Se dice en el Principito que “Todas las personas mayores fueron primero niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan”, es una triste realidad, pero ¿Por qué nos olvidamos de que una vez fuimos niños? ¿Por qué abandonamos la niñez en el camino del crecimiento del cuerpo?

Quizá es que los adultos que nos rodean, nos ofrecen como modelo su conducta, siempre correcta, en cambio la de los niños se toma por incorrecta, inmadura, y se toma la niñez como un proceso que hay que superar. ¿No se usa niñato como insulto? Inmaduro, infantil, aniñado. Conservar algo de la infancia, en la edad adulta, en el lenguaje de “los mayores”, es negativo, es como si no hubieras superado una enfermedad, una limitación, cuando en la infancia somos, o hemos sido, capaces de todo, conservan todo el poder del que es capaz de disfrutar un ser humano, ¿es negativo? ¿hay periodos más libres y creativos en la existencia de un ser humano?

Pero los adultos que rodean a la infancia, imponen sus normas, su forma de vivir, su ideal de vida -en muchos casos- para la existencia de sus hijos ¿Pero somos felices los adultos? ¿Tanto como para creer tener la capacidad de saber qué es lo mejor para nuestros hijos? La gran mayoría no hemos sabido gestionar adecuadamente nuestras vidas, llevamos piedras en nuestras mochilas, penas, errores grandes, pequeños y diminutos, pero nos creemos capaces de gestionarles a ellos las suyas ¿tenemos derecho? ¿Tenemos la sabiduría?

Los niños y niñas son tratados como propiedades, “mascotas” familiares, y cuando hablo de mascotas lo uso del modo en el que alguien que, no es animalista, ve a otro animal de una especie distinta a la suya, y de la que se cree dueño.

¡Ven aquí! ¡Siéntate! ¡Calláte! ¡Duérmete ya! ¡A tu cuarto! ¡Venga salta ya! ¡Dale un beso!

Si usamos, con otro adulto, las mismas frases que usamos con los niños y niñas, sin duda seríamos tachados de tiranos, egoístas, pero es que muchas veces, la forma que se tiene de hablar a la infancia es la misma que veo en un parque donde alguien está paseando a su mascota:

¡Ven aquí! ¡Siéntate! ¡No ladres! ¡Túmbate! ¡Ve por el palo! ¡Dame la pata! ¡Saluda!

Apenas hay variaciones, a eso me refiero cuando hablo de que el niño es tratado como una mascota, una mascota que si no hace la gracia que se le pide, es tachado de problemático, desobediente, o el padre/madre de malo, de permisivo, de hippy de irresponsable, de inmaduros…

jugar niños

Hay que recordar que se fue niño, para sentir lo que ellos sienten, para sentirNOS, para poder respetar plenamente su Yo y el nuestro, para no interferir y favorecer la herencia de las equivocaciones y limitaciones de los adultos. Para abandonar el traje de adulto, un traje demasiado ceñido, que nos aprisiona y esconde las alas, que nos cuenta y limita las sonrisas, que nos impide tirarnos al suelo para jugar, que nos ha robado el placer de llenarnos de barro hasta las orejas, de ir despeinadas y llenas de moratones de tantas barreras como hemos escalado, de tantas veces que nos hemos caído y levantado antes de llegar a la cima que deseábamos, de correr sin esperar una meta o un premio, sólo por el placer de sentir cómo cortamos el aire con el rostro mientras abrimos los brazos y soñamos que tocamos las nubes…, nos hemos olvidado de sacar la lengua cuando llueve y beber directamente del cielo. Mientras crecemos, a empujones, nos meten en un camino, en rediles, para que abandonemos la tierra de las libertades, esas que poseen tesoros infinitos, infinitos porque nuestra imaginación lo es, como la naturaleza lo es, para mantener sus vallados nos ofrecerán sus productos, para mantener a sus dioses nos harán pensar en dinero en vez del valor de los te quieros, los besos, los abrazos y el placer de saltar los charcos de barro con el traje nuevo o andar descalzos…

Mientras crecemos podemos olvidar muchas cosas, pero de repente, cuando eres MaPadre vuelves a tener delante de ti a un niño, entonces tu niño puja por hacerse presente, hay MaPadres que siguen conteniendo a su niño, impidiendo que juegue con su hijx, asumiendo la castración de su infancia e imponiéndole la misma a su propio hijx. Cuando contienes a tu niño, estás conteniendo al hijo, estás robándole el maravilloso tesoro de una infancia eterna, estás perpetuando el delito, el delito de millones de adultos que un día fueron víctimas y ahora son verdugos.

juego niños

Contempla a tu niño, acaricia su cara, dale permiso para Ser, dale miles de besos, tantos abrazos como le faltaron y que esta vez le sobren, deja que salte en la cama, en el sofá, que escale árboles y se rompa el traje nuevo, que coma helados y se manche la ropa, la cara, las manos y lo comparta con el perro ¡a lengüetazos!, recuerda el valor de ser niño, y que, a partir de ahora: infantil, inmaduro, niñato, aniñado, pequeño, se vuelvan medallas. Es bueno ser infantil, ser puro, vivir al 100% cada experiencia, la vida. Inmaduro es que aun no estás maduro, ¿maduro para qué? ¿Para que te arranquen del árbol? ¿Para que caigas y no te dejen levantarte? ¿Para cumplir dentro de la cadena de producción, de una sociedad cruel en la que no caben los niños y su pureza? Para ello jamás debemos estar maduros, lo único que debe madurar es nuestro manejo del cuerpo, de habilidades, pero sin perder la inocencia o capacidad de soñar ¿Hace cuanto que no persigues un sueño con la entrega de un niño?. Mejor ser unx niñatx que un adultocentrista que usa lo referente a la infancia para denostar a otros, no hay mayor muestra de incultura que la de rechazar una parte de uno mismo saludable. Mejor aniñados que adultizados, que no nos roben la infancia, ni cuando somos valiosamente pequeños, ni cuando hemos dejado de serlo.

El poder de la semilla debe habitar siempre en la planta, porque su empuje, su mirada es la que hizo que la vida estuviera presente.

Mayka Martín

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