Nos venden la maternidad envasada, esa llena de artificios, que cuesta mucho dinero y que busca sustituirte en todo momento lanzándote el mensaje de que estar con tu bebé y cubrir sus necesidades emocionales, de apego, es una carga. Claro, el instinto se rebela, y salvo que tengas acceso al trato con mujeres empoderadas o descubras el mundo de la crianza respetuosa, vives la maternidad como una guerra constante, lo que socialmente se te dice que debes hacer y lo que tu bebé te solicita son abismalmente opuestos. La pena es que el enemigo es tu bebé, al que pintan como un egoísta que te pretende quitar el sueño, el tiempo y hasta tu estupendo físico… es tu hij@

¿Y qué es el físico? ¿Quiénes dictan cuál es el mejor físico? ¿Por qué debemos gustar al mundo? ¿Por qué tengo que tener una talla determinada o un vientre plano? Vivimos rodeados de ojos que vigilan si nos portamos bien, si lucimos bien, si cumplimos bien, si acatamos la norma, si pensamos lo que debemos pensar… El conductivismo de nuestras infancias se extiende en la edad adulta, pero en verdad es el conductivismo en la crianza el que asegura la continuidad del mundo jerárquico y castrante que nos asfixia a los niñ@s rebeldes que sobrevivimos en la edad adulta a la rigidez de sus normas. Criar respetuosamente es revolucionario, es rupturista, es sin duda un cambio total del futuro del género humano. Será, además, la única revolución llevada a cabo desde el amor, es el amor y el respeto la mayor fuerza, nuestras armas, las únicas capaces de anular tanto dolor, sufrimiento, injusticias, infancias robadas. Quienes crecen respetados se tornan intolerantes con las faltas de respeto, debemos matar de hambre al monstruo de la guerra que siempre son egos enfrentados, intereses materialistas, posesiones, poder… son apariencias, son envases, artificios. La primera lección adultocentrista es el amor al poder, al ego, a la apariencia, al poseer, ya sea la razón, ya sea el mando el TV, ya sea la capacidad de someter a otros a mi voluntad. El adultocentrista no le da posibilidad de usar el razonamiento al niño, le dice que NO: No hagas eso, no digas eso, no es así, no puedes, no, no, no… Jamás acompaña de razones esas negativas, así pues no educa, ni siquiera cría. Educar es explicar, dar acceso al conocimiento, a la capacidad de discernir por ti mismo en un presente y en un futuro. Cuando ordenamos buscamos la obediencia sin cuestionamientos, y por supuesto faltamos al respeto a quienes pretendemos gobernar, pues quien ordena y manda sin posibilidad de crítica ejerce una dictadura. Muchos hogares no son democráticos, y no lo son porque todos no poseen los mismos derechos, porque existen leyes incuestionables que disfrazan de límites, porque hay monarcas a los que llaman padres y madres a los que se les debe obediencia ciega, ¡ni siquiera tienes derecho a poner una mala cara, a enfadarte! A esos “reyes” incluso se nos dice que les debemos hasta la vida…

Me decía hace poco mi hija mayor que me debe la vida ¿Qué me debe a mi la vida? Mi hija no tiene deuda alguna conmigo, quizá yo si que la tenga con ella porque me transformó. Ella, por ser mi primera hija, me hizo ser madre, revolucionó mi psique, mi vida, me hizo ver más allá de mi ombligo, de mis necesidades de mis YO. Cuando eres madre no hay un Yo que no matice la necesidad de tu hijo y esto es así porque te has multiplicado, porque sientes de verdad que, aunque libre e independiente, tus hijos son tu vida. Da igual que tengan 25 años, la conexión está unida a la totalidad de la existencia de una misma, no sabría olvidarme de mis hijos en ningún momento. Mi hija jamás me deberá algo porque no le hice un préstamo, no hice algo buscando un pago de vuelta, no partimos de una relación en la que hay una base del “tu me debes una”. No me deben el que les haya parido, no me deben las lactancias, no me deben las noches sin dormir, no me deben nada de nada, la maternidad es un regalo que nos hace nuestro género, por eso es tan maravilloso ser Mujer.

Yo quiero que sientan que nada me deben, que si me aman sea por cómo he sido tratándoles, no porque me deben amor y respeto desde su nacimiento. Parirles no me dio derecho a que ellos incondicionalmente me quisieran y me respetaran, esos sentimientos debo de ganarlos a diario, durante toda mi vida. Así que no me deben nada, ni ella, ni ninguno de mis 4 hijos, yo en cambio si que les debo a ellos cada una de las Maykas que he sido, el grado de madurez que cada uno de ellos me ha hecho alcanzar. Les debo mis hermosas estrías, mis tres cesáreas que me recuerdan los momentos más importantes de mi vida, les debo mis kilos de más y de menos y lo que amarlos ha significado en mi empoderamiento, amo esas huellas, he aprendido a amarlas ¿Qué estoy loca? ¿Qué maquillo la maternidad? Pues creo que no, creo que loca es la que somete a dietas que ponen en riesgo su salud, o peor aún: a operaciones. Creo que quienes maquillan la maternidad son las que al mes de parir pueblan las redes sociales de instantáneas mostrando cuerpos perfectos a los ojos del mercado capitalista, que ha hecho de la mujer un objeto de consumo que debe cumplir con sus controles estéticos para ser de “calidad”. Yo me siento de calidad, yo tengo calidad porque mi valor no caduca ni se ciñe a la opinión de un mercado, cultura o sociedad.

No me deben nada mis hijos, así como ellos, tú y yo no nos debemos al mercado, no debemos nada a nadie porque somos libres. A mi los únicos lazos que me unen a otras personas son los del amor y el amor no crea deudas sino vínculos que nos fortalecen y nos facilita el ser felices. No envasemos la maternidad, ni los sentimientos, ni nuestras vidas, no convirtamos en transacciones nuestras relaciones, no esperes de vuelta el amor que des, no esperes que te amen como tú lo haces, porque será egoísmo.

Mayka Martín

 

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