Cuando se produce un periodo de crisis, ¿cuándo no lo estaremos?, siempre sufren las consecuencias quienes menos deberían, y son las personas con menos recursos o con ninguno. Los que gozan de posiciones económicas holgadas desde luego que no sufren, ahí están las estadísticas: los ricos son más ricos, y los pobres somos cada vez más y además más pobres…¿Y qué tiene esto que ver con la crianza? Pues que cuando hay crisis aumenta la precariedad laboral, y cuando aumenta, van poco a poco desapareciendo derechos laborales por arte de recorte o reforma, y claro, como para ponerse a pedir nada ¿verdad?

¿Quiénes somos las más perjudicadas en estos baches económicos? Las mujeres, sobre todo si hemos sido madres o vamos a serlo. Te cierran puertas, te dan avisos para que no se te ocurra embarazarte, te ponen pegas por faltar al faltar por motivos médicos, no te renuevan contrato…

La conciliación familiar y laboral es de lo que todos hablan cuando va a haber elecciones, lógico, nos afecta a todos los que tenemos familia y es una buena cantera de votos, pero que todos olvidan al tocar poder.

El Estudio «Empleo y maternidad: obstáculos y desafíos a la conciliación de la vida laboral y familiar», editado por Funcas ha dejado al descubierto lo que lleva sucediendo desde siempre. La publicación subraya que entre 2008 y 2014, el número de excedencias se redujo un 16,7%. Por sexos, el porcentaje de madres que hicieron uso de la excedencia bajó del 96,67% en 2005 al 94,01% en 2014, mientras que el de padres subió del 3,33% al 5,99%. ¿No sufren indirectamente los menores la crisis, junto con sus padres, y existe cierto miedo a pedir excedencias o la imposibilidad de vivir con una reducción del sueldo? Al final nosotras sacrificamos la plenitud de nuestra maternidad, y los menores sufren la precariedad en sus cuidados, con madres agotadas, con tiempos contados, y muy lejos de poder cumplir con las necesidades del bebé y de la misma madre.

Las cifras muestran una ligera mejora en la distribución de las cargas entre mujeres y hombres aunque siguen existiendo diferencias. En el caso de la reducción de la jornada laboral, de los 5,02 millones de ocupados con hijos a cargo, solo un 12,8% se acogió a este beneficio en 2010 (3,3% de los hombres frente al 22,5% de las mujeres).

La razón por la que las excedencias y las reducciones de jornada sean menores es que implican una reducción de los ingresos sin que se vean compensados por los subsidios, no porque realmente no exista una demanda social de bajas más largas y por supuesto una necesidad familiar.

La mayoría de nosotras, una vez que somos madres, optamos por trabajos o sectores en los que la conciliación es algo más viable, aunque nos suponga sacrificar la carrera, y nos pasamos al sector servicios u ocupaciones poco cualificadas que hacen posible tener más horas con nuestros hijos. Existen además más de 15 puntos porcentuales de diferencia en el acceso a la reducción de jornada y excedencia no remunerada entre mujeres de niveles educativos altos y bajos. Se da la circunstancia de que es más frecuente que las mujeres con niveles educativos más altos opten por hacer uso del permiso maternal durante más tiempo que las mujeres con niveles educativos inferiores, aunque esto no es cuestión quizá de formación, quizá sea cuestión de nivel económico y de la viabilidad de poder hacerlo dentro de la economía de su hogar.

Reino Unido destina el 4% de su PIB a partidas específicas para las familias, España, Grecia o Portugal no llegan al 1,5%.

En Finlandia las mujeres pueden tomar solo un tercio de las 48 semanas de permiso remunerado, facilitando así que los hombres tomen tiempo para cuidar de sus hijos. Suiza por su parte es un ejemplo de permisos altamente remunerados, pero orientados únicamente a las madres. Suecia y Alemania tienen 47 semanas de permiso remunerado y Australia y Estados Unidos ninguna.

Este estudio cita como ejemplo de políticas innovadoras, los permisos de paternidad obligatorios y no transferibles (es decir sólo para padres) que han introducido algunos países nórdicos con el fin de apoyar explícitamente una mayor paridad en la distribución de los tiempos de cuidado y que han disparado su efectividad. En España, Francia, Italia y Reino Unido son 15 días, en Portugal cinco y tres en Alemania, frente a las ocho semanas en Suecia, cinco en Noruega y hasta cinco meses en Islandia. ¿Eso si es implicar al padre sin restarle a la madre verdad?
Las políticas se dirigen siempre hacia la mejora de la economía, no de la familia, crear ayudas que mejoren la calidad de vida de madres, padres e hijos, independientemente de sus circunstancias sociolaborales, quizá si se mirara más a las personas y menos a los números, quizá entonces las leyes pasarían a proteger a los ciudadanos y no a los mercados.

Mayka Martín

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