Que un recién nacido, o bebé de corta edad, tome antibióticos debe estar más que justificado. El uso indiscriminado de ciertos medicamentos trae el efecto contrario al que buscamos, por ejemplo en el caso del uso temprano de antibióticos; esto podría reducir algunos de los beneficios de la lactancia materna, según sugiere un estudio reciente.

Los investigadores encontraron que los bebés a quienes se recetaron antibióticos mientras tomaban el pecho o poco después eran propensos a las infecciones y a la obesidad.

“Con la leche materna, a diferencia de la fórmula, el bebé recibe bacterias de la madre y componentes específicos del azúcar que promueven el crecimiento de ciertas bacterias [intestinales]“, según explica la investigadora líder, Katri Korpela, del programa de investigación en inmunobiología de la Universidad de Helsinki, en Finlandia.

Según este hallazgo los beneficios de salud de la lactancia materna se deben en gran parte a la forma en que ayuda al bebé a desarrollar bacterias intestinales (la microbiota), y que los antibióticos perturban ese desarrollo. Aunque el estudio no pudo probar una relación causal entre el uso temprano de los antibióticos y las infecciones y la obesidad, dijo Korpela.

“Pero con la lactancia materna, la madre guía el desarrollo de la microbiota del bebé”, afirmó. “El uso de antibióticos perturba el desarrollo de la microbiota natural, que parece importante para el desarrollo del metabolismo y el sistema inmunitario del bebé”.

No es la única que hace esta afirmación

El uso temprano de antibióticos modifica de forma desfavorable la microflora [las bacterias] intestinal, y esto podría tener consecuencias para toda la vida, incluso en los bebés que reciben lactancia materna de larga duración”, según el doctor Pietro Vajro, profesor de gastroenterología pediátrica de la Universidad de Salerno, en Italia, y coautor de un editorial que acompañó al estudio.

En el caso de las bacterias intestinales, podría afectar al desarrollo de la obesidad porque regulan la producción de ácidos grasos que influyen sobre la secreción de moléculas que determinan la forma en que los intestinos gestionan la comida y la sensación de saciedad, apuntó Vajro.

“Esa disfunción podría provocar una inflamación crónica en el torrente sanguíneo que es característica no solo de la obesidad, sino de varias afecciones relacionadas con la obesidad, como la enfermedad del hígado graso y el síndrome metabólico”, advierte el experto.

El estudio

El informe aparece en la edición en línea del 13 de junio de la revista JAMA Pediatrics.
En el estudio, Korpela y sus colaboradores recolectaron datos de 226 niños finlandeses que participaron en un ensayo sobre los probióticos entre 2009 y 2010. Las madres fueron preguntadas sobre su lactancia materna, y el uso de antibióticos se determinó mediante los registros de compra.

Casi el 97% de los bebés fueron amamantados durante al menos un mes, y la duración promedio general de la lactancia materna fue de ocho meses. A mi parecer falta desde luego valorar las consecuencias en niños amantados al menos hasta los dos años para poder afirmar que “esto podría tener consecuencias para toda la vida, incluso en los bebés que reciben lactancia materna de larga duración”, no hay datos del estudio en niños alimentados más allá ni siquiera del año.

Los investigadores encontraron que entre los 113 bebés que no recibieron antibióticos antes del destete, la lactancia materna se vinculó con menos infecciones tras el destete, y un peso correcto en la niñez. De hecho, por cada mes de lactancia materna, el uso de antibióticos se redujo en un 5%. Así que se entiende que llevar a cabo una LM, más allá incluso de los 2 años, supondría que no afectase significativamente el hecho de haber tenido que dar un uso puntual y justificado médicamente de un antibiótico a causa de una infección que lo requiriese.

Entre los 113 bebés que recibieron antibióticos durante la lactancia materna y en un plazo de cuatro meses tras el destete, hubo más infecciones y los niños fueron más propensos a tener sobrepeso.

“Es bien sabido que a los bebés alimentados con el seno siempre les va mejor a la hora de combatir las infecciones, debido a la inmunidad que ofrece la leche materna“, afirma el Dr. William Muinos, gastroenterólogo pediátrico del Hospital Pediátrico Nicklaus, en Miami.

Los antibióticos matan a las bacterias intestinales, dijo. Si alguien no recibe lactancia materna, no se introducen las bacterias saludables [probióticas]“, apunta.

Advirtió que no se deben dar antibióticos a los bebés por todas las fiebres o infecciones. “No se deben usar antibióticos con las infecciones virales, en las que son inútiles”, enfatizó.

Aunque Muinos disiente con sus compañeros en algo, dijo que no estaba convencido de que la conexión entre la lactancia materna y la prevención de la obesidad se deba a las bacterias intestinales saludables. Él opina en cambio que la lactancia materna podría retrasar la introducción de alimentos vinculados con la obesidad.

La lactancia materna previene la introducción temprana de comidas ricas en carbohidratos, como los cereales y las compotas de frutas, que pueden hacer que un niño pequeño se vuelva obeso“, planteó.

Sea como sea, de nuevo la Leche Materna es lo mejor, primero para prevenir infecciones, cada mes de LM se reduce un 5% el posible uso de antibióticos, y por supuesto el estar expuestos o indefensos ante infecciones que pudiera dar lugar al uso necesario de un antibiótico.

M.M

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