En primer lugar no podemos hablar de feminismo, sino de feminismos, eso debe quedar claro, y que feminismo no es igualdad, es igualdad de oportunidades, no somos iguales física ni psicológicamente a ellos, por lo tanto las madres del feminismo nunca buscaron la igualdad como se da a entender, sino la justicia social. El mal entendimiento de las palabras da lugar a graves confusiones.

El feminismo es un movimiento que lucha por alcanzar la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, que defiende los derechos humanos y que, durante años, ha intentado romper con el patriarcado que se ha instaurado en algunas sociedades.

A veces me preguntan porqué hablo tanto de maternidad o paternidad, es sencillo: el mundo hay que cambiarlo, está claro, si no se hace desde la infancia, incluso desde antes de nacer, desde el seno de la madre, será imposible crear un verdadero cambio.

Cuando se habla de maternidad hay quien se ofende creyendo que pienso en la mujer sólo en clave de “paridora”, no pasa así cuando se habla de paternidad, pues es una susceptibilidad que ha sembrado la sociedad patriarcal en la hembra de la especie. Maternidad es algo que alerta, que apresa, que castiga, que invade según algunos mal llamados “feminismos”… ¿Por qué no los considero feminismo? Porque van contra la naturaleza femenina maternal, se haga o no uso de ella, el instinto está ahí seamos o no madres algún día, los ciclos, la naturaleza cíclica no dejamos de tenerla ninguna y es ésta parte de lo maternal.

[…] surgen los primeros movimientos feministas, alcanzando su máxima relevancia y difusión en torno a los años setenta del pasado siglo, gracias en buena medida al contexto histórico del momento, donde las asociaciones de mujeres se hermanaron con otros muchos movimientos sociales y contraculturales para exigir los derechos de los que siempre habían estado privadas las mujeres. Y es precisamente sobre este clima reivindicativo donde comienza a fraguarse la idea de que la maternidad supone una carga más para la mujer, que por entonces comenzaba a abrirse paso en un mundo de hombres dentro del terreno laboral, profesional e intelectual.

Patricia Terrino, en Rebelión (Feminismo y maternidad)

El instinto maternal no nace con un embarazo, ni con un deseo de éste, ese instinto es el de cuidar, proteger a los niños y niñas de su comunidad, y lo tienen hombres y mujeres. Nosotras es instinto maternal y ellos paternal, y quien carezca de ese deseo de proteger tiene un problema seguro de base, de su propia infancia, palabras del doctor González, no es solo mi opinión.

Evidentemente esto es un grave error, ir contra lo maternal, pues se desee o no, la maternidad suele estar presente en la vida de la gran mayoría de las mujeres, y atacar esa faceta femenina es atacar a la gran mayoría de las mujeres, las que por libre elección decidimos serlo. Tan malo como atacar a las mujeres que trabajan fuera de casa, que deciden dedicarse a su carrera y han decidido no ser madres ¿No defiende el verdadero feminismo la libertad de decidir? Ningún movimiento que se precie de defender a la mujer, y no a otros intereses, puede atacar esta capacidad natural de dar vida y disfrutarlo como un don más del hecho de ser mujer madre o mujer sin serlo.

Mi postura feminista es muy particular, choco con frecuencia con unas y con otros, pero por fortuna los años me han permitido leer, formarme y sobre todo ¡vivir! Y ha sido la vida la que me ha dado las lecciones más sabias. Siempre quise ser madre, pero sin valorar en su justa medida la maternidad sentía recelos y lo que menos valoré fue la necesidad de mi, de la madre en la que me convertiría, y del bebé. Pensé incluso eso de que me lastrarían, que me impedirían hacer y vivir cosas, me volverían una inválida (de no valer) social. Luego fui madre, mi revolución interior y exterior no iban de la mano, la interior fue y es la más poderosa, y abrí los ojos y miré, miré al ser que dependía de mi, pero no me lastraba él o ella, en este caso ella que fue la primera en nacer. Mis prioridades cambiaron, de forma natural, se produjo dentro de mi una lucha, una puja: la mujer independiente feminista libre y con mucho carácter, con la mujer independiente feminista libre y con mucho carácter que ahora se debía durante un tiempo a la responsabilidad de satisfacer las necesidades imprescindiblemente venidas de mi, de otro ser humano que ni me pertenecía ni realmente me pedía más que amor, atención, su vida y salud dependían de mi.

“Cuando una mujer se levanta por si misma, posiblemente sin saberlo, sin reclamarlo, se levanta por todas las mujeres.” Maya Angelou

Algo hizo clic en mi mente, en mi corazón, y vi que había opiniones y posturas que realmente traicionaban a la mujer y la ponían en disposición del patriarcado sin ser conscientes. Cuando nos obligan a ceder algo primordial de nuestro Ser, como lo es la maternidad, a favor de las necesidades sociales o laborales. Eso no era libre elección, y es algo que durante la existencia del ser humano se había hecho con la paternidad, dando lugar a una casi desvinculación total y emocional, en muchos casos, del hombre con sus hijos, al menos los primeros años, algunos les hacen caso cuando tienen 5 ó 6 años, cuando la sociedad les dictaba que debían encauzarlos dentro del orden social establecido. Mi padre, por ejemplo, pescador ¿no se ocupaba de nosotros realmente cuando pasaba toda la noche en alta mar, y dormía durante el día? Claro, aunque lo ideal es el contacto físico, la conciliación paternal es imprescindible para que culmine la maternal por ser un hecho.

Ellos también están atrapados, pero no lo saben, algunos luchan gracias a la crianza respetuosa con un Yo masculino contra natura, otros siguen peleando por mantener este aberrante orden que nos anula y roba emociones para sobrevivir y así hacerles nuestros dueños y los dueños de la vida de nuestros hijos e hijas sin remedio.

Pero el bebé continuum no parece ser apto para las modernas sociedades occidentales, donde las madres que hemos decidido atender a nuestro instinto natural y luchar contra las imposiciones del sistema tenemos que enfrentarnos cotidianamente a todo tipo de prejuicios y críticas, no solo desde los convencionalismos sociales, sino también desde los propios movimientos feministas, muchos de los cuales consideran a la maternidad una lacra para la liberación de la mujer. Una falsa liberación diría yo, impuesta por nuestra propia cultura y sistema imperante, levantado en torno a un constructo artificial que ha hecho que nos olvidemos de lo que somos en realidad.

Por todo ello hay que luchar, hay que hacer resurgir un nuevo feminismo que salve la feminidad maternal, y el hombre debe luchar por resucitar su fenecida paternidad mamífera, feminismo/masculinismo, pero juntos y juntas somos fuertes, así que mi enemigo lo tengo claro, mis enemigos, los que pretenden robarme el Yo, mi generosidad de mujer ante mis crías, mi entrega a ellas hasta que llegue el tiempo en el que no me necesiten apenas (siempre lo hacen), y volverá esa libertad, y esa insaciable necesidad de Ser, pero con un Yo que ha visto la luz a través de la nueva experiencia que te da ser madre.

“Aunque las mujeres son extremadamente visibles como seres sexuales, permanecen invisibles como seres sociales.” Monique Witting

No, no carecen de luz las que no paren, pero si que no se me puede negar que existe un cúmulo de experiencias que solo el ser madre o ejercer no facilitan y que en mi caso, ni me lastraron, limitaron ni anularon, es más, encontré otro camino un camino que me llena, que me hace sentir empoderada, más libre aún, porque es MI maternidad, es MI Yo maternal, quizá, si hubiera vivido la crianza de mis hijos de modo acomodado socialmente no hubiera pasado, por eso, toda la que sea madre debe luchar porque no les roben su YO maternal, y por eso escribo, y por eso lucho, no solo por los niños y niñas del mundo, también por los humanos encasillados en conductas esclavistas de forma inconsciente, la esclavitud de su espíritu e instintos, esa es la peor, porque se creen libres cuando están arrodillando su Ser y no hay mayor pérdida y pobreza que esa.

Maniatar las manos es más benigno que maniatar el alma, y hoy es el alma la que sufre el encierro. Por eso soy feminista, a mi manera quizá… o quizá no esté sola…

Mayka Martín

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