Me llama la atención que aun hoy día nos cueste tanto tratar este tema tan femenino, tan de la mujer, incluso por parte de nosotras, las madres, me refiero a la primera menstruación.
Creía que yo, criada en el seno de una familia extremadamente católica, llena de tabúes con respecto a los temas que confieren en exclusiva a la

mujer, o a la sexualidad en general, era algo que no ocurriría en las madres más jóvenes, pero me equivoco.

 
Recuerdo la primera menstruación de mi hija mayor. Fue un día lleno de luz, mi hija nacía como Mujer, si, ya lo era, pero aun tenía que re-conocerse en sus ciclos, en su época fértil, en el comienzo de su madurez. Para mi la menstruación marca un antes y un después, es como esos nudos indescifrables celtas, que se enlazan, se abrazan, se funden siendo imposible a veces ver por separado. Para mi, ser MUJER es lo más maravilloso que he podido ser, no querría ser otra cosa. Me gusta envolver esa palabra de todo lo positivo que nos han ocultado, me esfuerzo en ello para sanar la opresión que sufrí, me quiero desde que vivo mi sexualidad, mi cuerpo y mis hormonas así. Ser niña no es algo menor a ser mujer, una niña es una mujer que está emergiendo, sin duda cada mujer guarda a la niña, igual que a la anciana, afirmar que se es Mujer no es para mi nada negativo porque no es negativo ser niña, es sano seguir siéndolo a veces, dependerá de la luna ¿verdad?
 
Preparé a mi hija como no lo hicieron conmigo, nunca le oculté nada sobre el sexo, cada pregunta fue contestada según la edad que tuviera, conocimientos que se fueron ampliando a medida que pasaban los años y sus preguntas se concretaban o profundizaban. Siempre con naturalidad, no quería que ella tuviera miedo, vergüenza, que sus dudas fueran a satisfacerse en fuentes incorrectas, quería que en ese tema mi hija tuviera confianza en su madre, en la intimidad de su hogar, de la mujer que fue su principio como ella me dice. Algo tan íntimo debía tener continuidad desde la madre pensé. Muchas compañeras de clase me preguntaban cosas que no podían preguntar a sus padres ¿no es triste? A mi me lo parecía.
Así que nunca se cambió de canal cuando había escenas sexuales (no porno claro), nunca nos besamos ni nos tocamos el culo a escondidas, el cuerpo desnudo era algo tan natural como respirar, y todo fue tan sencillo como Ser, sin complejos ni miedos, para que ellos no los tuvieran, el ejemplo, lo que siempre decimos que prima en la educación.
Así que, cuando a mi hija le bajó su primera menstruación, ya lo sabía todo. Sabía que empezaba su periodo fértil, sobre sexo y chicos ya habíamos hablado, no quería que su fertilidad le diera miedo, no quise asociarlo directamente o como eje, es como decir. el sexo es procrear, y ¡jamás! quería que no se sintiera, ni lo viviera así.
Me había visto cambiarme de compresas, me había preguntado y yo contestado con naturalidad. ¿Qué es? ¿Por qué viene cada mes? Ya sabía todo, así que poco tuve que explicarle, nunca quise que le viniera y no supiera nada, quería que estuviera preparada, que no se asustara que no se bloqueara.
Hicimos una fiesta, ¡me puse tan contenta! ¡¡¡mi niña era una mujer ya!!! Era como un no creérselo ¿yo había sido capaz de criar a esta mujer que tenía delante? Me vino su carita siendo un bebé, tan pequeñita, tan unida a mi, y ya…Sabía la época tan difícil que se le venía encima, nos llevamos 21 años, no había tanto tiempo de mi adolescencia, y nació como una suerte de complicidad añadida a la que ya teníamos.
 
Ese día, a parte de al fiesta, con tarta y velas, amigos invitados, cual cumpleaños, nos fuimos las dos solas de compras. Estuvimos mirando qué alternativas tenía para su higiene íntima, que ella decidiera, debía ser ella misma, y cada una usamos lo que nos hace sentir mejor. Le expliqué los pros y contra de cada cosa, y ella decidió. Nos fuimos al cine, y le regalé un colgante que guarda como oro en paño, con piedras rojas, como la sangre, no azul como los anuncios de compresas, con lo bonito que es el rojo sangre…nunca lo entenderé. Luego nos fuimos a comprar lencería en la tienda donde iba mamá, a ella le encanta, podían haberle gustado las bragas de cuello alto que hubiera sido perfecto también, pero en esto coincidimos la verdad y le expliqué que debía hacerlo por ella misma nunca para gustar a otros. No me gusta cuando se usa algo sólo porque te ven, ni en esto ni en nada.
 
Aun me emociono, y mi hija se emociona cuando cuenta su primer día de regla, es algo bonito, un recuerdo hermoso NUESTRO. Se lo he oído contar a muchas de sus amigas, a algún amigo incluso, y que cuando tenga una hija hará lo mismo porque para ella fue muy especial ¡y para mi no se imagina cuánto!
Nunca quise que mi hija viviera su primera regla como lo hice yo, fue muy doloroso por cómo lo trató mi madre y mi entorno, parecía algo feo, malo, asqueroso, que yo estaba sucia, recuerdo que incluso mis menstruaciones eran dolorosas, me dejaban postrada en la cama, creo que era mi rechazo a mi misma, a mi ciclo, pero eso cambió.
La menstruación es VIDA, no es suciedad, no es estigma, no hay que esconderlo, es maravilloso entrar en ese ciclo de nuestra vida.
 
Con mis gemelos he hecho algunos cambios
 
Mi pequeña con 5 años (el niño igual) sabe qué es el periodo, me ve lavar las compresas (de tela) me ayuda a ponerlas en remojo o tenderlas, no me escucha quejarme de mi periodo, mamá ya no es una mujer herida que reniega de su naturaleza, mamá es una mujer madura y segura, ellos saben que menstruar significa que soy fértil, ni más ni menos. Dentro de su entendimiento actual saben que un óvulo ha madurado y no ha sido fecundado y por lo tanto mi cuerpo debe expulsarlo, como una manzana se cae de un árbol.
Con el agua de tener en remojo las compresas regamos las plantas, sabe que eso es vida, que pone hermosas las flores de nuestras macetas, no es sucio, no va a la basura, y lo saben los dos, saben que eso no es feo, que eso les da origen de algún modo. Quizá debamos cambiar la forma de transmitirles el sentido de la menstruación, pero a niños y niñas, como siempre digo no podemos trabajar sólo a las mujeres.
Lo que ha cambiado es que en esta ocasión preparo también al niño, lo hago exactamente igual que con ella, salvo que él no menstruará obviamente. No lo hice con el mayor (fallo que intento solventar), creo que un hombre debe conocer, para saber cuidarte, mimarte, entender qué necesitas, deben dejar de poner gesto de asco cuando se habla del flujo menstrual, o cambiar de conversación nerviosos, que dejen de influenciar negativamente el pensamiento de las chicas con ese rechazo sobre ellas mismas y sus cuerpos. Creo que las lecturas son útiles, los cuentos y libros al respecto, pero lo más útil es que vivan a través de ti lo positivo de ello, que te sientan en paz con tus ciclos. Yo me mimo, me cuido, me consiento en esos días, quiero que mi hija haga igual y que mi hijo lo haga con su pareja si es una mujer, que puede ser que sea un hombre, es su decisión. Aún así, tendrá una hermana o quizá una hija o una amiga…una mujer cerca, y jamás le sobrará entenderlo y saber estar, cómo se le necesite que esté, en esos momentos.
 
Mayka Martín
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