Ese día no era como otros, mecido en tus aguas, arropado por el susurro de tus conversaciones, sintiendo la mano insistente de papá provocando mi movimiento, ese día era diferente, algo me hacía sentir distinto. Todo ese entorno protector parecía decirme: te toca salir pequeñín, no es que no desee que sigas dentro, aquí, es que ya no cabes, ya no hay más sitio, todo lo que te podía dar te lo he dado, y todo lo que me queda por darte tendré que hacerlo desde fuera de mi cuerpo.

A veces era como si hablara con mamá sin hablar. Su cuerpo me habla, me canta, me besa, me acaricia, no sé qué más -tan hermoso- podía darme.

Entonces mi casita empezó a apretarme, no me dolía, pero era incómodo y yo poco a poco me iba acoplando, moviéndome hacia donde tenía más hueco… De repente el hueco era como una suerte de precipicio, había algo que me traspasaba los párpados, mucha luz. Lo que eran susurros empezaron a ser voces, y ese canal me empujaba hacia esas voces, luces, frío… y el miedo atroz…

Y de repente caí… unas manos, ¡otra piel! ¿Sería mamá? No, no olía a mami, su voz no aceleraba mi corazón de felicidad, era alguien… me daba miedo, no sabía que en el mundo hubiera alguien más que mamá y papá, y allí había mucha gente que hablaba muy alto, había frío, sentía que me caía, que me podía caer.

Ya no había un abrigo a mi alrededor que me mantenía abrazado todo el tiempo. Abría mis brazos buscando sus paredes, su humedad, buscaba tocar a mamá para saber que estaba aún ahí, en ese universo desconocido y frío.

De repente, me dejan quieto encima de algo, huelo… y el corazón me brinca de alegría, aunque sigo llorando. Sus manos, esas que siempre había soñado, me tocaban, lo sé porque reconozco su forma de acariciar… intentaban darme ese abrigo de su útero. La oía, ya no era un susurro, era ¡su voz! ¡qué bonita era, la más bonita de todas las que oía a mi alrededor! Lloraba, no sé porqué.

Mamá me acariciaba y de vez en cuando otras manos, y la forma de acariciarme me dijeron quien era ¡era papá! Papá es más áspero, más inseguro, me toca con miedo, duda… y me habla y sus susurros dejan de serlo en mi mente para reconocer y escuchar por primera vez la voz de mi padre ¡papá! Los dos están conmigo, no he perdido mi mundo, he ganado un universo, y entonces dejo de llorar, de temer. Todo es blandito en mami, su aliento, su mirada, la amo más que a nada, ella es mía, yo soy ella ahora y durante un tiempo, me lo dirá mi instinto.

Hay otro olor que me atrae, me recuerda al olor del interior de mami, cabeceando, como puedo pues mi cuerpo es torpe, me acerco a una parte de mami más blandita y cálida aún. Me embriaga, me hipnotiza, algo me lleva allí, a su seno, no sé, el instinto de nuevo… y cabeceo, y busco no sé el qué, pero busco…. y por fin logro prender mi boca de esa parte de mi mami, es húmeda, suave, muy suave y no sé por qué pero succiono, como cuando lo hacía dentro de ella con un dedo, pero el pecho de mamá sabe, tiene un sabor ¿qué es esto? Y entonces succiono más, ¿qué es esto? Mamo con seguridad, con tranquilidad porque ya he aprendido a agarrarme bien a su seno, mientras con mis manitas aprieto su piel, y escucho a mamá sonreír ¿sabéis que todas sonreís cuando se prenden por primera vez? Y sale ese líquido delicioso, dorado, el calostro, espeso, tibio, lleno de amor, y el instinto me hace mirar a los ojos de mi madre y es cuando me enamoro aún más de ella, ella sigue siendo Ella, es mi mundo, es mi refugio, es mi todo es mi otro yo sin el que no puedo sobrevivir. Y mientras me nutre, lo hace no solo con mi cuerpo, también lo hace con mi alma, la llena de amor, llena mi cuerpo de amor incondicional…

Y empieza una historia de amor interminable, porque no se termina jamás. Habrá veces en las que nos enfadaremos, en las que estemos lejos, los años pasaran, dejarás de estar, pero seguirá el amor en mi, y ese amor lo trasmitiré a mis hijos, y mis hijos a los suyos, por eso el amor es infinito, porque una (pa)madre jamás se olvida, sea buena o mala, así que por favor, haz que tu recuerdo sea lo que más ame de este mundo, solo necesito que no me abandones al llanto en solitario, que no me grites o pegues, que no me castigues, que me eduques porque no soy una mascota, que me escuches para yo aprender a escucharte a ti cuando quieres que aprenda algo. (Pa)Mami dame lo que te hubiera gustado tener cuando eras como yo, ese es el camino, el que tú deseabas es el mismo que yo deseo, que el amor nunca me falte mamá, igual que tu niño interior ahora que eres adulta tampoco puede vivir sin amor, imagínate yo mami, imagínate papi, porque tú eres muy importante. No lo cargues todo en los brazos de mamá, tus brazos me son necesarios, igual que tu interés en darme la mejor educación. La mejor educación no es el colegio más caro, es el amor y respeto más puros, es construir buenas personas, no destruirlas ¿sabes cómo se destruyen las buenas personas? Matándoles la niñez.

Cuando iba a nacer dije que no sabía qué más -tan hermoso- podías darme que el amor de tu útero, y lo descubriré cuando duerma a tu lado, mame de tus senos o quizá me acunes mientras me cantes una nana… y quizá sea papá también quien haga eso, menos darme el pecho claro…

Así empieza mi vida, y el día que se acabe seguro que una de las personas que pasará por mi mente en el último segundo seréis tú y mamá, seguro.

Aunque no recuerde este momento, el cuerpo tiene memoria y lo tendrá grabado, es el pilar sobre el que emergerá el humano adulto, son mis pies, mi forma de andar por el mundo lo que marcarán, así que cuidad y proteged el derecho de mi madre a parir como ella desee, porque su libertad y protección en ese momento me mostrarán cómo son tratadas las madres, esas humanas mamíferas que nos traen a todos y todas al mundo.

Mayka Martín

Foto: cabecera de Monet Nicole – Birthing Stories

Nota: Si tu familia es especial, no común, adapta la historia a como sea tu familia, porque es el mundo quien debe adaptarse y no tu forma de amar, y tu mente siempre será capaz de no doblegarse, de eso y más.

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