Ayer veíamos por quinta o sexta vez “Siempre a tu lado: Hachiko”, quien la haya visto la recordará sin duda. Es la historia de un perro que guarda lealtad a su compañero humano aún después de muerto éste. Cada día le espera en la estación de tren, espera su llegada, así nueve largos años…

Como comprenderéis es normal llorar, y ahí nos podíais ver, a los tres, llorando a “moco tendido” en el sofá. Mientras esto pasaba me vino a la cabeza esas veces que de pequeña lloraba con alguna peli y mi madre me reñía, o se reía (de mi padre y de mi, él llora mucho con el cine) y hacía que mis 4 hermanos también se burlaran de nosotros por ello. Ello me ha hecho esconderme de todos cuando lloro, llorar a solas duerante muchos años, demasiados. Recordé cuando no me permitía llorar, y me decía que era tonta, que era solo una película, que no era verdad, ¡pero mis sentimientos si eran verdad y sinceros!.

Mientras veíamos la peli y llorábamos, ellos, mis hijos me iban preguntando cosas concretas, por ello es tan bueno que si ven algo estemos a su lado, ellos insistían en que eran actores, incluido el perro, pero que les daba mucha pena que eso hubiera pasado de verdad (es una historia real). Me demostraron entender la diferencia de la realidad y el cine, es decir, ya lo han madurado con sus seis años y medio, algo que yo aún no tenía claro que entendiesen, pero aún así se emocionan. Se emocionan porque es de humanos, porque el llanto es algo que debe salir, vivirse, incluso disfrutarse. Nunca vi llorar a mi madre más que en el día de la muerte de mi abuela, mis hijos pequeños me han visto llorar mucho. Quizá yo, intentando ser como mi madre, hasta profundizar en la crianza respetuosa, retenía mis llantos, me hacía la fuerte ¡como si solo lloraran los débiles!, cuando nada hay más fuerte que quien permite que sean visibles sus debilidades, es la mayor valentía. Es una cosa que mis hijos mayores me reprochaban, que nunca lloré cuando esperaban que lo hiciera, ni siquiera en todo el proceso de divorcio, que nunca me han visto llorar. Y me alegré de que eso haya cambiado en mi, que mis hijos sintieran un acompañamiento en sus llantos, mis brazos, mi comprensión, mi empatía, mi sensibilidad ¡porque mamá también llora!

Puede parecer nimio, pero que nos vean llorar, sobre todo que no les digamos: “venga no llores más, que es solo una peli”, es muy importante. Son emociones, hay que vivirlas, saber vivirlas de forma natural, no estigmatizarlas, no demonizarlas y mucho menos ridiculizar, reírte de su inocencia como hicieron conmigo y hacen con tantos otros niños y niñas.

Luego nos fuimos juntos a la cama, abrazados, hablando aún de preguntas que se hacían sobre la película, explicando qué sentíamos, y asegurando que nunca dejarían solo a alguien que aman igual que hizo Hachiko y que hace mamá…

A veces creemos, erróneamente, que nuestros hijos necesitan a alguien todopoderoso, fuerte como el acero, que nunca se derrumba, pero no, ellos necesitan a alguien que sienta como ellos para que sientan la cercanía y la necesidad de contarnos, de sincerarse, de expresarse sin miedo a ser juzgados como débiles o menos fuertes que papá o mamá. Intentar hacer de dios infalible frente a ellos nos aleja, impone un abismo que nos separa, y ellos necesitan a alguien de carne y hueso, con sentimientos, sin miedo a expresarlos, quieren acompañarnos como nosotros lo hacemos, quieren sentirse necesitados emocionalmente por su MaPadre, aportarles ahí también. Como hacen los buenos amigos que mutuamente alternan los momentos de dar fuerza al otro y que siempre están ahí, acompañando incondicionalmente, en nuestras risas y nuestros llantos, sin juzgarlos.

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