Hay que lavarse las manos antes de comer, cuando hemos usado algo que necesariamente precisa de un lavado posterior, hay que cepillarse el pelo, lavarse los dientes, la cara, bañarse con cierta frecuencia, etc… pero con sentido común. Los excesos siempre son malos, y bien pudiera parecer que una casa reluciente es el mejor lugar para criar a un niño, pues no, no lo es, en este caso, como en casi todo, el término medio es lo más saludable.

A menudo las (pa)madres hervimos el chupete en cuanto pensamos que ha rozado el suelo, les lavamos las manos a la menor ocasión, toallita por aquí, por allá (a pesar de sus componentes agresivos)… Las alergias y enfermedades autoinmunes (causadas por un ataque del propio sistema inmunitario) han aumentado según diversos estudios. La piratería de la crianza, esos que viven de vendernos lo impensable (un día nos venderán besos de buenas noches envasados para nuestros hijos), también nos venden la falsa necesidad del exceso de higiene, porque, en esos excesos, les compramos productos que ellos fabrican para esa obsesiva limpieza ¿lo habías pensado? Esto es un no acabar, porque el aislamiento obsesivo no sólo impide el entrenamiento de los mecanismos de defensa de nuestro organísmo, también impide el desarrollo integral psicoafectivo de los niños. Los microbios forman parte de la vida de los niños de cualquier edad, intentar evitarlos o eliminarlos totalmente, no solo es imposible, es perjudicial.

juego barro

Jugar y aprender van de la mano de ensuciarse

Hay quien incluso busca evitar que los niños jueguen con tierra, arena, barro, o cualquier cosa que manche porque se ensucian las manos, la ropa, se lo pueden llevar a la boca… hay quien incluso evita que su hijo acaricie o bese a un perro (sabiendo que está debidamente cuidado) porque pueden infectarse. Comer con las manos, estrujar la comida, guarretar, está limitado en la vida de muchos niños y niñas. Hay quien incluso llega a no permitir que su hijo esté junto a otro que tiene mocos, babas o simplemente la ropa manchada. Esa obsesión no les protege, no estás haciendo lo mejor para tu hijo ya que, al margen de lo que ello afecte al entrenamiento de su sistema inmune, impides que tu hijo juegue, que se desarrolle afectiva y motoramente, que aprenda a imitar y ser independiente y, sobre todo, le robas la felicidad real de la infancia, esa libertad, esas ganas de conocer la totalidad del mundo que le rodea, le matas la curiosidad con tanta “limpieza”, algo imprescindible para fundamentar un apego seguro en tu hijo.

Según la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica, las alergias respiratorias se han multiplicado por cuatro en los últimos 40 años, las alergias en niños se han multiplicado por siete en los últimos diez y el 40% de los europeos sufrirán alguna alergia en el año 2040.

¿A qué se debe?

El escaso entrenamiento del sistema inmunitario de niños sometidos a excesiva higiene, permanentemente aislados de los microorganismos presentes en el entorno donde viven, impide una respuesta adecuada para luchar contra alergenos (sustancias que producen alergias, por ejemplo virus, bacterias, medicamentos, alimentos). Esta asociación entre excesiva limpieza, esterilidad y alergias no significa, ¡para nada!, justificar que los niños no sean sometidos a una higiene adecuada, se habla de la obsesiva.

El exceso de protección contra los microbios, es decir la limpieza excesiva e incluso el aislamiento de las posibles fuentes de infección, pueden ser perjudiciales en los niños pequeños. Esto podría predisponer más tarde a enfermedades alérgicas tales como asma, alergia a los alimentos, urticarias y otras enfermedades que afectan cada vez más frecuentemente a los niños que viven en los países desarrollados, por ejemplo diabetes y otras de origen inmunológico.

ensuciarse es aprender
Hipótesis de la higiene

David Strachan, epidemiólogo de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, bautizó en 1989 como “hipótesis de la higiene”. Se dio cuenta de que los niños con hermanos mayores eran menos propensos a sufrir asma o fiebre del heno. El epidemiólogo finalmente dedujo que el sistema inmunitario de esos niños estaba mejor entrenado porque había tenido que batallar con los gérmenes que traían sus hermanos mayores.

Científicos del Brigham and Women’s hospital de Harvard (EEUU) estudiaron a ratones que habían vivido en un entorno libre de microbios y a ratones que habían vivido en un ambiente más sucio. Los higiénicos sufrían más enfermedades como asma o colitis debido a la hiperactividad de las células T, que ponen en marcha la respuesta del sistema inmunitario en el ser humano y en los ratones ante los antígenos. Además, vieron que exponer a los bebés ratones a los microbios tendía a normalizar el funcionamiento del sistema inmunitario.

Más estudios

Según expertos, en el Congreso de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergia y Asma Pediátrica (SEICAP), el incremento de número de niños alérgicos se debe a la contaminación, a los cambios alimenticios y al exceso de higiene del mundo occidental.

“Cuando los niños se desarrollan en un ambiente de asepsia, con ausencia de gérmenes, rodeados de una higiene excesiva, con tanta esterilización, vacunados de todo y sin riesgo de infecciones provoca que su sistema inmunológico no active el mecanismo de defensa sino el que favorece las alergias”, Marcel Íbero, presidente de la SEICAP.

En el estudio publicado en la revista Immunity, se afirma que es necesario que los niños estén expuestos a los gérmenes y a los organismos patógenos, se manchen, se hagan heridas y se pongan enfermos. En un ambiente más expuesto a los gérmenes, “la respuesta inmunológica TH2 con la que nacen los niños y que favorece las alergias se convierte en TH1, que es la que activa la defensa para poder combatir las infecciones”, explica Íbero.

Luis García Marcos, del Servicio de Alergología Pediátrica del Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, “Los cambios en el estilo de vida de las personas que viven en países desarrollados han modificado sus hábitos de higiene, de alimentación o incluso la decoración de las casas. Todo este conjunto de causas, unidas a la contaminación, provocan cambios en el sistema inmunológico de los niños ya desde el vientre de la madre, cuya respuesta de defensa se vuelve más débil y favorece la aparición de alergias”.

jugar con arena

Nuestros microbios

Nosotros necesitamos algunos microbios, en la boca, nariz, orejas, piel e intestinos contenemos muchos que nos protegen. El intestino contiene miles de millones de microbios que sirven, entre otras cosas, para la absorción y digestión de los alimentos. Esta flora microbiana se altera o anula cuando los niños reciben antibióticos, por eso los antibióticos deben emplearse sólo cuando están completamente indicados, nunca alegremente y como opción inmediata sin más.

Y es que el ejército inmunodefensor debe entrenarse, una parte del sistema inmunitario se desarrolla gracias a un “recuerdo” de las infecciones, éste debe experimentar ataques y luchas, debe permitírsele funcionar básicamente, dentro de unos sanos parámetros lógicamente.

Una de las cosas que me enseñaron en inmunología, en los más de 6 años de tratamiento que sufrió mi segundo hijo (nació con inmunodeficiencia) fue dejarle tener un poco de fiebre. Mi hijo tenía fiebre cada día, de 37,5 a 38, así que hasta que llegaba a 38,5 no se le daba nada, en su caso era así de necesidad pues luego no se le podía controlar. A medida que se hacía fuerte, él sólo conseguía bajar esas temperaturas, cosa que en sus primeros años no, pasamos a “dejar” que llegara a 39 y que fuera él el que intentara sólo luchar. Estábamos entrenando ese sistema de defensa perezoso y poco numeroso que tenía, con cosas así mi hijo finalmente logró salir victorioso, y por la Lactancia Materna sobre todo. El proceso fue controlado, asesorado y consensuado con los especialistas, estas cosas no se hacen sin consultar. Del mismo modo he hecho con mis siguientes hijos, yo no administro antitérmicos si no es imprescindible, la fiebre es una respuesta necesaria, es un entrenamiento y sólo si pasan de cierta temperatura debe ayudárseles, pero hay que consultar, porque si tu hijo tiene algún tipo de problemática añadida puede precisar de una atención concreta.

Niños-comiendo-pasta

¿Cuánta higiene es saludable?

Si das pecho genial, ya sabes que es la mejor de las vacunas, aporta defensas, y está diseñado para ir impulsando paulatinamente la activación del sistema inmunológico de tu hijo a medida que pasan los meses y su cuerpo está preparado. Pero si das bibe, a partir del segundo semestre de vida, es inútil esterilizar el biberón, el chupete o la tetina, usar agua y jabón es suficiente. En cuanto gatee lo chupará todo, todo lo que antes tú controlabas, no hay que esterilizar, sólo una higiene lógica y sana, no le impidas estar en el suelo, experimentar, no limites su desarrollo y el entrenamiento de su sistema inmune.

Siempre es necesario el lavado de manos antes de comer, más tarde, cuando vaya al baño, también después de defecar o miccionar, si se limpia solo y si no, así adquiere la costumbre, tú lávatelas también, da ejemplo. El baño o ducha no deben ser diarios, tampoco es necesario el uso de jabones (sobre todo si hay dermatitis), los días alternos es correcto salvo si es verano, se ha ido a la playa, etc, en esos casos hay que bañarse si o si. Debemos usar la lógica, no bañarles sistemáticamente cada día, lavarles el pelo cada día, embadurnarlos de colonia a cada instante, de cremas, de aceites ¿no somos conscientes de que respondemos a un patrón de consumo realmente, no a una necesidad real de cuidados para el niño, y que ello reduce la capacidad de respuesta de su cuerpo, le hará enfermar más y por consiguiente precisar de más medicamentos, más consumo, más ingresos para empresas que van todas de la mano?

Mayka Martín

Anuncios