Te encuentras a una mamá “amiga” que va con su pareja e hijo. Su hijo tiene la edad que los míos, algo más de 4 años, y como a veces pasa, empieza a presumir de hijo como el que tiene un trofeo o posesión a la que pasear por el mundo…
-Mi hijo ya sabe leer, y escribe su nombre y algunas palabras ¿y los tuyos?
-¿Los míos? Bueno, Erica y Joan D., saben jugar, juegan muy bien porque se rien mucho y nunca se aburren.
Se queda perpleja,  se ríe, y espeta…
-¡Eso lo saben hacer todos los niños mujer! Bueno es normal que tus hijos no sepan estas cosas, como no van al colegio. Eres cada día más hippie, y no pasa nada siempre que no perjudiques a tus hijos como lo estás haciendo.
-No cielo. Mira tu hijo.
Se gira, está su hijo agarrado a las piernas de su padre escondiéndose de mis hijos, mirando hacia arriba para buscar el gesto de su padre y la defensa.
¿Ves?, tu hijo se aísla, y en cuanto mis hijos se le acercan para jugar, se esconde entre las piernas de su padre. Eso denota una falta de habilidades sociales, algo que se desarrolla dentro de la familia, de la seguridad emocional que dan unos lazos fuertes dentro del hogar. Busca al adulto porque tiene miedo, es inseguro, busca la aprobación con la mirada del adulto, como si fuera un “minus” humano, algo normal cuando lo crías calificando y valorándole por sus capacidades de aprendizaje, de conocimientos, olvidando las necesidades emocionales que se sacian con la familia y el juego. El juego, la familia evita todo eso, pero no nos han enseñado a calificar nuestra capacidad de reír, divertirnos, de amar a nuestros seres queridos, nos han enseñado a sumar, restar, leer, escribir y no a saborear lo que ello nos pueda hacer sentir si tenemos con quien compartir, más bien es algo con lo que poder competir…Como si tener más logros, mejores notas, nos hicieran más persona. La educación actual es razón sin corazón, y eso les acaba debilitando emocionalmente, no haciéndoles más fuertes. Para jugar sólo tendrá tiempo ahora, y dentro de 20 años, nuestros hijos, el tuyo y los míos, sabrán leer, escribir, sabrán prácticamente lo mismo, pero el tuyo se habrá olvidado de jugar, de divertirse, porque cuando debía hacerlo, no le han dejado, y niños sólo somos unos pocos años…
Como ves “amiga”, finalmente son mis hijos los que le llevan delantera al tuyo, aunque sinceramente, no me importa, me importa, me preocupa, que tu hijo se esté perdiendo su infancia, que es suya, NO TUYA.
Y me marcho junto a mis pequeños sabiendo que jamás volverá a dirigirme la palabra pero esperando que a partir de hoy deje jugar algo más a su pequeño.

Mayka Martín

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