Cuando les prohibimos algo, sobre todo algo que hacen los mayores, estamos haciéndolo aun más atractivo para el niño, les estamos empujando a hacerlo, a desearlo incluso.

Prohibir nunca es una buena opción, al margen de que no es para nada respetuoso hacerlo, es como dar por hecho que nuestros hijos no tienen derecho a opinar, les estamos realmente negando derechos, ellos tienen limitaciones frente a los adultos, es represión.

Es lógico no permitir que jueguen con algo tóxico, con una cuchilla de afeitar, o elementos de este tipo, pero cuando no existen esos peligros reales, debemos dialogar, y sin duda alguna, ofrecerle sanos ejemplos en nuestras propias conductas. No le pidamos al niño algo que nosotros mismos no llevemos a cabo.

Los niños y niñas empiezan a decir “palabrotas” porque primero se lo han escuchado a algún adulto, no se las inventan de repente, así que la responsabilidad de que un niño diga palabras mal sonantes siempre será de un adulto ¿También las aprenden de otros niños no? ¡Claro! Pero ese otro niño, a su vez, lo escuchó primero de un adulto.

Tenemos claro que los niños y niñas siempre intentan imitar a los adultos, juegan a las cocinitas, a ser tenderos, a conducir…¿Por qué no iban a imitar también el resto de cosas? El lenguaje se aprende a lo largo de la convivencia sobre todo los primeros años, ellos van sumando riqueza en el lenguaje poco a poco, escuchando a sus padres, su entorno, la TV (si la ven), las lecturas que les hagamos y las que puedan hacer ellos mismos más tarde, cuando sepan leer. Cuanta más riqueza en palabras rodee al niño, más rico será su vocabulario. Es lógico que, si un adulto, o en un medio de información, utiliza una palabra mal sonante la repita el niño más tarde o en ese momento, ellos no entienden su significado, es una palabra nueva más, ¡una que no había escuchado nunca! Y que suele haber sonado en boca del adulto de manera muy rotunda (así solemos lanzar ese tipo de palabras) ellos analizan mucho los tonos, la música con la que les hablamos, así que de ahí el imán que supone para un niño el usarlas. Son palabras que les suenan poderosas, prohibidas, son palabras de mayores…Incluso hay PaMadres que así las llaman: “Palabras de mayores”, intentando que sus hijos no las repitan. Decirles eso es lo peor que se puede hacer ¡Ellos quieren ser como los mayores! Y si tienen que crecer, y hacerse grandes como los mayores ¿Por qué no pueden ir hablando como ellos? ¡Acaban por no entender nada!

A menudo, los adultos, tenemos actitudes muy incoherentes con los niños, casi siempre la verdad, si no deseamos que nuestros hijos utilicen determinado lenguaje deberemos, en primer lugar, no usarlo nosotros nunca, sobre todo, delante de ellos. Tendrán el ejemplo saludable de sus padres, esto será muy valioso cuando, sin duda alguna, escuche esas palabras en la TV, en una conversación que escuchen de pasada entre adultos, etc ¿Por qué? Pues porque cuando el niño escuche por ejemplo un “hp” podremos decirle si la repite:

Eso es un insulto, es faltarle el respeto a quien se lo dices y a su mamá. Es algo muy feo que mamá y papá no dicen porque es de personas que no saben hablar bien y a los que les da igual hacer daño a la gente.

Debe tener la referencia de que sus padres no usan ese lenguaje, para ir aprendiendo a distinguir y reconocer, que todas las actitudes, de todos los adultos, no son las correctas.

¿Pero y si se te escapa a ti conduciendo un ¡cabrón!? Por poner un ejemplo…

Deberás bajarte de tu pedestal de adulto, como debería ser en todo momento cuando tratas con tus hijos, y decirle:

¡Vaya! Que cosa tan fea he dicho, y todo porque me he puesto nervioso conduciendo, no debería decir esas cosas, porque sé que no son correctas, que es de personas que no tienen una buena educación, y que han perdido los nervios ¿No dejéis que papá/mamá vuelva a decir esto vale? Si veis que me pongo nerviosa y uso una palabra mal sonante, ofensiva, recordadme que no debo hacerlo ¿Me ayudáis? ¿Vale? ¡Menos mal que cuento con vosotros!

Y es cierto ¡menos mal que contamos con ellos! Porque pedirles ayuda su padre o su madre es para ellos todo un privilegio ¿Les has pedido ayuda alguna vez? Visualiza su gesto, su felicidad…

De este modo, haciéndoles a ellos también partícipes de la educación del adulto, los niños entienden y comprenden que los mayores no son perfectos y deben aprender, que hay errores del lenguaje también en los mayores, que los adultos tampoco deben decir esas palabras ofensivas, que es una falta de respeto y una pérdida de control dañina para el que escucha y para el que insulta, y que ellos pueden ayudar a que el entorno adulto tenga una buenas prácticas con el uso del lenguaje, que ellos también pueden reprochar una mala palabra, acción o actitud, que tienen el mismo derecho que los mayores a decir lo que está bien y lo que no, porque les habremos enseñado a poseer su propio criterio, conocimiento del lenguaje correcto e incorrecto y por lo tanto habremos respetado su derecho humano básico de la libertad de expresión. La libertad de expresión no es decir todo lo que nos plazca, es hacerlo con responsabilidad, con conciencia, con respeto, con criterio, una mundo responsable, respetuoso, concienciado, es lo que todos necesitamos, niños y adultos, animales, medio ambiente ¿quién no necesita conciencia y respeto?

También matizar que, una cosa es insultar y otra usar determinadas palabras, personalmente no soy partidaria de la represión del lenguaje, esto que, si mis hijos usaran la palabra “coño” o “mierda” o “joder”, no consideraría que estuviera usando una palabrota, no están insultando, personalmente no me ofende ni considero dañino su uso ¿que quien escucha es demasiado delicado para el uso de esas palabras? El problema quizá sea del que tiene problemas con esas palabras, no de quien la usa con naturalidad. Pero como en todo, dependerá de cada familia el vocabulario que sus hijos utilicen y el que no, como dije, es cuestión de ejemplo.

Mayka Martín

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