Escucho demasiadas veces que un hijo/a es un problema ¿qué problema? Problema es no llegar a fin de mes, que te cambien el turno y hayas hecho planes importantes desde hace meses, que te tengan que operar ¿Pero mirando a tu hijo de verdad ves un problema? Si es así, quien tiene el problema no es el niño, es el adulto que así lo ve.
Las malas conductas del adulto siempre se excusan, los adultos mandan ¿no? pero a un niño se le exige ser impecable en las suyas aunque vayan en contra de su naturaleza ¿Es nuestro hijo o un animal al que se pretende adiestrar?

“Muchas veces el problema no es la conducta del niño o niña, sino la desinformación sobre desarrollo infantil que tienen los adultos a cargo, y que los lleva a tener expectativas poco realistas e interpretaciones poco acertadas de las conductas de los niños.
Criar con respeto implica empaparnos de conocimiento sobre el desarrollo infantil. Criar con respeto implica comprender, respetar y acompañar los ritmos de desarrollo de cada niño y niña.” Mariana Gomes

Y es que la crianza “tradicional” no es crianza, es un proceso de desnaturalización del niño/a, una imposición tras otra del orden social en el que le haya tocado nacer. La “crianza tradicional” desnaturaliza al ser humano, restándole inevitablemente humanidad, personalidad y capacidad emotiva.
Los niños/as nacen en un mundo hostil a ellos/as, rodeados de adultos que han sufrido infancias en las que no se ha respetado sus necesidades, sus tiempos, donde no se les ha escuchado y demasiadas veces se les ha mandado callar, estarse quieto e incluso reprimir emociones.
Los niños y niñas son algo molesto en cada vez más lugares, y son aceptados si se comporta como un adulto, si no…es un niño que “se porta mal”, es “malo”, es un problema, y te miran hasta con pena. A los niños y niñas se les exige que se comporten de forma contraria a su naturaleza, perjudicando por lo tanto su desarrollo.

“Para poder desarrollar un sistema de balance fuerte, los niños necesitan mover sus cuerpos en todas direcciones y durante varias horas.” Angela Hanscom

Ya hay carteles en los que se indica que un niño no es bienvenido, hoteles donde no aceptan a menores ¿Hacia dónde vamos?
A veces me parece que es quizá cierta envidia del adulto, ver la libertad de un niño, su inocencia, su forma de simplificar la vida hasta llegar a la felicidad y el disfrute, algo de lo que sin duda los adultos somos incapaces de lograr. Pueden ser felices simplemente corriendo alrededor de un sofá, o como hicieron mis hijos ayer en una cafetería: colarse por turnos por un hueco que había en la parte del reposabrazos de las sillas ¡menudas carcajadas! Los adultos…miraban, molestos ¿por qué molesta que los niños rían, griten, disfruten? Si no invaden sus espacios ¿qué les importa oír la risa de un niño? Parecemos amargados ciertamente.
En estos días hay cientos de adultos como locos comprando, de aquí para allá, gastando dinero pretenden hacer felices a sus familiares, muchas de esas compras son destinadas a algún niño/a, con lo sencillo que es hacerles felices sin gastar un céntimo. Estoy segura de que si en vez de andar como robots de tienda en tienda buscando regalos, estuvieran con ellos tirándose por un tobogán o en al alfombra de casa, paseando por el campo, en la nieve…seguro que los pequeños considerarían que ese era el regalo perfecto y no lo cambiarían por ningún otro. Cuando empiezan a querer cambiarnos por una tablet o videoconsola es cuando van haciendo años ¿sabes porqué? Porque año tras año le hemos ido haciendo asimilar el mensaje de que el amor lo suple un regalo material, que tus ausencias las aliviaban los objetos, que lo que de verdad debía desear era el último juguete de la última serie de dibujos o serie juvenil, y no tu presencia. Que la TV es su fiel compañera ya que ha pasado más horas junto a él/ella que tú. Y hay adultos que dicen que los niños son egoístas, que no paran de pedir cosas…Ningún niño o niña nace deseando cosas, eso es algo que le enseñamos los adultos.

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Cada día estoy más convencida de que los niños y niñas se portan tan bien (es decir como un niño), que somos los adultos los que debemos aprender a portarnos bien re aprendiendo a ser como los niños para conseguir ser verdaderos humanos adultos. Aprender a expresarnos y no a reprimirnos, a decir lo que sentimos y no a mentir a posar, a cumplir normas sociales que han sustentado formas de vida llenas de prejuicios e injusticias. Debemos permitirnos ser nosotros mismos en cada momento, como son los niños y las niñas.
¿Cuántos adultos tienen problemas para mostrar sus emociones? Si desde pequeños se enseña a estar sentados, quietos, callados, sumisos, a no llorar, a buscar mil fórmulas para reprimir el llanto sea cual sea el motivo…hasta hay quien obliga a besar ¡qué abuso! Y luego vienen los miedos, las inseguridades, los complejos, porque no nos han hecho sentir apreciados, amados, libres en la infancia, cuando crecemos buscamos la aprobación, el aplauso, el encajar donde estemos, a cumplir las normas, a ser lo que esperan aunque nos haga daño, aunque vaya en contra de nuestra naturaleza. El respeto al niño y a la niña es básico para que el día de mañana sean ellos mismos, tengan personalidad propia, y no centren su felicidad en obtener cosas o que sus fallos con respecto a otras personas pueden solventarse con un objeto.

Así que, pensando en garantizar su bienestar futuro, su felicidad, no busques ganarte la aprobación de otros adultos del entorno familiar cercano o que te cruces por el mundo. Ellos siguen los ejemplos, que no te vean a ti negarte, someterte, callar ante la injusticia, consentir que te griten, que te falten al respeto, que te menosprecien, que no te escuche hablar mal de ti mismo/a (soy tonta, estoy gorda, no hago nada bien…), quiérete para que ellos aprendan, con tu ejemplo a que deben quererse y exigir que le respeten, no te quedes sólo en las palabras cuando eduques. Y exige el derecho ser un niño/a de tu hijo/a y a quien no le guste será su problema nunca el de tu hijo/a.

“El agua de los ríos siempre fluye si no encuentra impedimentos. La relación entre el adulto y el niño también puede ser así. Nunca en un rio podemos poner dos veces la mano en la misma agua, tampoco los momentos con los niños se repiten dos veces. Estamos preparados para disfrutar del próximo encuentro con nuestros hijos?” Marta Graugés Rovira

Mayka Martín

Mariana Gomes, Psicoanalista
Angela Hanscom, terapeuta ocupacional pediátrica y fundadora de TimberNook
Marta Graugés Rovira, Maestra y psicomotricista

 

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