Si, lo soy, me confieso.

Soy extremista cuando veo que un ser desprotegido es maltratado, no puedo contemplar y callar, no puedo no hacer nada incluso sabiendo que ocurre y no lo veo, por eso estoy aquí.

Soy extremista cuando digo que no obliguéis a comer porque eso socava su autoestima y les convierten en paso de enfermedades como la anorexia y la bulimia que tienen un índice de mortalidad elevado y de cura de menos del 20%. Y hablo desde haber vivido ese infierno durante más de 20 años… soy una superviviente.

Soy extremista cuando he tenido a mis hijos en casa en vez de en la guarde o el cole. Tienen 6 años, aún no saben lo que es estar rodeados de extraños y quedarte solo ahí, podría haberles llevado y trabajado desde casa sin ruidos ni gritos, pero soy una radical que pensó que mi tranquilidad la hallo en ver a mis hijos sanos y felices, no en quedarme sola en casa o irme con las amigas a tomar café. He llegado al extremo de educarles yo.

Soy extremista porque apoyo el parto en casa, a pesar de no saber lo que es parir vaginalmente, quizá por eso sé más que otras sus ventajas y mi dolor intimo es no haber podido dar a luz en el cobijo de mi hogar rodeada de los míos. Los porcentajes de mortandad en los partos en casa es menor a la de los hospitales si se hace con las garantías que obliga la ley ¿lo sabías?

Soy extremista porque no tolero el azote ni el toqueteo. Cuando les azotas permitirán relaciones tóxicas con aroma violento, pero será lo verán normal, creció con ello. Y si hablamos de toqueteos hablamos, soy así de extremista, de abusos sexuales, que más tarde o admitirá como normales, reproducirá, le dañarán psicológicamente, le hará tener problemas en su sexualidad, autoestima y puede que con suerte se vuelva una extremista como yo en contra del abuso si alguien le muestra a tiempo que lo que le hacen no es normal, lo sé por experiencia.

Imagen by Rummey Bears

Soy extremista en la defensa de la Lactancia Materna, pero lo soy más del apego, no me vale una teta de una mami que sufre al darla por falta de ayuda, no me vale la teta que se da con el móvil en la mano, no me valen esas tetadas, me vale la teta amorosa, las otras no. No pienso que dar o no dar pecho te haga mejor madre, esto no es una carrera, y si así lo piensas, te perderás corriendo lo mejor de la crianza… Llego al extremo de nunca juzgar lo que encima no conozco en los casos de lactancia, lo sé por experiencia, he juzgado mal muchas veces… y las afectadas me han abierto los ojos del corazón frente a ellas en mis asesorías.

En ciertos temas: soy extremista, talibana, muy exigente, a veces para mi misma, a veces para todos pues está en juego la salud y vida de un ser humano que a día de hoy es un menor y no tiene voces que le defiendan en igualdad de condiciones frente a los mayores…

Soy extremista y no voy a cambiar, eso si, cada día argumentaré más para que los extremistas como yo, que ponemos bombas de amor, inundemos la faz de la tierra, así el maltrato no llegará casi al 100% de los niños del mundo, ni 7 de cada 10 niños serán abusados (mientras me lees violan a un menor ¿lo sabías?), ni traficarán con ellos sexualmente arrancándoles el alma por siempre.

Dicen que soy extremista porque duermo con mis hijos, porque no van al colegio, porque tienen autoridad en casa, porque los amamanto con 6 años, y digo yo ¿qué les importa a ellos/as si lo que hago lo ampara la OMS? y me lo aplaude el corazón y la razón… ¡y mis propios hijxs!

Así que no pretendan conducirme, no me digan cómo ser, no me digas “así no, porque sino….” no me domestiques, ya soy adulta, llegas tarde… soy una loba salvaje, que huele, lame, muerde si hace falta por sus crías, porque ninguna hembra maltrata a sus hijos, y no seré yo quien traicione la naturaleza sana de mi especie.

Mayka Martín: extremista por naturaleza

Y tú ¿eres otra extremista?

 

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