Adrián nació con un test de Apgar bajo, cuatro días de contracciones y finalmente nacer por cesárea, le habían dejado exhausto. Yo también lo estaba, pero la emoción de ver nacer a mi hijo (me pusieron anestesia epidural), haberle tenido sobre mi pecho, haberle dado el primer beso de su vida… fue tal la emoción que no conseguí dormirme tal y como me pidieron al llevarse a mi hijo. A las pocas horas me lo tuvieron que traer, la medicación no consiguió dormirme y sólo deseaba seguir teniéndole pegado a mi pecho, unido a mi tal y como había estado casi diez meses, porque nació de 43 semanas . Como digo, a las pocas horas estaba conmigo porque no dejé de pedirlo (qué pena tener que pedir que te devuelvan a tu hijo ¿verdad?). Le puse junto a mi pecho, se agarró inmediatamente, esta vez no era novata sabía lo que era amamantar, sabía cuales habían sido mis errores en mi primera lactancia, me había preparado una doula que además era comadrona y mi profesora de yoga, en sus clases la lactancia era muy importante, no como en las clases del hospital que ni recuerdo lo que me comentaron al respecto la verdad, recuerdo el maletín… Con la revista tan famosa, llena de anuncios de marcas, sobres de papillas, tetinas, chupetes… plásticos, siliconas, envasados… usé la botellita de agua mineral, el resto lo deseché.

La Lactancia de Adrián fue dura porque, como suele pasar, pedía de mamar cada hora o dos horas durante el día, y en la noche cada hora, y tenía a su hermanita de 2 años también. Pasados unos pocos meses decidió no querer el pecho izquierdo, como sabía que podían aparecer manías así, procedí a hacer lo que recomendaban, no moverle a él y mover mi cuerpo hasta situarle el pecho que no le gustaba tanto a su alcance, así él pensaba que seguía siendo el mismo pecho, así sorteé ese problemilla, hasta que perdió la manía por ese pecho, ahora sé que fue una crisis de lactancia… Cuando puedes llevar a cabo una Lactancia Materna Exclusiva es muy satisfactorio, sientes plenitud a pesar del cansancio, tras el fracaso de la primera. Sólo la madre que lo haya vivido sabe la sanación que supone recuperar ese poder, esa necesidad.

Adrián no podía estar sin su teta, tanto es así, que teta que veía, teta sobre la que se abalanzaba, y hay cientos de anécdotas sobre ello que a veces cuento. Y él crecía así, feliz, rechoncho, porque tenía un aspecto tremendamente saludable, recuerdo que me decían: ¿le das biberón verdad?, y yo muy orgullosa decía: no, sólo teta. La cara de sorpresa era para verla. Luego estaban personas como mi abuela que me decía: Le das teta ¿verdad?. Si abuela, sólo teta. Y ella me decía: se nota, los niños criados a pecho tienen un lustre, un brillo en la mirada especial, sigue así hija, no se la quites, que la deje él cuando quiera.

Un niño que nunca enfermaba, sólo pasamos unos hogos (tendría ya los 6 meses), que de su boca se pasaron a mi pecho. A pesar de lo doloroso, de lo costoso de quitar, lo conseguimos, a pesar de que el médico me decía que ya era hora de quitarle el pecho, que 6 meses era ya mucho, que hasta los 4 era lo normal… (FALSO). Yo seguí… ¡seguimos!

Pero llegaron los 9 meses, Adrián empezó a tener fiebres no se sabía por qué, yo seguía con la lactancia, y menos mal porque cuando estaba malito sólo eso quería. En esa época pesaba 9,6 kg.

A los 12 meses Adrián sufrió el primer ingreso, fiebres de más de 40 durante un mes, sin saber aún la causa. No me recrearé en lo que supuso ponerle vías, etc, un niño que estaba siendo criado con libertad, pasar a tener que estar encerrado en una cuna de metacrilato sin moverse. Adrián con 4 meses se sentaba solo, con 6 gateaba, con 8 andaba, así que os podéis imaginar cómo era de activo.

No podíamos hacer colecho, así que le daba la mano por encima del muro que nos separaba, y le amamantaba cada vez que pedía a pesar de las enfermeras que me reñían: ¡señora le da calor! ¡señora le sube la fiebre! ¡señora le hará un vicioso! ¡señora pero si es muy grande para eso! ¡señora eso ya es pornografía! Pero yo seguía… algo me decía que debía seguir…

En el ingreso, en una habitación junto a un bebé con bronquitis y otro con neumonía, Adrián cogió bronconeumonía, así que seguimos ingresados, y él perdía peso a marchas forzadas. Nos dan el alta y a los pocos días vuelven las fiebres…

Adrián tenía fiebre cada día a partir de las 15h, por sistema había que darle antitérmicos, no sabíamos la razón.

De repente una otitis (luego se harían permanentes con tratamiento por años), luego una gastroenteritis, luego un catarrazo, luego las fiebres más fuertes… no sabíamos qué le pasaba, te desesperas, pero yo seguía con la teta, esa nunca la abandonaba, era como si a través de ella encontrara el salvavidas que necesitaba. En las noches de convulsiones, en las noches de dolor, su teta estaba ahí, y mami pegadita, muerta de miedo la verdad.

Con 18 meses me dicen que tiene intolerancia al gluten, que es consecuencia de las diarreas crónicas que padecía (10 cacas al día por norma), y que tenía alergia seguramente a la leche, que debía quitarle el pecho, que eso le estaba haciendo daño, que le recetaban una leche vegetal hasta terminar pruebas. Con todo el dolor del alma retiramos el pecho, aguantar sus lloros fue duro, no hubo retirada respetuosa, me dijeron que no había tiempo que debía ser responsable si de verdad quería a mi hijo. Así que, pensando que le hacia daño mi pecho, sintiéndome encima culpable por haber insistido en amamantarlo tanto, habiéndome convencido de que si retiraba el pecho mi hijo volvería a ser el niño sano que era antes de empezar este infierno, lo hice.

Al mes nos dan resultados, mi pecho no era problema, siguen sin saber qué le pasa y hay que ingresarle para someterle a todo tipo de pruebas hasta dar con lo que es, que si quiero que le dé pecho de nuevo aunque ya es agua me dicen…, pero mi hijo ya no lo quiere, no quiere ni comer…

Guerras por el colecho, porque no podía apoyar mi cabeza en la cama de mi hijo para que él la pudiera abrazar y dormir, peleas porque le tomaba demasiado en brazos, me acusaban de comerme su comida porque no podía ser que un niño de 18 meses comiera sin puré… Un infierno que ellos lo hicieron aun peor. La planta de oncología, es donde ingresaba mi hijo es…, no puedo expresarlo, vivir el dolor de familias, ver reír a niños que están enganchados a máquinas para sobrevivir, niños que sólo han conocido el hospital. Las carreras con el correpasillos entre ellos, mi hijo era todo vitalidad y aceleraba la planta decían, recuerdo a cada uno de esos niños, siempre me pregunto que fue de cada uno de ellos…

Tras varias pruebas, torturas más bien, mi hijo tuvo diagnóstico, con un simple análisis de saliva, tras pasar hasta por una biopsia intestinal… mi hijo tenía inmunodeficiencia y lo peor que se pudo haber hecho fue retirar el pecho.

La Leche Materna tapiza el intestino del bebé protegiéndolo frente a los patógenos, al retirarle el pecho la diarrea crónica se había instalado y empeorado, mi hijo pesaba ya 6 k (con 3 años pesaba 9k, menos que con 9 meses…), su estatura era normal eso si.

La Leche Materna era una vacuna diaria que mi hijo recibía y que le ayudó a pasar los meses en los que era más débil, sin lo cual no hubiera sobrevivido dicho por los expertos en inmunología y gastroenterología que le trataban.

En 1 cm3 de Leche Materna hay 1.500 inmunoglobulinas (en 1 cm3 o en 1 litro de leche artificial no hay en absoluto ni 1 célula inmunitaria) mi hijo carecía de IgA, y la Ig2 estaba muy baja, mi leche le aportaba esas inmunoglobulinas que habían hecho posible su supervivencia, pero con los meses de lactancia, el aporte disminuye para que el sistema inmune del bebé muestre su madurez y trabaje por si mismo, pero mi hijo no tenía, por eso empezó a enfermar. Si hubiera esperado a los dos años de Lactancia Materna, vuelven a subir esos niveles…

Así que, cuando te digan que los niños se crían igual con leche artificial que con Leche Materna que sepas que es falso, que mi hijo estaría a día de hoy muerto, así que evidentemente no se crían igual, que millones de niños salvarían la vida si pudieran ser amamantados, que cuando se manda ayuda humanitaria con leches de bote están condenando a esos niños, que lo que deben hacer es mandar alimentos para las madres, para que éstas puedan amamantar y dotar de defensas a sus hijos.

Hoy no contaré cómo luchamos y vencimos la inmunodeficiencia, porque fueron más de 6 años de miedo, de llantos, de lucha, de ver a tu hijo debatirse entre la vida y la muerte, sólo puedo, por favor, lanzar el mensaje de que una inmunodeficiencia no se detecta fácilmente, que pueden nacer con ella, y que si le amamantas le salvas la vida, sin la leche materna puede morir con al primera infección que le afecte de cualquier cosa y no detectarse que realmente había nacido bajo de defensas o sin ellas, y que tu pecho pudo salvarle la vida.

La Lactancia Materna salva vidas, yo lo he vivido, mi hijo y yo lo vivimos

Mayka Martín

 

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