Me alegra saber que detienen a quien maltrata a un menor, así tal vez, igual que hacen con el maltrato a la mujer o a los animales, se empieza a concienciar a la sociedad de que los menores tienen, y deben gozar, de los mismos derechos humanos que los adultos. Pero detenerte por unas horas y archivar la causa no es concienciar desde luego.

La agresora ha sido la madre, y cuando los medios informativos, en este caso TeleCinco la justifican con esta frase: “La madre estaba preocupada porque la hija llegó tarde a casa” es cuando ves que poca humanidad aplicamos a los niños. ¿Y si un hombre hubiera abofeteado a su mujer y ponen de titular: “El marido estaba preocupado porque la mujer llegó tarde a casa”?. Si tu pareja llega más tarde de lo que esperas ¿le abofeteas? Yo desde luego que no, podemos discutir, puedo pedir explicaciones si han sido tantas horas sin dar señales de vida, y en circunstancias en las que pudiera haberle pasado algo con el coche o en el trabajo, pero nunca le pegaría ¿Sabemos que dar una bofetada es pegar? Que es violencia…

Según cuentan en los medios, la madre tras ver que su hija no llegaba del colegio, salió a buscarla al centro, donde le dijeron las amigas de la menor que ya se había marchado. La mujer volvió a casa y cuando la niña apareció, dos horas más tarde, reaccionó dándole una bofetada.

Uno de los vecinos al ver la situación, denunció a la policía local la agresión y estos pusieron en marcha el protocolo de violencia doméstica. Cuando los agentes se personaron en el domicilio, la madre reconoció los hechos.

La mujer fue detenida y la niña trasladada a la Residencia de Cantabria para evaluar las lesiones. Los medios tratan este hecho en todo momento justificando a la agresora, como la niña no tenía heridas o lesiones, “no fue nada”. Si una persona abofetea a su hijo o hija por desaparecer dos horas no es una violencia puntual, hay algo de base.

La madre ha sido puesta en libertad y el juez archivó la causa al día siguiente, pasó el martes. ¿Somos conscientes que se puede agredir con total impunidad a un menor?

La niña se encuentra viviendo en casa de su tío materno de momento. ¿Seguirá el caso los Servicios Sociales?

Para fundamentar mi opinión os dejo un breve artículo de Alice Miller que viene “al pelo”, porque una bofeta no es amor, es todo lo contrario, y por eso uso la foto de la bofeta de Gilda, por una parte porque no me gustan las imágnes de niños sufriendo, y por otra, porque fue muy aclamada en su época y hoy,  por fortuna, se condena. ¿Lo haremos algún día para los niños?

Mayka Martín

No existe “la buena zurra”

¿Por qué las zurras, las bofetadas e incluso los golpes aparentemente anodinos, al igual que

las palmadas sobre las manos de un bebé son peligrosas?

1- Sólo le enseñan la violencia.

2- Destruyen la certeza sin falta de ser amado, como un bebé necesita.

3- Crean angustia: la angustia de la siguiente ruptura.

4- Llevan consigo la mentira: pretenden ser educativas, pero en realidad sirven a los padres

para descargar su cólera, y si pegan es porque a ellos les pegaron siendo niños.

5- Incitan a la cólera y al deseo de venganza que permanece reprimido y que saldrá más

tarde.

6- Programan al niño a la aceptación de argumentos ilógicos (te hago daño por tu bien) y los

inscriben en su cuerpo.

7- Destruyen la sensibilidad y la compasión hacia los otros y hacia uno mismo, limitando así

sus capacidades de conocimiento.

¿Qué aprende el bebé de las zurras y otros golpes?

1- Que el niño no merece respeto.

2- Que se puede aprender el bien por medio del castigo (lo que es falso, en realidad el

castigo enseña al niño solamente a querer castigar a su turno).

3- Que no hay que sentir el dolor, que hay que ignorarlo, lo cual es peligroso para nuestro

sistema inmunitario.

4- Que la violencia forma parte del amor (lección que incita a la perversión).

5- Que negar las emociones es saludable (sin tener en cuenta que será el cuerpo el que

pagará por este error, a menudo mucho más tarde).

6- Que uno no tiene derecho.. a defenderse hasta que sea adulto.

Es el cuerpo el que guarda la memoria de todas las marcas nocivas de las supuestas “buenas zurras”.

¿Cómo podemos liberarnos de la cólera reprimida?

Durante la infancia y la adolescencia:

1-Burlándonos de los más débiles.

2-Pegando a los compañeros

3-Humillando a las chicas

4-Agrediendo a los profesores.

5-Viviendo las emociones prohibidas delante de la T.V. o los video-juegos, identificándose

con los héroes violentos (los niños a quien nunca se les pegó, se interesan menos por las

películas crueles y no producirán escenas atroces, una vez adultos).

A la edad adulta:

1-Perpetuando uno mismo la zurra como medio educativo eficaz, sin darnos cuenta de que

en realidad estamos vengándonos de nuestro propio sufrimiento sobre la siguiente

generación.

2-Negándonos (o siendo incapaces) a comprender la relación entre la antigua violencia

sufrida y la que se repite activamente en la actualidad; entreteniendo así la ignorancia de

la sociedad.

3-Alistándonos en actividades que exigen violencia.

4-Dejándonos influir fácilmente por los discursos de hombres políticos que designan a

víctimas propiciatorias en quien pueden depositar la violencia acumulada y de la

que se pueden deshacer por fin sin ser castigados: razas “impuras”, etnias “que limpiar”,

minorías sociales despreciadas.

5-Como obedecimos a la violencia siendo niños, estamos dispuestos a obedecer a toda

clase de autoridad que nos recuerde la de nuestros padres, como los alemanes

obedecieron a Hitler, los rusos a Stalin y los serbios a Milosevic.

Inversamente, si tomamos conciencia de nuestros sentimientos reprimidos e intentamos comprender cómo se transmite la violencia de padres a hijos, cesaremos de pegar a los niños de cualquier edad. Es posible ( muchas personas lo han logrado ), una vez que hayamos comprendido que la única razón de dar golpes “educativos” se esconde en la historia reprimida de nuestros padres.

Alice Miller

Anuncios