Uno de esos vocalistas que te hacen llegar, te transmiten, y no sabes porqué, ha dejado este mundo, un mundo que le hirió hasta no poder soportarlo más, como les ocurre a muchas personas no pudo más. ¿Y qué tiene que ver con la temática que siempre toco? Al margen de que fuera uno de mis grupos preferidos, me parte el alma saber que decidió quitarse la vida, abandonar este mundo, consecuencia de las heridas de su infancia. Una infancia abusos era el recuerdo de Chester Bennington, el vocalista de Linkin Park que hace unos días decidió quitarse la vida, quizá millones de cuchillas que agudizaban su tormento. Las heridas de la infancia pueden acabar matándote de adulto si no te ayudan, si no alcanzas a encontrar una salida, si esos dioses llamados padres y madres no están a la altura, si no se posicionaron junto a su hijo cuando más lo necesitaba, el mundo se convierte en un infierno del que solo deseas escapar.

Chester apareció muerto en la mañana del jueves en su residencia, varias veces había hablado sobre la posibilidad de terminar con su vida pero quizá su mundo no era el mejor para alcanzar la sanación interior que precisaba. Un mundo de capitalismo voraz, de soledad (por mucho que te rodeen millones de personas que te aplauden e idolatran) al fin y al cabo era difícil verle, ver el sufrimiento que llevaba a las espaldas, pero ¿acaso les importaba realmente a todos los que le rodeaban? ¿no pensaban más en los réditos económicos que en ayudarle? Nos quedábamos con su voz no el desgarro de su alma.

Chester Bennington tenía 41 años, y se ahorcó tras el imborrable recuerdo de una situación de abuso sufrida cuando tenía apenas 7 años. Los padres de Bennington se divorciaron cuando él tenía 9 años, la custodia la obtuvo su padre. Al tiempo, Bennington empezó a abusar de la marihuana, el alcohol, opio, cocaína, metanfetaminas y LSD. Posteriormente logró superar su adicción a las drogas.

“Cuando pienso en ese momento en que era realmente joven, el momento en que era molestado, el momento en que todas esas cosas horribles estaban sucediendo alrededor mío, me estremezco”, dijo Bennington en una entrevista de diciembre de 2016.

Ese fragmento de su infancia, al ser adulto, le condujo a luchar contra el mundo de la drogadicción y el consumo de alcohol (otra droga), que lo había llevado a varias situaciones límite a lo largo de su vida. Su niño luchaba pero no conseguía levantarse, erguirse y gritar ¡NO! Y nadie sabía o intentaba darle la mano más que para salir a un escenario y producir dinero…

“Tomaba 11 dosis de ácido al día. Estaba tan metido en el ácido que me sorprende aún ser capaz de hablar. Fumaba montones de crack, consumía un poco de metanfetamina y me dedicaba a sentarme allí y freakear. Entonces fumaba opio para bajar. Pesaba menos de 50 kilos, y mi madre me dijo que parecía que acaba de salir de Auschwitz”, relató él mismo.
“En 2006 tuve que elegir entre dejar de beber o morir. Hablé con mis amigos de la banda y me dijeron cómo realmente lo sentían. No tenía idea de que me había convertido en una verdadera pesadilla”.

Chester dejó las drogas en 2011, pero no había superado algo aún peor: abusos en la infancia. Puede parecernos un caso extremo, pero depende de cada persona, de su grado de sensibilidad, de cómo viva el suceso, podemos haberle propiciado una herida que poco a poco le haga ir desangrándose hasta morir incluso años después. Millones de personas visitan consultas de psicólogos y psiquiatras heridos, intentando curar heridas de abusos, de maltrato, de conductivismo, de noches enteras llorando esperando ser atendido… Las cifras hablan de un claro aumento de pacientes con problemas de este tipo, niños y niñas que no tienen la infancia de deben tener, que no han sido amados y respetados, infantes sobre los que el mundo adulto vuelca su propia herida y perpetúa, a veces la hace aún más cruda, pero toda la espalda que carga no es la misma. La infancia que se vive con la banda sonora del grito, de la rigidez, puede partir el tallo de la rosa más hermosa, puede silenciar la voz más generosa para siempre…

Bennington se suicidó el mismo día que Chris Cornell cumplía 53 años, su mejor amigo, que también se había quitado la vida meses antes. Las muertes de ambos guardan ciertas coincidencias, pues ambos sufrían depresión y se quitaron la vida de la misma forma…

Hay muchos que como ellos acaban con sus vidas, muchos nunca dirán quienes le dañaron, muchos son anónimos, y es que debemos cambiar la forma que tiene la sociedad de tratar a los niños y niñas porque una sociedad de niños heridos es un mundo adulto lleno de infiernos con capacidad de arrastrar a otros, o quizá finalmente, sumir a toda la humanidad en la oscuridad en la que Chester finalmente decidió abandonarse o entregarse…

Mayka Martín

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