Los comienzos en la maternidad son duros, muy pocas han tenido un jardín de rosas en los comienzos, yo no conozco a ninguna que en algún momento no se haya sentido desbordada, que en algún momento no haya llorado, pensado que no podía más. Nos han dibujado una maternidad envasada, muy linda en las fotos y anuncios, y esa maternidad no la conozco la verdad, más que en fotos o videos, modelos y actrices… Luego llega la tuya, y la esperas así de perfecta y armoniosa y te sientes… mala madre, imperfecta, incapaz… ¡para nada!

Te toca pasar por la incomodidad del manchado, el puerperio, el real, el que no se toca… que a unas nos dura más que a otras. Recuperarte del cansancio del parto o cesárea, la cura en algunos casos de la misma o de una episotomía (no siempre necesaria). Empiezas tu lactancia y no te haces con ella porque quizá jamás viste a una madre amamantar, porque las crisis son complicadas, y da igual si has tenido más hijos porque cada uno es distinto, cada vez que vuelves a ser madre eres otra madre, otra mujer… más sabia, pero distinta y a la par inexperta en tu bebé ¡claro es otra persona a la que cuidas! Los hermanos comparten sangre, han salido del mismo útero, pero son muy distintos, y debes conocerle, y conectar con él o ella, debes fortalecer el apego y si encima hay hermanos es como tener que ser la madre única de cada uno de ellos, es decir, pensar en cada hijo como único y saciar sus necesidades personales, casi como una psicóloga personalizada digamos y hacerlo en 0,0 segundos de uno a otra… Es muy duro aunque lleno de cosas bellas y maravillosas, por eso algunas repetimos, la mayoría. Compensa más lo bueno que lo malo.

Las dudas siempre están presentes, para ti y hasta para mi misma, las blogueras (al menos esta que te escribe), las madres de familias numerosas, las asesoras también tienen dudas y quien diga que no creo que se engaña a sí misma, nadie lo sabe todo y menos cuando te afecta emocionalmente en primera persona. Cuando eres tú la afectada te ves como en un espejo en tantas madres a las que ayudas e intentas decirte lo mismo, pero es fácil dar consejos y otra cosa aplicárnoslos. Para ello están los grupos de apoyo, la red de madres que poco a poco se está creando en muchos rincones de este país y de otros muchos.

La tribu, los grupos de apoyo, son para mi imprescindibles. La calidez de una mano amiga en la que descansar la tuya, el llorar frente a otra madre que ha llorado o llora por lo mismo que tú, que comparte contigo esos momentos de debilidad, ¡viva el reconocer las debilidades!, es vital para salvar lactancias. ¿Sabes que en muchos grupos de crianza no te miran como un bicho raro si das biberón? En el que yo estoy hay mamis de teta y de bibe y son parte de la tribu igual, porque la madre que opta -o le toca- una lactancia artificial no deja de pasar por la necesidad de apoyo, pasan por las crisis de lactancia y crecimiento exactamente igual pero de otro modo y tienen necesidad de apoyo igual. La necesidad de acompañamiento no es solo para las madres que damos pecho, y los juicios dejémoslos para los jueces, somos madres y todas tenemos en común un amor inmenso por nuestros hijos e hijas, el grupo de apoyo es una fuerza extra, es ese poder cuando sientes que ya no puedes más, pueden darte fuerza suficiente para salvar tu lactancia materna incluso, conozco cientos de casos…

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Cuando tuve a mis gemelos lloré muchos días, sentí la soledad, sentí la impotencia, me juzgué, me dije de todo menos ¡venga Mayka tú puedes! Y eso que ya tenía hijos, experiencia en el cuidado de otros bebés, no solo los propios, pero se me hizo tan cuesta arriba que muchas veces creí tirar la toalla sobre todo en la lactancia. Me sentía fatal todo el día con alarmas en el despertador para extraer y tras extraer amamantar a dos y suplementar con mi leche y decirle adiós a la jeringuilla o cuchara…, me sentía un expendedor de leche y luego casi no tenía fuerzas para los mimos, cambios dobles de pañales, baños dobles con sus llantos, y me decía: qué egoísta has sido de tenerles sola… No tenía pareja que me ayudase y apoyase, si tú la tienes recuérdale que menos dar el pecho todo lo demás puede hacerlo exactamente igual que tú, no te calles y lo asumas todo como una responsabilidad tuya.

Recuerdo que un día entrando en la consulta del médico al verme la doctora, nada más entrar me dijo ¿duermes? Pues una hora seguida máximo seguida, y dos despierta, así toda la noche y el día trabajando y haciendo lo mismo… Me mandó contratar ayuda, pedir ayuda ¿a quién? ¿quién puede costearse eso? porque yo no… nunca me habló de grupos de apoyo ni ella, ni la pediatra, ni la comadrona, todas me dijeron que no podía ser que tuviera que soportar sola todo eso, que caería enferma, nada más, soluciones ninguna, bueno si: el biberón.

Si, lo superé, mis noches sin dormir enteras más de 4 horas seguidas que duraron más de 4 años, conseguí mi lactancia a pesar de mi hipotiroidismo, que eran prematuros (32 semanas), aún amamanto a uno de los gemelos (más de 6 años, el otro se destetó a los 4) mis primeros años fueron muy muy duros, ojalá hubiera tenido los recursos que hoy tengo, los conocimientos ¿qué cómo llegué a tenerlos? Busqué ayuda en la red sinceramente, en los libros (cuando podía leerlos), y descubrí que existían las Asesoras de Lactancia, los grupos de crianza físicos (pregunta a tu matrona o en el mismo ayuntamiento y si no lo creas tú, en las páginas serias de crianza), descubrí una red que día a día se teje para darnos apoyo, digo se teje porque cada día hay uno más. Puedes encontrar en la red una página, un grupo, eso ayuda. Tienes hasta aplicaciones de móvil para consultar problemas que te surjan, con respecto a la lactancia siempre os recomiendo LactApp, es gratis, no existían cuando yo tuve a mis gemelos ¡ojalá! No me hubiera hundido en millones de dudas tras dos lactancias y una de ellas de casi dos años cuando empecé con los gemelos. Era todo tan distinto, ¡yo era tan distinta! Y ellos, mis gemelos, eran tan diferentes a sus hermanos que hasta llevé al pediatra al niño porque tenía demasiados mofletes y creía que tenía algo, una enfermad, que le hinchaba… ¿sabéis como se burló de mi la pediatra? Mi hijo tan solo es así de mofletudo y estaba la mar de bien criado con la teta, muy cansada, de su madre. Pero yo me veía tan imperfecta que el buen estado de salud de mi hijo me pareció una enfermedad o un mal proceder míos, hasta ahí llegaron mis miedos y dudas. Cuando lo cuento la gente se ríe, pero yo pensé que tenía una enfermedad o algo, las dudas me cegaban, no veía lo bueno que hacía y tenía muchas veces siendo una madre imperfecta.

Hoy todo eso pasó, demasiado rápido, si, demasiado rápido… porque todo lo bueno, es tan bueno, que borra todo lo malo. Esto os lo cuento para aconsejaros el buscar esos grupos de apoyo des teta o bibe que no solo eso es la crianza. Para mostraros mis debilidades porque solo desde el ponernos a la altura del otro, solo si miramos de frente con la mirada a la misma altura, y con sinceridad, podemos ayudarnos. Es fácil decir que todo fue maravilloso y lo hice bien, que sabía resolverlo todo, pero mentiría. De esos miedos y soledad nació esta vocación, intentar que otras no se vieran solas, que supieran donde llamar para que le dijeran: anda pasa y tómate un café sin cafeína y lloremos a gusto juntas.

Las cosas del corazón, y la maternidad lo es, deben tratarse a corazón abierto y eso es lo que intento en cada consulta o en lo que escribo ¿qué te expones? Claro, pero las cosas valen lo que arriesgas por ellas ¿no? Y hay quien intenta hacerte daño con esa apertura de corazón, pero merecen la pena todas las demás que te dan tanto cariño… Como en la crianza te quedas con lo bueno…

Busca esos grupos, esa mano amiga, eres la madre que tu bebé esperaba, la ideal, pero humana, mamífera, pero humana, necesitas apoyo, búscalo donde seas escuchada, no eres una alumna ni tu bebé un trozo de barro a moldear. Busca grupos con sabiduría, tolerancia, respetuosos contigo y con tu bebé, donde puedas ser tú sin temer a juicios, donde juzgan no debemos estar las madres y menos cuando empezamos.

Todos te dirán: tú eres fuerte, tú puedes, pero no siempre es así, no te pidas más de lo que puedes porque, por naturaleza, no estamos hechas para criar solas y poder con todo. Necesitamos la tribu, busca la tuya.

Mayka Martín

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