¿Te has hecho esta pregunta? Si la respuesta es afirmativa te comunico que la virginidad no se pierde, se deja en el camino porque hay que dejarla, es algo que se supera, algo a superar, no preservar… Lo que se pierde, según el diccionario, se hace por descuido ocasionando un daño, desmejorando o desluciendo, un largo listado de connotaciones negativas ¿en serio pensamos que somos menos perfectas cuando no somos vírgenes? Y todas esas connotaciones negativas, todos esos corsés, todos esos tabúes, todas esas moralidades exógenas, este judeocristianismo, toda la represión que hay en torno al sexo, es más que evidente cuando nosotras somos la madre y hemos dejado de ser sólo la hija…

También que la vida sexual de otra persona, aunque sea tu hijo o hija, no la decides tú. Tú no pones las fechas, las horas, ni quienes deben participar de ella.

¿Nos hemos liberado? ¿Somos dueñas de nuestros cuerpos? ¿Sigue nuestra sexualidad condicionada? Podrás contestarte si, cuando eres madre de otra mujer, empiezas a cuestionar o condicionar la sexualidad de tu hija Ahí te verás realmente, desde las entrañas…

Nuestra hija emprenderá su vida sexual cuando su cuerpo se lo pida, no somos nosotras quienes deberemos decidir cuándo, ni mucho menos con quién, ni la frecuencia ¿Recuerdas tu juventud? ¿Te gustaba que te dijeran si ese era el chico adecuado o que te vigilaran si te besabas de más? Eso no ha cambiado, que se metan en tus sentimientos siempre molestará. Si quieres tener a tu hija como enemiga, métete en sus relaciones.

Nuestra hija podrá empezar con su actividad sexual de forma temprana o tardía, nadie deberá juzgarlo, pero si que es nuestro deber, que tenga información como para que, ni tenga un embarazo no deseado, ni se exponga a tener cualquier enfermedad de transmisión sexual.

Es evidente que deberemos contarle que hay quienes juegan con los sentimientos, hombres y mujeres lo hacemos, que si tiene sexo, que lo desee de verdad, y que no espere príncipes o princesas, que elija a una persona sincera y que la respete. Que sea una decisión propia, no influenciada o condicionada por el entorno, buscando cumplir con lo que “hacen todos” o alguna persona concreta.

Se tiene una relación por deseo, también por sentimientos, pero no siempre van unidos.

Que la relación no siempre funciona, y que si no lo hace, no se obligue, ni sienta presión para aguantar cosas que no debe porque haya tenido relaciones sexuales, porque a veces las mujeres nos “enganchamos” del o la menos indicada y es un error.

Que quien bien te quiere no te hace llorar, te hace soñar, desear, volar…

Su cuerpo es su templo, ella es la única diosa de ese panteón, nadie más que ella, ni siquiera mamá o papá, tienen derecho a mandar sobre él. Si le mostramos, con nuestra actitud, que quien te quiere puede entrometerse en cualquier cosa, restarte privacidad, dejamos la puerta abierta a que quien ella sienta, o le diga que la quiere, le permita hacer eso mismo, y esas son actitudes que conducen a relaciones de maltrato.

Es duro cuando tu hija deja de ser tu niña y ves a la mujer, es difícil no preocuparse en exceso, pero hay que trabajarlo. No podemos ir con un discurso de mujer liberada cuando nos echamos las manos a la cabeza si nuestra hija con 13 años empieza su vida sexual, ni preocuparnos si con 20 aun no ha empezado, es su sexualidad, ciertos controles o juicios es un claro síntoma de que realmente no hemos asimilado bien que los hijos no son propiedades del PaMadre, que el sexo es algo natural, que es una parte del ser humano, enamorado o no, acompañado o no, heterosexual o no…

No hables de chicas adolescentes delante de ella juzgándolas: mira como visten, cada vez son más alocadas, parecen…Pero no lo hagas ni cuando tiene 5 años, ni cuando tiene 15, tienen memoria…estaría bien no hacerlo jamás, ni delante, ni en la ausencia de tus hijos. Trabájalo…

Los MaPadres debemos intervenir cuando vemos síntomas de maltrato, si vemos triste a nuestro hijo o hija, si vemos excesiva dependencia por parte de nuestro hijo o de la pareja, si su salud peligra de algún modo, mientras tanto estaremos a su lado, acompañaremos, escucharemos, aconsejaremos cuando se nos pida consejo y respetaremos su privacidad, sus silencios y su negativa a contarnos intimidades si no lo quiere. Todos los adultos no hablamos alegremente de nuestra sexualidad, que tu hijo/a no quiera contarte nada, no significa que no confíe en ti, o que exista un problema, o una mala relación MaPadre/hij@, puede ser que sea de los/as que no les gusta hablar de ello, y debemos respetarlo.

La tarea del respeto es más dura en la adolescencia, mucho más, pero será más sencilla si tenemos una buena base, esos pilares que fortifiquen nuestra relación con los hijos se construyen con una infancia respetada, acompañada. Si cuando son bebés no interferimos cuando exploran, cuando experimentan, cuando son adolescentes tampoco debemos hacerlo, e igual que cuando bebés no dejaremos que se beba una botella de lejía, no debemos dejar que por ejemplo, no tenga una buena información sobre el sexo, las drogas, el alcohol o sus derechos en la escuela.

Cuando hablemos de contracepción hablaremos con los hijos y las hijas del mismo modo, no demos determinados discursos a ellas y a ellos no, los embarazos, y las enfermedades, son cosa de ambos, desterremos ciertas posturas. Construyamos conciencia, eduquemos humanos responsables.

No andes juzgando a otras mujeres por su actividad sexual, ella se sentirá juzgada, sentirá presión a la hora de contar contigo si tiene un problema. Y ya está bien de llamar puta alegremente, porque quienes verdaderamente hacen daño son las malas personas, no las prostitutas o las personas que tienen mucho sexo, la verdad es una buena actividad sexual es síntoma de salud, física y mental.

Que los chicos no son más machos si coleccionan relaciones, ni ellas más liberadas si imitan esa conducta. Las personas no se usan, se disfruta y se comparte con ellas.

Yo he temido a la sexualidad en la adolescencia de mis hijos, y me esforcé en darles la mejor y mayor información posible, me esforcé en establecer un buen flujo de comunicación, y puedo decir que, ya que uno tiene 21 y otra 23, hemos pasado lo más complicado, sobre todo para ellos, porque es una edad muy difícil para ellos. Han tenido criterio y lo viven con naturalidad, y yo me alegro mucho porque son felices y porque no han tenido que vivir con un dedo señalándote el largo de la falda, lo profundo del escote, y los chicos con los que se te relacionaban o lo raro que era no verte con ninguno. Y con toda esa libertad, no han empezado tempranamente, como algunos temerán, seguro, ante mi afirmación de que no hay que meterse en sus vidas sexuales, y es que hay quienes creen, que sin control sus hijos se lanzaran al sexo desenfrenado, es necesaria la información, no el control… Interiorizar una serie de razonamientos frente a los peligros, es lo que les alejará de lo que les haga daño, lo que destruye lo hace desde dentro, nunca desde fuera. Si mis mayores hubieran empezado tempranamente no cambiaría que ellos fueron los que decidieron cuando y con quien, y no yo, y es algo que me alegra profundamente, porque no quiero que jamás nadie les obligue a nada sexualmente.

No repitamos errores, pueden fracturar la relación MaPadre/hij@.

Mayka Martín

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