el occidentalismo.

El acompañmiento en el parto por parte del hombre depende de la mujer. Hay mujeres a las que les incomoda que esté el hombre y otras que le desean cerca, yo prefiero no tenerle cerca en ese momento. Sé que hay hombres que se sienten molestos con esta afirmación, pero muchas mujeres preferimos a una mujer cerca que sepa lo que está sintiendo, porque es algo no sólo físico, también es espiritual y querría, como ha sido siempre, a las mujeres de mi tribu, mi comunidad, mi familia, cerca.

Mayka Martín

+Información sobre la condena y denuncia de la Violencia Obstétrica AQUI

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