Dos mil puntos de contacto

Desde patear y estirarse a ser mecido hasta quedarse dormidos por la rítmica cadencia del corazón de mamá, los pequeñines pasan los primeros meses de su existencia envueltos en un cálido, oscuro, gentil balanceante capullo, un abrazo que da vida, el abrazo definitivo, preparándose para su gran entrada en el mundo.

Entonces. en esos primeros momentos de vida más allá de la matriz, cuando los apagados sonidos del exterior se vuelven claros y las luces opacas se hacen deslumbradoramente claras, un cálido pecho con el olor de la leche que da vida y el dulce sonido de un latido familiar, le dan la bienvenida al pequeñín a la comodidad y seguridad de los brazos maternos.

En los días, semanas y meses que siguen, los deditos de manos y pies son contados y besados una y otra vez. Las suaves mejillas y la cabecita es acariciada, y dos mil besos al día le parecen una cantidad razonable para un corazón materno, desbordante de ternura hacia ese nuevo pequeño miembro de la familia.

Entonces llega el rodar y el sentarse, el gatear y el andar, y pronto los dos mil besos se reducen a unos breves cariñitos matinales antes de que el bebe salga a explorar el mundo, besos curativos y bubús, y arrumacos de buenas noches junto a un libro para la noche.

El tiempo pasa y el pequeñín crece en independencia, levantándose y vistiéndose por sí mismo, tomando sus curitas para los arañazos, y leyendo por sí mismos antes de dormir. Se acabaron los tiempos de los abrazos y los arrumacos infantiles y los dos mil besos al día son simplemente dulces memorias.

Creciendo en independencia, sin embargo, no significa que aumente la separación. Los humanos fueron creados para ser seres sociables. Podemos crecer más allá de nuestra dependencia, pero nunca más allá de la necesidad de comunidad, interacción, aprecio, tranquilidad y apoyo.

Infantes, niños y adultos por igual comparten esa necesidad vital de conexión. Mientras a lo largo del tiempo esa necesidad será cubierta también a través de las amistades, los compromisos comerciales, las interacciones sociales, y cosas así, las relaciones familiares son la firme y segura base pétrea de la conexión segura y la pertenencia que nos ancla y asegura que nuestras necesidades tendrán respuesta incluso en el más oscuro de los tiempos.

La cercana familiaridad es a menudo confundida simplemente acerca de dar el pecho, cargar al niño, dormir junto a él, etc. Pero, mientas esas son elecciones posibles para crear y mantener una conexión padre hijo segura durante los primeros años, son tan sólo una pequeña muestra de las elecciones a la hora construir una relación que los padres pueden hacer a lo largo de la vida de sus hijos.

A medida que los pequeños crecen la etapa de los “dos mil besos al día”, los padres pueden comenzar a crear conscientemente “dos mil puntos de conexión al día” para remplazar esas tiernas expresiones de amor con expresiones apropiadas a su edad de aprecio y aprobación, amor y apoyo.

Desde responder empáticamente a las quejas de un preescolar, a prestar atención a un niño de siete años cuando cuenta sus historias inacabables, a escuchar “entre líneas” la angustia de un adolescente, mantener una conexión padre/hijo segura más allá de la infancia consiste simplemente en cubrir necesidades emocionales, intencional y relacionalmente.

Crear dos mil puntos de conexión al día no es acerca de un tiempo bien empleado, ni siquiera es acerca de la cantidad de tiempo empleada con nuestros hijos. En lugar de ello, consiste en estar ahí en los pequeños momentos, los momentos que cuentan para nuestros hijos, y llegar conscientemente hasta el mismo punto en que ellos están. Es sobre…

-Simplemente sonreír y dejar que nuestros ojos se iluminen cuando nuestros hijos entran en la habitación
-Mantener contacto visual cuando nuestros hijos nos hablan en lugar de dejar que nuestros ojos se desvíen continuamente de vuelta a nuestro laptop/iPhone
-Mostrar nuestro sincero aprecio por su última “obra maestra”, victoria o realización
-Expresar nuestro afecto físicamente de cualquier manera que nuestros hijos se sientan confortables, ya sea jugar a “peleas” o un abrazo
-Dar a nuestros hijos nuestra atención completa, de corazón, cuando comparten su último tesoro o cantan una inacabable canción que improvisan a medida que cantan o simplemente quieren sentarse y estar con nosotros un rato
-Escuchar lo que nuestros hijos necesitan decir sin la amenaza de repercusiones
-Adivinar lo que no son capaces de expresar verbalmente
-Darles la bienvenida a nuestros hijos en nuestras vidas cotidianas, no importa si estamos discutiendo política o cocinando
-Permitir a nuestros hijos expresar sus opiniones, incluso cuando no son bonitas
-Validando su cólera, dolor, frustración, o embarazo en lugar de minimizándolo o dejando a un lado sus sentimientos
-Ayudándoles a procesar esas emociones escuchando y reflexionando acerca de lo que escuchamos
-Guiándoles hacia la comprensión de sus propios sentimientos y equipándolos empáticamente con mecanismos de comprensión para el futuro
-Compartiendo nuestros propios dolores, desilusiones y errores en términos apropiados para su edad de forma que comprendan que está bien ser humano
-Honrando a la intensa necesidad de nuestro hijo de evitar momentos embarazosos ofreciendo consejos en privado y de forma respetuosa, incluso si su conducta es pública y poco respetuosa
-Compartiendo sus intereses incluso si el ciclo vital del caracol no sea nuestro tema favorito de conversación a la hora de cenar
-Ofrecer elecciones de forma que puedan crecer en independencia y confianza
-Se amable, bueno y completamente honesto acerca de nuestra propia desilusión o dolor cuando su conducta afecta negativamente de forma que sepan que puedan confiar que seremos leales, incluso en los malos momentos
-Ayudándoles dónde y cuándo expresen su necesidad de ayuda de forma que sepan que nunca tendrán que ir por la vida solos

Estos puntos de conexión son acerca de mantener y enriquecer una relación padre/hijo sólida a través de todas las edades y etapas de la infancia de forma que, a través de una fundación de confianza y respeto, ser padre sea guiar en vez de castigar, estimular el crecimiento natural en lugar de forzar la independencia, y crear una familia fuerte, estrecha, conectada que soporte la prueba del paso del tiempo.

L.R.Knost

Traducido por Crianza con Apego Natural

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