Os dejo un aperitivo de mi última colaboración, esta vez para MiPsicomamá

Espero que os parezca interesante y os haga reflexionar.

Artículo:
¡Oh! que vestido tan bonito mami, y es para chicas un poco gordas ¿no? (La modelo es de tallas 44 a 48)
Si hija, como yo (tengo una 44/46)
¡Ah! pues es muy bonito, yo quiero estar un poco gorda también.

Justo mi pequeña, de cinco años me contestaba esto hoy, y me hacía pensar ¿“qué es lo que había hecho para que mi hija no rechazase cuerpos con algo más de peso” cuando a mi me ha costado más de 40 años?

Quizá deba empezar por el principio, mi principio, como todos, está en mi infancia. Una madre que te obliga a comer, que usa incluso la violencia física y verbal para ello, y una sociedad que la aplaude y justifica calificándola de buena madre porque hace lo que sea para que su hija coma. El “hacer lo que sea”, no siempre es ético, no es positivo y donde menos lo es, es en la crianza.

Así crecí con miedo a la hora de comer, casi no me gustaba nada de lo que me ponían, de hecho rechazaba ya todo alimento, no había nada que siempre comiese, nada, y cuanto más querían que comiera algo, más lo odiaba. Aprendí a esconder la comida, a echarles a mis hermanos parte del contenido de mi plato a escondidas, a tapar con la servilleta que había dejado más de lo que mi madre me iba a permitir.

Quizá no somos conscientes del peligro que supone obligar a comer, parece una tontería, pero no, es muy peligroso incluso. Luego entenderéis porqué digo esto, porque todas estas tretas que aprendí para engañar a mi madre, me sirvieron tristemente en la enfermedad.
Creces escuchando a tu madre decir que se pone a régimen, a tu prima que ya es mayor, el entorno femenino se pasa horas hablando de dietas para adelgazar, en la TV hablan y hablan de dietas.

Los modelos físicos femeninos que se pasean en la TV son modelos a veces excesivamente delgados, los anuncios de prensa escrita, las grandes vallas publicitarias, exhiben cuerpos con prácticamente las mismas medidas imposibles, sobre todo si has tenido hijos. Los niños tienden a imitar, no sólo a sus padres, también al resto de modelos adultos a los que son expuestos. No es sólo lo que vean o escuchen en casa, ellos como esponjitas absorben todo lo que sus ojos ven cuando paseamos por el centro de la ciudad, miran a otras mujeres (si es una chica) y a los hombres (en el caso de los chicos), es parte del comportamiento humano y animal, observar el entorno, adaptarte a él, asumir sus normas para sobrevivir, roles…

Lo más dañino es que el entorno, y el mensaje del hogar, se den la mano en lo no saludable, así se establecen las malas relaciones con la comida y con el aspecto físico. Curioso es que mis abuelas no tuvieran problemas con su peso, y ya mi madre y sus hermanas si, entiendo que la mayor culpa es pues del entorno, del mercado porque mis abuelas no estuvieron expuestas al bombardeo de la TV, prensa, carteles en cada esquina.

También ellas tenían otra forma de comer….Leer completo en LINK

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