Todos y todas tenemos un pasado más o menos acertado. Todos y todas tenemos derecho a rectificar nuestras vidas, a aprender, a evolucionar, a sanar, a curarnos de conductas o pensamientos dañinas que suelen ser producto de haber sido maltratados en la infancia, y yo lo fui y mucho, más de lo que me permito contar, de eso te vuelves consciente cuando vas leyendo, vas profundizando en la crianza con apego. Comienzas a ver que si haces una serie de cosas no es porque sean las correctas, ni siquiera las deseas hacer verdaderamente, es porque el niño o niña herida te empuja a hacerlo, Alice Miller te ofrece una luz capaz de hacer retroceder cualquier oscuridad que poseas dentro, la recomiendo encarecidamente, a mi me devolvió la luz hace unos años.

“Así pues, cuando aparece un hombre y empieza a hablar y a comportarse como el propio padre, hasta el individuo adulto olvidará sus derechos democráticos o no se dará cuenta de ellos, se someterá a aquel hombre, lo aclamará, se dejará manipular por él, depositará en él su confianza y, por último, se entregará a él sin reservas y no será consciente de su esclavitud, como no somos conscientes de todo cuanto signifique una prolongación de nuestra propia infancia.” Alice miller

Todos y todas tenemos derecho a variar de camino, tenemos derecho a recapacitar, a aprender, a seguir creciendo… Quienes no contemplan el derecho al cambio de las personas tiene un nombre, las actitudes totalitarias están presentes en muchas personas, personas que sentencian y condenan sin siquiera ofrecer la posibilidad de un juicio legal. En España, igual que en cualquier país democrático, puedes arrepentirte de haber defraudado millones de los contribuyentes y se te perdona. Incluso puedes haber puesto bombas o propagado la orden de matar a personas por ideas políticas y se te perdona. Con unos años de cárcel, tras haber violado, matado a una menor, aún sin que permitas que se encuentre el cuerpo de la víctima, la sociedad democrática te perdona… tan solo debes decir haber cambiado, bueno, en algunos casos ni tienes que admitir querer cambiar la verdad. Pero parece que hay quienes no contemplan ese derecho a cambiar de ideas a una persona a pesar de no tener ni las manos manchadas de sangre, ni haber robado, ni haber hecho daño jamás a nadie. No hay derecho al cambio, al reconocimiento del mismo ni siquiera si esa persona hace unos años que propaga el respeto, la tolerancia, la paz, el entendimiento ¿Qué son las personas: su presente o su pasado? Esa es la pregunta que me hago yo hoy. ¿Siempre eres lo que hiciste hace 5 años? ¿o lo que eras a los 20 años? Pensaba que las personas eran su presente, su actitud en el hoy, sus luchas, sus palabras, sus acciones AHORA. Pero para algunas personas que dicen creer en la libertad, en la tolerancia, en el respeto: no. Para esas personas no tienes derecho a cambiar, a recapacitar, eres condenado a cadena perpetua para siempre a tal punto que llegan al acoso, si al acoso. Te arrinconan deseando que te quites de en medio o que quizá permanezcas con “los malos” para siempre ¿y si ya no es tu lugar? ¿y si en ese lugar te tienen amenazada de muerte? ¿sólo te queda… el qué?

“El odio reprimido e inconsciente tiene efectos destructores, pero el odio vivido no es veneno, sino uno de los caminos por los que se sale de la trampa del disimulo, la hipocresía o la franca destructividad. Y uno, en verdad, se cura cuando, libre de sentimientos de culpabilidad, deja de exonerar a los auténticos culpables, cuando uno se atreve a ver y sentir por fin lo que éstos hicieron.” [Alice Miller “El saber proscrito”]

Mientras que en España el acoso escolar sube alarmantemente nos preguntamos ¿por qué? Todo tiene su raíz en la infancia, en el nacimiento, en la crianza, y los niños del presente son los testigos de una generación de adultos que han tenido serias carencias afectivas, son los que durmieron en cunas, sin teta, llorando hasta asimilar su soledad, que nacieron con epidurales e innecesarias, sintiendo el terror de la madre y el maltrato al cuerpo que le daba vida, son los que escuchaban “no le cojas en brazos que le mal acostumbras” mientras enjugaban las lágrimas en la soledad de una sillita de paseo, son los del tarrito y el “cómetelo todo o te quedarás sin postre”, son los que sufrían azotes con el amparo legal y social y la amenaza del “si no te portas bien…”, “si no eres obediente…” o los que “si no haces eso no te querré…” “si no le das un beso a la abuela yo tampoco te querré a ti”… Ahora ellos son los padres y madres, muchos intentan poner remedio a todo ello pero aún no han comprendido que es su ejemplo también parte imprescindible para el cambio, para que la educación respetuosa sea completa, integral.

“Toda ideología ofrece la posibilidad de descargar colectivamente los sentimientos reprimidos conservando a la vez el objeto primario idealizado, que se transfiere a nuevas figuras autoritarias o al grupo entero como sustituto de la simbiosis -ya perdida- con la propia madre. […] Como toda ideología tiene a su vez un chivo expiatorio fuera de su extraordinario grupo propio, aquel niño débil y despreciado desde siempre, escindido, que pertenece al Yo pero que jamás pudo vivir realmente en él, podrá ser nuevamente despreciado y combatido.” Alice Miller

Cuando te acosan por las redes sociales, es como cuando te acosaban en el colegio, pero sin fronteras, sin límites, se meten en tu casa, si, están a tu lado. Cada vez que coges el teléfono, porque te llega una notificación, se cuelan en tu casa para insultarte y calumniarte, para hacerte tanto daño y que finalmente no desees vivir. Te amargan la sonrisa de tus hijos, rompen la paz de tu hogar, y te roban la creencia, la esperanza, de que la humanidad tiene un corazón dispuesto a enjugarte las lágrimas que durante toda la vida te ha tocado verter, que lo feo eran unos pocos, y no casi todos… Luego dirán: “no sabía que estaba tan mal”, o quizá les dé exactamente igual aunque de cara a la galería finjan estar apenados, compungidos. La crueldad de los adultos es infinita, y ellos si poseen conciencia total de sus acciones, no son niños o niñas, cuando no permiten el derecho a rectificar, a cambiar, a mejorar, cuando no conceden derechos humanos a otro, cuando son jueces y ejecutores: no, ese no es un buen ejemplo de padre/madre respetuoso y su ejemplo es el que sus hijos seguirán, no tienen que estar enganchados a las redes, los niños y niñas perciben y captan tu espíritu, y escuchan, y de nuevo se perpetuará el horror, de nuevo otra víctima más en su camino dejando claro quién da derechos y quienes los quitan.

Soy la resulta de todos mis años de vida, lo que más agradezco son mis errores porque sólo de ellos y de mis caídas he aprendido, son las lecciones de la vida. No, no soy perfecta, de serlo no tendría absolutamente nada que comunicar.

Mi presente habla de mi, mis palabras, mis acciones, mi forma de vivir, de ser y luchar por un cambio social donde la crueldad, la intolerancia, el maltrato, la violencia no tenga cabida. Esta es la que soy hoy para quienes deseen abrir los ojos en tiempo presente.

No es la primera vez que soy víctima del acoso en la red, al menos esta vez tengo tribu, y por lo tanto es muy diferente, y aquí seguiré, defendiendo mi AHORA, guste a quien guste o disguste a quienes disguste.

“Una vez conscientes de los traumatismos de la infancia y de sus efectos podremos poner término a la perpetuación de la violencia de generación en generación” Alice Miller

Mayka Martín

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