“Nos han enseñado a creer que todo es posible, pero no nos enseñan que no somos dioses, que a veces hay cosas que si que serán imposibles, como lo es cambiar nuestra infancia cuando nos la han llenado de gritos, golpes, insultos…”

A menudo tenemos añoranza de haber tenido algo que no hemos podido tener, no hablo de cosas, hablo de vivencias, sentimientos, personas, no es un planteamiento material, sino espiritual el que estoy haciendo. La añoranza puede ser algo constructivo, que nos reactive, aunque normalmente lo vivimos de modo fagocitador, triste.

Hablaba ayer con una familiar, una mujer que perdió a su madre al nacer, es decir, su madre murió en el parto, esto ha hecho que no se haya planteado tener hijos. El compartir red social hace que ella esté viviendo a diario lo que es la maternidad, mi perfil es un 99,9% maternidad, crianza. La maternidad puede herirte, la ejerzas o no, ella está ahí, latiendo dentro de cada una de nosotras, con y sin embarazo, está en la memoria de ser y estar de nuestra propia madre en nuestras vidas, también en la ausencia.

Por fortuna ella tuvo una madre finalmente, mi abuela, a la que dediqué mi libro. Ella tenía ya seis hijos, con ella fueron siete, y por más que hizo por darle todo el amor que necesitaba, tirando ella sola con los siete y trabajando dentro y fuera de casa, fue muy complicado lógicamente llegar a todo. Ella no perdió a su madre en un parto en casa, la perdió en un hospital, lo aclaro porque hay quienes creen que en los hospitales nunca pasa nada. Que yo hable tanto de maternidad la remueve mucho, es normal que se sienta así, estar en contacto con alguien que toca tanto el tema es normal que le haga emerger esas heridas, y que, aunque no haya sido madre, le haga sentir la ausencia, el vacío de la propia, porque ella no añora ser madre, añora a SU madre, la que sintió durante 9 meses. Yo tengo una madre, y como le dije ¿me ha garantizado tener una mamá de verdad? Es evidente que no, pero esa añoranza de desear una madre amorosa no me hace entristecer sino trabajar para tenerla en mi misma. Yo procuro que a mis hijos no les falte un beso, un abrazo, todo ese calor de madre que me faltó, intento por todos los medios que no les falte a ellos, así, de este modo, encuentro a la madre que me faltó a mi misma. Del mismo modo les escucho, me esfuerzo por llegar a ellos, lo hicieran conmigo o no, yo construyo mi Ser desde lo positivo que tuve, desde lo soñado y lo que jamás tendré porque mi infancia ya pasó. No podemos alterar el pasado pero tenemos todo un futuro por delante, algo que construimos a cada paso, con cada palabra, con cada silencio. Cuando te alimentas del pasado, habiendo en él cosas muy dolorosas, vamos tragando veneno poco a poco y eso nos limita, nos apolilla las alas, nos ancla los pies al suelo, nos rodea de ruido impidiendo que seamos conscientes de voces, incluso las propias, que nos devuelvan la paz, la calma, la reconciliación con nosotros mismos. Revivir las heridas es herirnos nosotros mismos en presente, es empuñar el arma que nos hará caer de nuevo, una y otra vez.

Nos han enseñado a creer que todo es posible, pero no nos enseñan que no somos dioses, que a veces hay cosas que si que serán imposibles, como lo es cambiar nuestra infancia cuando nos la han llenado de gritos, golpes, insultos… Hay quienes no han tenido infancia, hay quienes prefieren olvidarla, a algunos nos la han robado, así, de repente, como cuando cortas una rosa, sin permiso y ésta empieza a morir. Pero no somos una rosa, no somos el pasado, ni la herida, y si que somos capaces de sacar lo positivo del pasado, de usar el dolor como lección de lo que no deseas procurar a otro en tu vida, puedes valorar que eres quien eres gracias al pasado, que haber sufrido te acerca mucho más al que sufre, que te hace poder llegar hasta el epicentro de su dolor para así poder recatarle, haber sido un niño o niña no escuchado te permite identificar cuando no estás escuchando, qué sordera es la que más duele, te vuelves muy consciente de cuánto daño se puede hacer a un niño y cuánto le torturarás durante toda la vida con eso que le estás haciendo siendo pequeño, indefenso, y queriéndote tanto que hasta sea incapaz de contar, durante años, que quien más amaba fue quien le hizo más daño.

Mi familiar perdió a su madre, yo nunca la tuve estando presente. Ella finalmente encontró a otra madre que la crió, le dio amor, cariño y yo he dejado de buscar en mi madre un imposible, algo que no existe más que en mis sueños. Yo he dejado de soñar con una madre para centrarme en Ser la madre y la mujer que soy, ella igualmente ha dejado de soñar con volver a su parto y salvar a su madre aunque ella no sobreviviese porque es su imposible y debe ser la Mujer que es, que decidió no ser madre pero que es la mejor de las hijas que una madre puede tener y así lo está demostrando.

Mayka Martín

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