Cuando creces se deben mantener vivos muchos recuerdos en torno a la infancia, así suele ser. El olor de mamá, su voz cercana cuando rozas el sueño, su incondicionalidad, lo bien que se está durmiendo en su cama, la seguridad, la serenidad…
Cuando creces se deben mantener vivos muchos recuerdos también en torno a papá, su fuerza y seguridad cuando te lanza por los aires, esas cosquillas en la tripa cuando te hace la voltereta, sus caras imposibles para que te rías, ese abrazo que te acompaña hasta tu cama cuando te dormiste en el sofá y que te arropa con la misma ternura que mamá, esa sensación de que papá es nuestro héroe, es esa fortaleza que todo lo puede y que te cuida no sólo a ti, también a mamá…
Cuando creces debes hacerlo con recuerdos positivos equilibrados de tu infancia, que tengas más o menos juguetes, poco o nada nos acaba importando ¿verdad? ¿Que te dibuja una sonrisa, un juguete, o tus padres jugando contigo?

Podemos olvidar cosas, pero nunca personas. Apresamos todos los recuerdos gratos de nuestra infancia, los besos, los abrazos, los te quieros, es lo que nos hace fuertes cuando en la edad adulta nos hacen daño o nos pretenden hacer vivir en un infierno, es el salvavidas, la infancia es un salvavidas. Igualmente son dardos las ausencias, los noes, los gritos, el miedo, la violencia…Y si no les hemos dado un buen salvavidas podemos haberles arruinado la vida.
Que pesen siempre más los besos, los abrazos y jamás le falte tu presencia y atención.

Mayka Martín

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