“No hay animal que busque su felicidad en el encierro, ni siquiera los aquáticos, y “Buscando a Dory” parece un anuncio promocional del acuario de cualquier ciudad.”

Como suelo hacer cuando vemos alguna peli, esta vez la de “Buscando a Dori”, os dejo mi opinión, y la de mis hijos.

La verdad es que es bastante mediocre, sin mensaje claro, no nos hemos reído especialmente en ningún momento (bueno uno pero no lo desvelo que os fastidio si vais a ir a verla), carece de nada reseñable como genialidad, en fin, se deja ver, pro que si no la veo no me pierdo nada. A mis hijos les entretuvo pero no les dejó huella alguna, a tal extremo que no me han nombrado nada sobre ella una vez terminada, ni me han dicho: Mami queremos verla otra vez, y si un niño no te dice: ¡Otra vez!, es que no le ha gustado lo suficiente.

Ya os digo que el mensaje no es claro, pero estrujándome un poco el regusto que me deja la peli, os comento que intenta hacer llegar a quien la ve que a pesar de las limitaciones de cada uno, es posible superarse y conseguir lo que nos propongamos, pero ya os digo que es algo que apenas se “siente”. La magia de Pixar si que hay que buscarla en esta película porque cuesta mucho trabajo encontrarla.

Los padres de Dory si he de decir que son extremadamente amorosos, comprensivos, atentos, una visión del (pa)maternaje muy positiva la verdad.

“Buscando a Nemo” si que merecía la pena, pero su secuela cumple esa máxima de que las “2º partes nunca fueron buenas” y se me hace pesada, no nos ha “enganchado”.

buscando a dory

Destaco que me parece fatal que hagan ver que los animales del mar puedan ser felices hacinados en peceras o acuarios, que incluso alguno no desee otra forma de vivir, tachando de horrible el vivir en el océano ¿Qué pretenden engañar a los niños, anestesiarles? Los peces sufren encerrados, exactamente igual que cualquier forma de vida, básicamente estar vivo es desear la libertad y ¡sentir!.

Por ejemplo, cuando un pez está adaptado a la noche, un resplandor (como el de un flash) asusta y desorienta al pez, el cual huye, se quedarse inmovilizado o incluso se hunde. La luz puede también destruirle células fotorreceptoras. A través del olor solamente, algunos peces pueden conocer la especie de otro pez, su género, receptividad sexual, cual es su rio o zona donde ha crecido, su identidad individual, son muy sensibles. Los peces reaccionan fuertemente al contacto táctil. Los peces sienten, sin ningún género de dudas, estrés y dolor.

Perseguidos, confinados o sintiéndose amenazados reaccionan como nosotros al estrés: aumenta su ritmo cardíaco, respiratorio y de liberación hormonal de adrenalina. Cuando los peces sufren prolongadamente el vivir la masificación o contaminación, acaban padeciendo deficiencias inmunológicas y daños en sus órganos internos.

Con o sin experimentación, aunque se crea que se les trata con mucho “amor”, mantener a peces cautivos es ignorar sus necesidades básicas, es como mantener a cualquier otro animal encerrado entre cuatro paredes de cristal (en este caso), o peor aun, en una pecera redonda. Los peces son altamente vulnerables y frágiles, los peces están mal adaptados a una vida encerrados entre cristales, no podemos engañar a los niños, al menos tal y como yo lo veo, incluso así lo vieron ellos cuando me preguntaron: “¿Mamá por qué quieren hacernos ver que son felices encerrados?”. Pues eso digo yo…

Mayka Martín

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