Hoy os hablo de cómo llegué a la lactancia en tándem casi sin darme cuenta.

Cuando empecé a dar el pecho a Marco ( hace ya 3 años y medio), ni pensé hasta cuando quería seguir dándoselo. A medida que pasaban los meses y las complicaciones del inicio ( agarre, frenillo que tuvimos que cortar…), más estábamos disfrutando la lactancia y más bonita me parecía. Y es que si en un principio la lactancia te puede parecer tierna ( alimentar a alguien que es parte de tí, que se quede dormido en tu regazo, con esa manita metida en el canalillo…) , a mí cuando ya tienen la mirada más fija y sonríen, más bonito me parece.

Y es que parece que con sus ojos te están dando las gracias por alimentarlos, por ese ratito exclusivo que SOLO tú puedes vivir junto a él, por poderse quedar en tus brazos durante horas y horas.

Nos fuimos metiendo de lleno ( sin comerlo ni beberlo) , en una lactancia ( no me gusta decir prolongada porque parece que eso lleva connotaciones negativas) DURADERA. 6 meses, 1 año, 15 meses y ……¡ me quedo embarazada de Vega!.

Es en ese momento (que además coincide con aquellas noches toledanas en las que Marco era experto), cuando me paré a pensar hasta cuando quería seguir con la lactancia de mi hijo mayor. Lo consulté con varias asesoras de lactancia y además de recomendarme hacer aquello que me saliese del corazón, me dijeron que o bien comenzase un destete respetuoso o si me animaba, podía hacer LACTANCIA EN TÁNDEM.

Lo que si que me recomendaban y ya había pensado yo, es que no quería hacer un destete justo antes de nacer Vega ya que me parecía injusto quitarle a Marco el pecho porque viniese su hermana.

Así que me informé bien de la lactancia en tándem y pensé que esa sería mi mejor opción. Lo hablé con mi marido ( al que al principio le pareció una locura) y terminó diciéndome que tenía que decidirlo yo y que me respetaría y apoyaría en lo que decidiese.

Si ya con las ” lactancias duraderas” tenemos que oir a nuestro alrededor mil tipos de comentarios, imaginaros con una lactancia embarazada y con la idea de alimentar en tándem a mis hijos : ” se te van a juntar los 2, ¿ qué vas a darle una teta a cada uno?, si amamantas a tu hijo embaraza hay mayor riesgo de aborto….”. ¡ Una locura!

Además, dicen que durante el embarazo la producción de leche disminuye y que muchos niños se destetan solos pero debe ser que a Marco lo poco que tenía ya le valía, o simplemente el pecho le calmaba y era su antídoto para todo. La cosa fue que ¡ NO SE DESTETÓ!.

Al final del embarazo me entraron muchísimas dudas de si había hecho bien o no, dudas de si podía aguantar la presión de dar tomas a dos pero…..¡ me lancé a la aventura!.

10 de Octubre. ¡ Nace Vega!. Un parto genial, todo estupendo y ¡ no noto esa subida de leche en mi pecho porque……mi pecho desde hacía 2 años no había dejado de producir leche!. La niña nace pequeña, se engancha genial al pecho y ¡ empieza a engordar enseguida!. No tuvo que esperar a que me subiese la leche porque su hermano con sus tomas, le estaba facilitando y poniendo en bandeja el menú de cada día.

Así, cuando Marco llegó al hospital, pidió teta y a la vez que la hermana. Fue un momento indescriptible. Ver como Marco acariciaba la mano de su hermana a la vez que estaban compartiendo madre, teta, cobijo y regazo…….¡ fue muy emotivo!.

Las siguientes semanas fueron duras porque Marco pedía más teta que nunca así que fue un no parar que aún no se como aguanté. Además, la lactancia en tándem también tiene sus inconvenientes y en determinados momentos viví bastante agitación del amamantamiento ( ya hablaré un día de ello) y es algo muy muy duro.

Pero fueron pasando los meses. Marco sólo pedía teta por la noche o para dormir. Me planteé un destete porque quizás ya estaba preparado pero la que no estaba preparada era yo ( ¡ qué egoísta suena!) . Y es que un día oí una frase que me encantó:

“Lo peor de la lactancia es que algún día termina”

Y como me da mucha pena hacer algún ritual con la última toma de Marco, decidí que nunca lo haría. Las tomas se iban espaciando cada vez más, ya no pedía por la noche…. hasta llegar a lo de ahora: ya no toma teta casi nunca. Alguna vez me dice: “¡ mamá, qué despistados!. Hace mucho que no tomo teta”. Y entonces me acerco y le doy “su chupito de amor”.

Siempre soñé con un destete respetuoso, en el que él decidiese cuándo y cómo lo haría. Y así ha sido: sin fechas, sin despedidas y sin lágrimas.

La autora tiene un blog: http://yomimeconmami.com/

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