A los adultos a veces nos dan ataques de risa. Si, esas veces que te empiezas a reír de una chorrada y, a partir de ahí, cualquier palabra que diga el otro te causa unas carcajadas, que llegan incluso a hacerte llorar. Esos ataques de risa son incontrolables e imparables.
Mis hijos se ríen mucho, eso es bueno, y muchas veces tienen ataques de risa. Reconozco que les da en cualquier sitio, sin atender a normas, sin mirar si lo que les rodea aprueba el ataque de risa en ese momento exacto. Alguna vez nos hemos visto rodeados de miradas llenas de censura…¿Pero quienes pueden controlar el expresar su felicidad? ¿Es bueno?
El mundo adulto es ciertamente un mundo de amargados que han perdido el sentido del humor natural, así que cuando hay un ataque de risa pueden mirarte con grado de censura superlativo, pero cuando se ríen los adultos todo está bien, aunque es muy raro ver reír a los adultos. Empiezo a creer que es envidia, pura y dura, porque cuando vamos siendo mayores los ataques de risa apenas existen, de hecho es cada vez más difícil que te hagan reír o que te nazca el reír. Aumentan, eso si, los gritos, peleas, el hablar mal de otros, el envidiar, el corregir, el juzgar…Así que debe ser por eso que no gusta, que parece que molestan las risas de los niños ¿puede eso ser cierto? Y entonces siempre hay alguien que cuchichea…”menuda educación tienen esos niños”, y es cuando a mi me entra la risa también, y eso que soy adulta ¡mi edad lo certifica!

Es de mala educación reírte del dolor ajeno, ridiculizando a otro, pero no sabía yo que reírte en el resto de ocasiones fuera de mala educación.
Hay quienes, ante la censura o reprobación del entorno, invita a sus hijos a guardar las formas y acomodarse al modo de actuación de los adultos. Ya sabemos lo que pide esta sociedad a los padres: hay que hacer que encaje el niño en el molde adulto, aunque para ello haya ello se recurra a cortarle las alas (para que entren bien), o anularles su propia personalidad e incluso la  capacidad de ser feliz. Yo creo que no hay que hacerlo, que lo que hay que hacer es unirse a las risas de tus hijos ¡a ver si te mandan a ti dejar de reírte o callarte! Hay que hacer fuerza, grupo, hay que hacer, que lo normal sea oír risas, risas de niños y niñas, de padres y madres, de abuelos y abuelas, de seres humanos felices. Hay que escuchar más risas y menos sentencias, más risas y menos silencios, más risas y menos inquisidores.
Dedicado a quienes no soportan vernos reír donde nos da la gana

Mayka Martín

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