Os he traducido un artículo de esos que, apoyándose en estudios, queda demostrado que el que un niño lea antes de los 6 años no tiene ningún tipo de beneficio, todo lo contrario.

Espero que os sea de utilidad.

La perturbadora transformación de los jardines de infancia

“Si enseñamos a leer, escribir, restar y sumar antes de que los niños estén listos, podrán memorizar esas habilidades, pero no las aprenderán o comprenderán.”

Una de las características más molestas de los reformadores educativos es que están hipercentrados en los resultados que obtienen los estudiantes pero ignoran cómo aprenden. En ninguna otra parte ese mal dirigido énfasis es más aparente y dañino que en el jardín de infancia.

Un nuevo estudio de la Universidad de Virginia encontró que el jardín de infancia ha cambiado de forma perturbadora entre 1999 y 2006. Se produjo un marcado declive en la exposición a los estudios sociales, la ciencia, la música y la educación física y un creciente énfasis en la instrucción para la lectura. Los maestros indicaron que pasaban tanto tiempo leyendo como en todos los demás temas combinados.

El tiempo pasado en actividades escogidas por los niños cayó más de una tercer parte. La instrucción directa y los exámenes aumentaron. Aún más, cada vez más maestros indicaron que aplicaba el mismo estándar a todos los niños.

¿Cómo pueden los maestros mantener a todos los niños bajo el mismo estándar cuando no son iguales? Aprenden de forma distinta, maduran en distintas etapas -no son iguales-, sobre todo entre los cuatro y los seis años.

¿Es este drástico cambio en el jardín de infancia el resultado de una trasformación de la manera en que aprenden lo niños? No. Un estudio nacional del 2011 efectuado por el Gesell Institute Child Development encontró que las edades en que los niños alcanzan sus puntos de desarrollo no han cambiado en 100 años.

Por ejemplo, el niño medio no puede percibir una línea oblicua en un triángulo sino hasta los cinco años y medio. Esta habilidad es el prerrequisito para reconocer, comprender y escribir algunas letras. La clave para comprender conceptos como la resta y la suma es la “conservación numeral”. Un niño puede ser capaz de contar cinco objetos por separado pero no comprender que juntos forman el numero cinco. El niño medio no conserva suficientes números para comprender la resta y la suma sino hasta los cinco años y medio o los seis.

Si enseñamos a leer, escribir, restar y sumar antes de que los niños estén listos, podrán memorizar esas habilidades, pero no las aprenderán o comprenderán. Y eso no les ayudará a triunfar después.

Expertos de Illinois en el desarrollo infantil dentro de los jardines de infancia comprenden que los niños deben aprender lo que sus cerebros están ya listos para absorber. El jardín de infancia se supone que crea la base para aprender un contenido académico cuando sean mayores. Si se va a empujar a los niños del jardín de infancia a avanzar más rápido, ¿qué dice eso acerca del empuje para “educar” antes del jardín?

A través del juego, los niños construyen las habilidades que necesitan para ser buenos lectores

Jugar es esencial en el jardín de infancia, de hecho para cualquier niño por debajo de los cinco años. A través del juego, los niños construyen las habilidades que necesitan para ser buenos lectores. Hablando entre sí en juegos socio-dramáticos, los niños emplean el lenguaje que escuchan a los adultos decirles o leerles. Ese proceso facilita a los niños encontrar el significado de esas palabras.

Existe una amplia gama de niveles de desarrollo aceptables en el jardín de infancia; por ello una clase fluida permite a los maestros observar donde se encuentra cada niño y ajustar su currículo de acuerdo al mismo.

Dos grandes estudios han confirmado el valor del juego contra la enseñanza de las técnicas de lectura a los niños más pequeños. Ambas comparan a los niños que han aprendido a leer a los cinco años con los que aprendieron a los siete y pasaron sus primeros años en actividades basadas en el juego.

Aquellos que leían desde los cinco no tenían ninguna ventaja. Aquellos que aprendieron a leer después tenían una mejor comprensión a los once años…

Aquellos que leían desde los cinco no tenían ninguna ventaja. Aquellos que aprendieron a leer después tenían una mejor comprensión a los once años, porque sus experiencias iniciales jugando habían mejorado el desarrollo de su lenguaje.

Sin embargo las actuales políticas educacionales prohíben el juego en favor de la instrucción directa de contenidos académicos inapropiados y exámenes, prácticas que carecen de efectividad en los niños pequeños.

La ley No Child Left Behind Law ha interpretado un papel importante en cambiar el jardín de infancia. Asignaturas superiores fueron impulsadas en la creencia equivocada de que aprendiendo a leer antes los niños se comportarían mejor en exámenes estandarizados. Temas sobre los que la ley no insistía perdieron énfasis. Los legisladores insistieron en que los exámenes estandarizados confirmaban la lectura en edades tempranas, aunque esos exámenes son inválidos para niños por debajo de los ocho años.

Esos cambios tienen el peor de los efectos en nuestros niños más vulnerables. El estudio de la Universidad de Virginia encontró que en escuelas con un mayor porcentaje de niños de color y niños elegibles para comidas gratuitas o rebajadas, los maestros mostraban mayores expectativas de mejor comportamiento estudiantil.

Para empeorar las cosas, los redactores del cuerpo central de la ley ignoraron la investigación sobre el desarrollo infantil. El 2010, 500 expertos en desarrollo infantil advirtieron a los redactores que los estándares invitaban precisamente al tipo de prácticas dañinas que inhiben la enseñanza: instrucción directa, contenido académico inapropiado y exámenes.

Esas advertencias no fueron oídas.

“Estos autodenominados líderes educacionales no tienen ni idea de como aprenden los niños”.

En consecuencia, el cuerpo central exacerba prácticas inapropiadas para el desarrollo en alza desde la Ley NCLB. Los maestros hacen sus informes teniendo que presentar los estándares en el aula antes de cada lección preparada, como si los niños de cinco años supieran leer o les preocuparán lo que dicen. Cronometran a los niños sumando y restando, y les enseñan a preguntar formulando cuestiones sobre el “mensaje del autor”. Todos los niños son entrenados en las mismas habilidades al mismo tiempo. Un maestro se lamentaba de “que no queda espacio para el juego”. Otro escribió “Estos autodenominados líderes educacionales no tienen ni idea de como aprenden los niños”.

Tal vez satisfaga a los políticos ver a los niños realizar tareas inapropiadamente difíciles, como animales de circo entrenados. Sin embargo, si queremos que nuestros jóvenes en realidad aprendan, deberemos pedir el retorno de un jardín de infancia apropiadamente desarrollado.

Autora: Wendy Lecker, columnista del Hearst Connecticut Media Group y abogada principal de la Campaign for Fiscal Equity project at the Education Law Center.

Traducido por Crianza con Apego Natural

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