Cada día me llegan consultas, unas sobre crianza, sobre lactancia, sobre alimentación complementaria, sobre embarazo… poco a poco me voy dando cuenta de la soledad por la que todas pasamos, y me ayuda a ver las cosas de una manera más empática, entender que detrás de toda madre hay mucha lucha, una guerra incluso, y que juzgar no es sólo injusto, también llega a ser una crueldad sabiendo por lo que pasan algunas.

Uno de los testimonios que me ha llegado y me ha parecido todo un ejemplo de lucha es el de Julia, a la que pedí permiso, por supuesto, para transmitiros su experiencia.

Ella esta operada tres veces de fibroadenomas de mamas y en el 2014 se sometió a una reducción de pecho en la que le extirparon también fibroadenomas. Le comentó al cirujano que si era posible no cortar conductos pensando en ser mamá. Tras la operación, el médico le dijo que había tenido que cortar varios conductos (por ellos pasa la leche por si no lo sabéis), y que no podría dar el pecho, le dio un NO rotundo. Imaginad su pena…

Cuando se quedó embarazada (dos años y 4 meses después de la reducción mamaria), se puso a buscar información sobre Lactancia Materna, ya que hay muchísimo desconocimiento sobre el tema concreto que le afectaba a ella. Cirujanos, matronas y enfermeras le dijeron que no podría amamantar, que en caso de quedar algún conducto en buen estado, sería origen de mastitis segura, y que para qué se iba a complicar la vida (lo típico, no ayudar a la madre y empujarla hacia lo que no deberían empujarla sin antes intentarlo). Os comento que es posible dar el pecho tras una operación de pecho, pero que hay que estudiar el caso concreto y ponerse en manos de una Asesora de Lactancia para sortear posibles dificultades.

Ella de todas, todas, tenía en mente intentarlo. Julia pensaba: ¿Por qué no? No podía quedarse sin al menos el intento. A pesar de sus tremendas ganas de dar el pecho, era realista y estaba mentalizada de que lo más probable es que no pudiese y que no debía obsesionarse con el tema en el caso de no ser posible.

Llega el día del parto, y tras un trabajo largo (39 horas) finalmente le practican una cesárea de urgencia, ya que había sufrimiento fetal. Su bebé estuvo dos días en neonatos y le dieron biberón. Cuando Julia pudo bajar a ver a su pequeña, aún no había podido hacerlo… Ya tenía el bibe a su lado preparado para que ella pudiera dárselo. El bibe que no pudo acabar de darle, ya que estaba tan dolorida y tan mal física y moralmente… por el hecho de que fuera cesárea sin esperarla que la dejó muy descolocada, muy tocada. El no tener a la niña con ella… Todo sumó para que psicológicamente estuviera hecha un trapo, además del dolor tan brutal que sentía aún siendo una persona que lo aguanta bien.

Ella no desistía y habló con una enfermera, le dijo que quería intentar dar de mamar pero que ella apretaba el pecho y no salía nada. Por la tarde le dio el pecho a su pequeña con la ayuda de una enfermera especialista en lactancia, que le apretó y ¡siii! ¡¡¡salían gotitas de ambos pechos!!! Ella sintió que se subía a una montaña rusa de emociones. Pero Julia cuenta que la niña no se enganchaba bien, sólo la vez que le ayudó esa enfermera experta en lactancia, y de un pecho nada más. Así que en esos intentos aparecieron grietas, lógicamente consecuencia de una mala postura y por lo tanto agarre. El dolor era tremendo cada vez que hacía uso del saca leches, para colmo se le inflama una herida de la reducción y parecía que le iba a reventar (la herida que tuvo 10 meses abierta), se ve que la piel aún esta muy finita. Ahí fue cuando le dijeron: Julia déjalo, si se te abre hay que ponerte un injerto y vuelta al quirófano…

Entre que estaba como volando en una nube, con unos subidones y bajones tremendos de ánimo, que no atinaba a poner a la niña bien al pecho sola y que por lo tanto lloraba por el hambre, la herida súper inflamada… total… que se dejó aconsejar, o mal aconsejar, según siente ella, fruto del cansancio físico y emocional, así que tomó la pastilla para cortar la leche.

Con el alta, al llegar a casa no dejaba de llorar, arrepentida, pasaban las semanas y se planteaba en cada biberón la posibilidad de relactar. Julia ponía siempre a la niña al pecho, pero nada, su pequeña esperaba por el bibe. Desgraciadamente nunca supo lo que era la teta y la rechazaba, y eso le dolía aún más.

Julia piensa que se rindió muy pronto, que no luchó lo suficiente y está muy arrepentida, yo en cambio veo a una luchadora, a una madre que hizo todo lo que podía hacer estando sola. Si hubiera contado con una experta en lactancia todo el tiempo la historia sería otra, pero eso es algo que ella en ese momento no pensó, no sabía, debían haberlo sabido en el hospital, es que todo el personal que atiende a las madres que acaban de dar a luz debería ser expertos en lactancia, no solo una persona.

Julia muchas veces da el biberón llorando, sufriendo porque no es su pecho el que alimenta a su hija. ¿Podemos ponernos en su piel? Yo si la verdad, aunque no lo haya vivido pero siento ese saqueo de una parte importante de la maternidad.

Relatos así podemos encontrarnos casi cada día las personas que ayudamos a otras en lo referente a la lactancia. Mi intención al contarlo es concienciar a las madres que juzgan alegremente a la madre que da biberón, nunca sabremos qué historia hay detrás de ella, su realidad, su soledad, su lucha. Si, hay madres que simplemente dicen que no a dar el pecho sin problema alguno, cierto, pero eso tú no lo sabes, ni yo, y sea como sea deberemos actuar sin herir sin atacar a la madre, porque el problema es la existencia de unos profesionales de la salud sin preparar sobre la lactancia materna, es un mercado que bombardea a las madres y que incluso comete ilegalidades para aumentar sus ganancias. La culpable no es la madre, es la industria, el negocio…

Quiero que la historia de Julia os cale hondo y antes de hacer daño a otra mujer de la que no sabes nada, centres tus dardos y apuntes a quien debes, no a la madre que en la mayoría de los casos es una víctima más, porque las estadísticas indican que 3 de cada 4 madres no dan el pecho, querían darlo, empezaron a darlo, pero que tuvieron algún problema y nadie las ayudó a superarlo.

Por cierto Julia sigue intentándolo…

Mayka Martín

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