El sábado, fuimos a visitar el Monasterio de santa María de Vallbona, cuando entrábamos al pueblo (Vallbona de les Monges, Urgell, Cataluña), vimos un grupo de espantapájaros en un terreno a un lado de la carretera, nos llamó mucho la atención. Paramos el coche y nos hicimos algunas fotos sin saber bien en qué consistía eso, sólo había un cartel que ponía: Estimaocells (quiere pájaros), es decir, no eran espantapájaros ¿Qué raro no?

Seguimos nuestro camino que era visitar el monasterio.

monasterio de Vallbona

Tras visitar el monasterio decidimos comer allí mismo, pues había un bar restaurante de comida casera, y donde esté la comida hecha por manos de quien cocina como para su familia no hay nada. Comimos de maravilla, súper amables y atentos, trato familiar en resumen, sobre todo con los niños. Al pagar, vemos un calendario con la foto de los Estimaocells…así que aprovecho y les pregunto a los dueños sobre ello, que muy amablemente me cuentan la historia.

Estimaocells

Hace más de 4 años, un hombre del pueblo, Eduard que es médico y un apasionado de la naturaleza, puso en marcha una iniciativa de turismo rural y cuidado del medioambiente. Entre esas actividades hay varias con los niños de Vallbona. Cada verano, todos los niños del pueblo, plantan un árbol y así repueblan sobre todo las zonas que han sido presa de algún incendio.

Eduard, además, adora a los pájaros, así que, también organiza los “Estimaocells”, una actividad en familia que consiste en crear un muñeco (el típico espantapájaros) con ropas viejas de sus padres o abuelos, familiares…alrededor de una casa para pájaros en la que pone: Estimaocells (quiere pájaros). Cada niño tiene el suyo, así como un árbol plantado que visitan y cuidan a menudo.

estimaocells

Puedes verlo en cualquier día del año, aunque la fiesta la hacen en el mes de agosto, que es cuando más gente hay en el pequeño pueblo.

Nos parece algo muy hermoso, destacable por la respetuosidad que emite, de cuidado al medio, a los animales, por ser una actividad en familia, ojalá acabe siendo una tradición, de esas que empiezan un día y no acaban nunca, en las que no se mete miedo a nadie, en las que no se banderillea, en las que no hay enriquecimiento más que cultural y emocional, de esas que son fiel testigo de que la humanidad que verdaderamente posee capacidad de evolucionar sin pisar el entorno.

Ojalá muchas tradiciones pasaran a modo respetuoso ¿verdad?

Mayka Martín

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