Ayer comimos en un restaurante con zona de juegos infantil, es la primera vez que vamos a uno de estos, en un centro comercial. Lo normal, se quitan zapatos y ¡a jugar! Al rato viene mi nena y me pregunta:

– ¿Mamá, por qué todos gritan tanto?

La verdad es que jamás me había percatado de ello. Así que me paro a observar la escena, con la mirada de mi hija, y empiezo a ver de verdad.

Unos 30 niños y niñas corriendo desesperados como si hubieran sufrido un encierro, como si estuvieran demasiado tiempo contenidos. Es como una criatura que por fin ha sido liberada. Así que gritan, saltan como posesos, ansiosos, el grado de excitación es muy alto, de hecho apenas se inter-relacionan, chocan entre si, casi no se miran. Mi hija tiene razón, gritan mucho, tanto que no se escuchan los unos a los otros, no hablan entre ellos.

Entonces miro a mi hija y le digo:

– Bueno cariño, supongo que han pasado demasiado tiempo teniendo que estar sentados quietos, que estaban deseando, necesitando, poder correr, jugar, moverse, gritar. A vosotros los niños os hace mucha falta estar libres, que vuestro cuerpo se mueva libre, y hay papás que no lo saben, y les dan poco tiempo para jugar en libertad sin saberlo.

La verdad es que nos pasamos el tiempo conteniendo a los niños, sus necesidades de movimiento y juego, y no somos conscientes del grado de estrés que pueden acumular, es lógico que tengan rabietas, que “desobedezcan” (algo positivo por cierto, que no obedezcan a nadie), que griten, es normal porque cuando yo era pequeña, o lo era mi madre, o mi bisabuela, los niños tenían mucha más libertad de Ser que hoy en día, antes los niños “daban menos problemas” porque se les dejaba mayor libertad para ser lo que eran, niños, pero hoy se les exige ser “adultos pequeños”, o muñecos con un botón de on/off que podamos usar según necesidades de los adultos. La sociedad actual es hostil a la infancia, a veces, enemiga.

La verdad es que no me había dado cuenta de que mis hijos no estaban desesperados por moverse, ni gritaban, para ellos era una continuidad, una prolongación de su libertad, que intento sea constante, aunque a veces no sea posible, como cuando vas en coche y debes ponerte el cinturón y estar sentado quieto…La mirada de mi hija, me hizo ser capaz de ver algo tan evidente.

Ella volvió la vista hacia los niños, los observó un rato y le llama la atención una niña con un año más que ella, calculo.

– Mami, esa niña (la señala) tiene un bolso de Elsa (Frozen) ¿puedo hablar con ella para ver si quiere jugar conmigo?

– Claro hija, tu habla con quien quieras, no me preguntes, hazlo, y a ver qué tal.

– Mami, es que como tiene ese bolso, seguro que como nos gusta a las dos Elsa, tendremos de qué hablar, y compartiremos cosas.

La verdad es que me asombró como con, apenas 5 años, sepa que es beneficioso buscar el nexo de unión, algo que compartir para entablar una relación con otra persona.

Le dije que si, que eso de saber que se comparte algo es una cosa que ayuda por supuesto.

Así que ella, se lanzó muy feliz a hablar con la niña. Mi hija siempre se presenta, tal como hacen los adultos:

– Hola, soy Eríka ¿Y tú cómo te llamas? Me gusta tu bolso, me encanta Frozen ¿A ti también verdad?…

Pero la niña le contestaba con sequedad, con un si, a regañadientes.

Mi hija la seguía por la zona de juegos e insistía, y la niña haciendo por ignorarla. Finalmente, mi nena vino a mi llorando desconsolada.

– ¿Cariño qué ha pasado? ¿Te ha dicho algo? ¿Qué pasa?

– Mamá, no quiere jugar conmigo, ni hablarme.

Me quedé un poco bloqueada porque me dolía mucho verla así, dolida, y rápidamente pensé en los recursos que tanto leo e intento aprender para gestionar bien ciertas situaciones:

– Bueno mi vida, si alguien te rechaza no es culpa tuya, tu eres maravillosa y perfecta, aunque alguna vez alguien no sepa verlo. Hay más niños y niñas, quizá otro sepa valorarte y merezca que desees ser su amiga. No te rindas, no siempre encontramos amigos a la primera, los mejores cuesta encontrarlos. Ella sonrió y volvió a jugar.

Al rato de estar a su aire, vino la niña del bolso de Frozen, y empezó a jugar con ella. No sé bien porqué primero no le hizo caso, y luego volvió. Pero bueno, lo importante es que al final, estaban jugando mis gemelos con esa nena, y me costó mucho poder marcharnos de lo bien que se lo estaban pasando. Prueba superada ¿no?

¿Vuestros hijos, que también son criados con respeto, como reaccionan ante estas cosas? ¿Es algo sólo mío o es general? ¿Os preguntan cosas así?

Mayka y Érika

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