El auge de la industrialización agravó la supresión de la voluntad y la independencia infantiles
La industria, en sus albores, requería aún más mano de obra que la agricultura, y los niños proporcionaban una cuota importante de ésta. Los niños, junto con los adultos, trabajaban largas jornadas en condiciones abyectas, y a menudo se les pegaba para que no aflojaran el ritmo de trabajo. La mayor parte de la gente siguió dependiendo de un amo, pero ahora estos amos eran los dueños de las fábricas en lugar de ser señores feudales.
Es razonable suponer que, en los inicios de la sociedad agrícola y de la era industrial, las familias que apaleaban a sus hijos para someterlos lo hacían por el bien de éstos. Para sobrevivir en condiciones en que la supervivencia requiere obediencia necesitas ante todo suprimir tu voluntad y aprender a hacer, sin cuestionamientos, lo que se te dice. Pero este estilo de crianza nunca fue del todo exitoso. Por naturaleza, todas las personas tienen voluntad propia, son creativas, y juguetonas. El modo de vida de los cazadores-recolectores es el modo de vida natural para los seres humanos. No es posible cambiar esto, ni siquiera a palos. Por eso siempre habrá rebeliones y levantamientos, aunque signifique arriesgar la propia vida. A las personas no se las puede entrenar para que se comporten como hormigas.

Las condiciones de vida modernas han fomentado un estilo de crianza directivo-protector
Hoy en día muchas personas, por no decir la mayoría, sienten repulsión por la idea de apalear a los niños para lograr someterles; la iniciativa, la creatividad, y la asertividad son en general valoradas en los niños. Nos hemos dado cuenta de que, en el mundo actual, la obediencia no basta. La necesidad de mano de obra no cualificada ha decaído, al ser reemplazada por máquinas, y las personas han de ser creativas y autónomas para encontrar la forma de subsistir. Muchos de los valores abrazados por los cazadores-recolectores están en alza en nuestra sociedad.

Pero, como cultura, no hemos hecho revivir el modelo de crianza de los cazadores-recolectores basado en la confianza. En su lugar, hemos sustituido la crianza directiva-dominante de los tiempos feudales y principios de la era industrial por un nuevo estilo directivo, un estilo directivo-protector. Por múltiples razones, la infancia ha pasado a verse como un periodo extremadamente frágil del desarrollo. Los expertos nos advierten constantemente de los peligros de los que debemos proteger a nuestros hijos. Hemos llegado a creer que los niños carecen de capacidad para tomar decisiones por sí mismos; debemos cuidarlos con esmero y conducirles progresivamente hasta que puedan alcanzar un estadio en el que, algún día, posean esa capacidad.

Se nos dice que debemos proteger a los niños de toda clase de accidentes, con el resultado de que se restringe gravemente su juego y su exploración. Debemos protegerles de enfermedades que pueden contraer con casi cualquier cosa que hacen. Debemos protegerles de los adultos depravados que acechan, supuestamente, en cada barrio, y de la dañina influencia de sus compañeros o de niños de más edad, o adolescentes. Debemos protegerles de su propia estupidez; regularmente aparecen nuevos estudios que pretenden demostrar que los niños y especialmente los adolescentes son, por razones biológicas, unos cabezas de chorlito. Debemos proteger su frágil autoestima elogiándoles constantemente con alabanzas cada vez más vacías, y estando presentes en sus juegos (que organizamos para ellos) y aplaudiéndoles, y planificando sus vidas para que nunca fallen. Y debemos proteger su futuro, como se nos dice que podemos, obligándoles a pasar más y más horas y años de su vida en un sistema educativo del que no se sienten partícipes, y que no conecta con sus verdaderas necesidades e inquietudes.

De esta forma, y con las mejores intenciones, privamos a los niños de hoy de libertad, tanto como hacían las familias de la época feudal y comienzos de la era industrial. No apaleamos a los niños, pero utilizamos cualquier otro medio a nuestro alcance, mientras dependen de nosotros, para controlar sus vidas.

Peter Gray, artículo completo: aqui

Este fragmento del artículo de Peter Gray fue publicado originalmente en Psychology Today. Ha sido traducido al español por Diana de Horna, una de las creadores del proyecto Esto no es una escuela, en cuya página apareció por primera vez esta traducción al español.

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