Siempre se te cae todo, casi no me quedan vasos, ni platos, alguna figura, pero no me importa, importa que cuando cada día se te cae algo, porque vas como en tus nubes, soñando todo el día, al caérsete algo no hay temor en tus ojos, hay responsabilidad y consciencia. Y me miras sin miedo, me miras como diciendo: otra vez se me ha caído y no sé cómo hacer para que esto no pase mamá. Entonces, con mi sonrisa, sin dar importancia alguna, como si me pidieras agua, yo te digo: vamos a limpiarte, a cambiarte de ropa, ahora barro y ya compraremos otro (o no según lo que sea). Y le explico porqué se le ha caído, ella debe tener recursos y que con amor que se los transmita.

Ya vas siendo mayor, seis años, y aún pasa, y siempre actúo igual, siempre me abrazas con amor como diciendo: tú me aceptas tal como soy y no me juzgas ni te enfadas a pesar de que fuera tu taza preferida mamá, a veces lo has dicho en voz alta… Y es que mi taza preferida no existe, existen mis hijos, no las cosas que puedan romper queriendo (investigando) o sin querer. Cuando pasa, para no enfadarme o perder nervios o actuar no respetuosamente, como mi madre me enseñó, tengo un sencillo recurso: recuerdo lo que a mi me hacían si se me caía un vaso o cualquier cosa, porque yo no iba en las nubes, mi mundo era el espacio… Recuerdo los gritos de mi madre, su bofetón, o más que un bofetón, uno tras otro, recuerdo sus: eres una inútil, no sabes hacer nada, no sirves para nada, por tu culpa ya no tengo…, lo haces a posta para que te pegue… recuerdo su cara descompuesta por la ira, recuerdo el dolor en mi corazón de niña, recuerdo estar convencida de que yo era inútil, porque mamá siempre tiene razón y mi madre era la persona que más me quería en el mundo, me había dado la vida, y esperamos ese amor y esa comprensión y pensamos todos los niños sin importar donde hayas nacido. Y si mami dice que soy mala , lo soy… crecí siendo mala, pero solo en mi cabeza, nunca en mis actos, ahora lo sé.

Los animales enseñan sin pegar a sus hijos, pero hay humanos si. “Humanos” que pretenden enseñar actuando como están diciéndote que no actúes tú, entonces tu cabeza se hace un lío, y entre nube y nube te pierdes y vas perdiendo tu corazón y lo peor, la esperanza de que seas una hija que haga feliz a mamá y te quiera algún día. Y asumes que eres tan inútil y mala que nadie te querrá de verdad jamás. Si no lo hace mamá… nadie lo hará.

Yo nunca he conseguido su amor, ya no lo busco, sé que a ella le robaron todo su corazón maternal cuando era pequeña, justo igual que ella quiso hacer conmigo, por eso de criar como se hacía en su casa, pero en mis nubes y espacios había una astronauta que supo contar estrellas en vez de bofetadas, y que subo explorar planetas en vez de hundirse en la oscuridad del maltrato. Recuerdo mis sueños porque me aferré a ellos, eso me hizo sobrevivir, sobrevivir porque es el alma la que debe hacerlo, por eso hoy te abrazo cuando se te cae algo hija, e intento llevarte a mis espacios, a mis nubes de algodón dando saltos, porque deseo tu corazón íntegro y capaz de crecer para que regales al mundo bondad y no miedo, ira y carencias en tu autoestima, como hice yo antes de llegar a quien soy hoy.

No hay nada más valioso que tu hijo o hija, cuando creas que vas a explotar, cuando rompa eso que tanto apreciabas, piensa bien a quien aprecias más, porque hieres su corazón, y eso no es cuestión de tiritas o pegamentos súper rápidos, las heridas de la infancia, son heridas para toda la vida, si no nos dan recursos para superarlas.

Tú estas leyendo esto, tú quieres romper el pozo oscuro con tu súper cohete y salir destino a tus nubes, al espacio y saltar, y volver a soñar junto a tus hijos, recuperar y abrazar a tu niño/a interior, date prisa: te está esperando.

Mayka Martín

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