Desde que existe la humanidad, el embarazo, el parto y la crianza fueron cosas de mujeres, así como la menarca y los ciclos femeninos, los saberes de curación con plantas, los conocimientos sobre los ciclos y fertilidad de la tierra y la capacidad de visionar y conectar con el Todo.

Para delinear cuál es el rol de la doula en el mundo de hoy, es necesario remitirnos a tiempos lejanos, allí donde comienza nuestra historia como humanos. Allí donde cada mujer que paría un hijo contaba con la presencia de otras mujeres para asistirla, y miradas sostenedoras y para cuestionar ese instante en que una vez más se renovaba la vida y la continuidad de nuestra especie en comunión con todo lo que existe. El origen de la asistencia a los partos va de la mano de la historia de la partería; porque siempre una mujer experimentada acompañaba y asistía a las parturientas y otras mujeres rodeaban la escena para ayudar en lo que hiciera falta, tejiendo una trama de sostén. La crianza de los niños también contaba con esa red de ayuda y compañía. Las niñas y las jóvenes observaban los fenómenos desde pequeñas. Existían rituales que daban cuenta de que el nacimiento de un niño era un momento sagrado.

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En algún momento de la historia, esa red de apoyo mutuo y confianza en el poder femenino se rompió y las mujeres nos hemos olvidado de lo que somos capaces; ya no confiamos en la sabiduría de nuestros cuerpos, en el magnífico poder de la vida y en que nuestros bebés tiene todo lo necesario para nacer. En el mundo de hoy las mujeres nos seguimos necesitando, pero el escenario del nacimiento ha cambiado. Así como la Tierra, el agua, el aire y las semillas que producen nuestro alimento son manipulados y ultrajados sin conciencia, el proceso natural del nacimiento se ha alejado peligrosamente de su motor fisiológico, a través de modificaciones y manipulaciones de principio a fin. Hay la confianza está puesta en la asistencia que viene de afuera y nos dirige y casi siempre tenemos miedo de no poder, de que nuestro cuerpo no funcione. La mayoría de las veces, recibimos cortes (episiotomía o cesáreas) en nuestros órganos femeninos, con el correspondiente correlato en nuestro cuerpo emocional, psíquico y espiritual. Hoy, sin darnos cuenta, reproducimos el mensaje subliminal de que no funcionamos correctamente.

De regreso a casa

Es necesario que se restablezca la confianza en que los procesos naturales se despliegan y se regulan cuando dejamos que sucedan y propiciamos el ambiente necesario. Es urgente comprender que los seres humanos somos multidimensionales y que en el nacimiento de un niño no sólo está involucrada nuestra materia, sino también nuestras emociones, nuestra historia, la cultura a la que pertenecemos, nuestra vida psíquica y nuestra dimensión espiritual.

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Las mujeres que nos entregamos a la tarea de ser doulas tenemos plena confianza en que toda mujer puede parir y todos los niños nacer, porque está inscrito en nuestros genes. Casi todas las doulas hemos pasado por la experiencia de la maternidad y hemos intentado sanar nuestras propias heridas con conciencia, para poder integrarnos y estar más enteras para cumplir nuestra misión. Nos ofrecemos con amor a la tarea de recuperar la confianza de las mujeres en sus capacidades primordiales, nos hacemos disponibles para acompañarlas en su travesía, porque hemos comprendido que la Humanidad necesita que se restablezca el entramado que hace posible que nos sanemos profundamente. Las doulas nos hermanamos con las mujeres que paren y con las parteras auténticas, para danzar juntas la Danza de la Vida que se renueva. Anhelamos encontrar el camino que nos lleve de regreso a casa, a ese territorio en donde está nuestra guía interior, la fuente de la cual emana nuestra sabiduría ancestral, con todas sus certezas y todo su poder.

Comprendemos cuán, inmensamente sexual es el acto de parir, plagado de ritmos de hormonas, de olores, de sensaciones, de descubrimiento, de intimidad, de piel, de contacto, de intensidad que va in crescendo, de placer y gozo. Queremos contar otra historia a nuestras hijas e hijos, recordando que somos las guardianas de los grandes misterios por ser las portadoras, en cuerpo y alma, del misterio de la Creación.

Al capacitarnos como doulas adquirimos conocimientos teóricos sobre fisiología del parto, que sirven para saber cómo cuidar el proceso. Nos informamos sobre derechos y prácticas de asistencia, nos encontramos con las mujeres en un vínculo que las ayuda a reconocer sus deseos y poder expresarlos. Les contamos a los futuros padres muchos de los vaivenes emocionales que rodean a la llegada de un hijo. Adquirimos recursos para dar sostén físico y emocional durante el trabajo de parto. Sabemos asesorar en cuestiones prácticas como la lactancia, crianza con apego y desarrollo motriz. Pero, por sobre todas las cosas, trabajamos para incorporar una mirada holística que integre todas las dimensiones humanas. Porque la vida necesita que las mujeres nos volvamos a encontrar como hermanas y nos susurremos al oído, con convicción y certeza Vos Podés.

Artículo extraído de la revista LATIR, El arte de partear, Nº1, verano 2014

Roxana González, Psicóloga especializada en temas de gestación, parto y crianza. Miembro de la Relacahupan. Certificada por DONA Internacional como doula de parto, fundadora del grupo de Doulas de Argentina en el año 2005

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