Cuando tratas con una persona adulta ¿te es imprescindible saber si lo haces con un hombre o con una mujer? ¿Te es vital saber ese dato para comenzar a hablarle? Es evidente que no, puede ser importante saber si habláis el mismo idioma, pero no su sexo ¿acaso hablamos con él?

Lo que yo no puedo entender, es que sea imprescindible para los adultos saber el sexo de un bebé para dirigirse a él. Si, hay quien es así, hay quien incluso piensa que “¿qué tendrá que ver preguntar el sexo de los bebés con el apego?” Pues mucho.

¿Tratamos con sexos o con personas? ¿Sabemos de dónde viene esa necesidad de sexuar a los niños y niñas? Simplemente son parte del chip conductivista instalado fuertemente en nuestra forma de relacionarnos. Así, cuando sepamos que estamos ante una niña, la trataremos como nos han enseñado a tratar a las niñas. En el caso de estar frente a un niño, empezaremos a conducir a ese niño dándole un trato distinto a la niña que puede que tenga al lado y diferencia que él notará enseguida. Los niños y niñas imitan, esa actitud será también imitada, y por consiguiente empezarán a tratar a las niñas y a los niños de su entorno de forma distinta. Estaremos separando los sexos, en muchos casos clasificando conductas y gustos, dándolos por válidos para unos, y como error o fallo para otras.

Si, las diferencias existen, somos distintos, pero no necesitamos ser tratados de forma distinta por sexos, sino por personalidad. De cada personalidad nacerán los matices, matices que podrán ser compartidos por miembros de un mismo sexo o no.

Hay niños sensibles, emotivos, tímidos, asustadizos, nada competitivos ¿deberemos tratarle como se debe tratar a los hombres según ha impuesto la sociedad? ¿Cómo entiende la sociedad que debe ser tratado un varón? ¿Y si nuestro hijo necesita otro tipo de trato? En la Crianza con Apego se cubren las necesidades del niño o niña, se conoce y re-conoce a nuestro propio hijo o hija, atendiendo a sus particularidades, no al patrón establecido por la sociedad que sabemos es incorrecto, estandarizado, impersonal y homogeneizador, nuestro hijo es único, tiene que ser tratado como Juan o Pepe, o como quiera sea su nombre.

Yo deseo ser tratada como Mayka, no quiero ser tratada como deben serlo las mujeres, quiero ser tratada como yo, como quien soy, no como algo estandarizado, como perteneciente a un grupo, a una granja o al zoo en el que han convertido las comunidades humanas. No quiero que se tenga una predisposición a tratarme como esperan le guste a una mujer, porque yo, puedo ser muy distinta. Además, eso no da libertad a quien va a tratarme, voluntaria o involuntariamente debe aplicar un filtro a su mente, incluso autocensura.

Si, claro que es importante no ir preguntando si es niño o niña, peguntemos ¿cómo se llama? ¿Cuál es su nombre? Y saludémos a ese bebé por su nombre, comencemos a hablar como el Ser que es, no el sexo que aparentemente tiene. Démosle estatus de ser humano, no de posesión supeditada aun a la aceptación del resto de la sociedad. No les clasifiquemos, no condicionemos nuestro trato, no les conduzcamos sin ser conscientes. Hay cosas muy pequeñas, cosas como ésta, que hacemos sin darnos cuenta.

Mayka Martín

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