Los bebés, los niños, no nos piden un “te quiero”, ellos no nos andan diciendo: Dime que me quieres, y no lo dicen porque ellos son muy sabios, saben que el mejor “te quiero” nace de un abrazo, por eso los piden tanto.

Los “te quiero”, con palabras son formalismos del mundo adulto, que según la cultura, se dirá de un modo u otro, pero los abrazos son universales y esos los comprendemos nada más nacer. Todos podemos entendernos con un abrazo, sabemos que es cariño, que es protección, que es sostén, es un: aquí estoy, que nos dicen en silencio…

Los bebés son la mejor escuela del cariño, ellos que sin palabras nos dicen tanto, ellos… ¡si que son sabios! Porque todos los bebés del mundo saben mostrar amor y pedirlo sin cambiar la forma de expresarlo, para que todas las madres y padres del mundo puedan entender qué es para ellos lo necesario: tus abrazos.

Y es que todos, sin distinción, quieren abrazos, quieren vivir entre tus brazos, da igual donde nazcan, da igual quién sea su madre o padre, da igual si nace en el agua, en casa o en un hospital, quieren tus brazos, tus abrazos…

¿Le dirías a tu hijo: no te quiero? ¡Jamás! Te dirá cualquier padre, cualquier madre, pero ¿Qué entiende un bebé cuando no le tomas entre tus brazos, cuando le dejas llorar en la cuna, solo, durante la oscuridad de la noche? Le estás diciendo: No te quiero, porque le estás negando el único “te quiero” que conoce: el de tus brazos, pues aún desconoce otra forma de expresarlo.

Cuando en la oscuridad no hay abrazo es la más terrible ausencia de “te quieros” que pueda vivir un niño, porque en la única oscuridad que ha conocido estabas tú, que le abrazabas con tu líquido amniótico, con tu útero, mientras tu latido le iba acunando. Por eso al nacer, esperan el abrazo, descansar sobre tus pechos que es por naturaleza su nuevo hogar. Ahora todo eso no está, pero cada día vuelve a haber oscuridad, y esa oscuridad le recuerda ese abrazo en tu interior que ahora no tiene ni volverá a tener, y precisa el “te quiero” de tu abrazo, y llora porque no lo siente, porque no sabe que le escuchas, porque no sabe si está abandonado o en la habitación de al lado. Por eso quiere sentir tu calor, tu olor, tu latido, tu abrazo, esos “te quiero” que espantarán al miedo, algo que solo es posible si duerme a tu lado.

Cuando tu hijo, o un niño cualquiera, te pida que le cojas en brazos te está pidiendo un te quiero, pero de esos buenos, de esos que se sienten bien adentro, esos que te tocan el corazón, que te acarician el alma, esos que traspasan la piel y hacen llegar susurros mecedores a los oídos sin pronunciar palabra, esos son los verdaderos te quiero, por eso jamás debes negarles tus brazos, porque los abrazos son los “te quiero” que todo bebé, todo niño y toda niña están esperando.

Mayka Martín

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