Mi nombre es Marta y soy madre de un niño de 5 años y medio que aún toma LM.

Y digo aún porqué parece que sea un bicho raro, a veces me siento así entre mi familia cercana aunque la mayoría respeta mi elección aunque sé que algunos ni la entienden ni la comparten.

Mi hijo fue un hijo muy deseado que llegó tras un aborto y tres largos años buscándolo y tenía en mente, aunque ni mi madre ni mis tías lo habían hecho, darle el pecho. Lo tenía muy claro y no tenía ni idea de cómo hacerlo. En las clases preparto no te preparan para la lactancia materna, hay buena intención pero poca ayuda, desde mi experiencia creo que es vital el contacto y la ayuda de las asesoras en LM o los grupos de LM.

Mi hijo nació en un parto tranquilo y enseguida me lo “enchufaron” al pecho, digo enchufar porqué si, porqué parece que solo haya una postura para hacerlo y aunque enseguida empecé a tener heridas y me dolía mucho me decían en el hospital que paciencia y que ya mejoraría.

Llegué a casa con la subida de leche y un bebé que lloraba constantemente de hambre por qué no podía agarrarse bien al pezón. Fue muy duro y estresante, entiendo perfectamente a esas madres que desisten y dan biberón. De hecho fuimos al pediatra que enseguida me dio la pauta que tantas y tantas lactancias debe haber dejado por el camino: 10 minutos cada pecho y esperar 3 horas entre tomas y biberón de suplemento. Evidentemente mi pequeño se tomaba el biberón de un trago y yo pensaba, algo aquí no funciona porqué cada vez quería menos el pecho. Empecé a tener síntomas de mastitis para acabar de coronar ese inicio de lactancia tan problemático hasta que encontré un ángel en forma de persona, Alba Padró. Yo en ese momento ya lloraba desesperada porqué quería dar el pecho y veía que no podía y que mi hijo se tomaba cada vez unos biberones más grandes y yo tenía los pechos a punto de estallar. Me pidió le enviara una foto de la boca de mi pequeño cuando llorara para ver si tenía frenillo, fue clara: “¡tiene un señor frenillo!” me respondió pero me dijo que hacia los dos meses, cuando su boca fuera más grande, podría mamar bien y que si tenia paciencia conseguiría una LM sin suplemento. Vi la luz y seguí sus sabios consejos y los del magnífico pediatra Carlos González en su libro “un regalo para toda la vida”. A mi peque le costaba mamar en la posición normal, así que para relajarnos, empecé a hacerlo reclinada en el sofá, vi que le iba mucho mejor y cada día que pasaba mamaba un poco más. Paralelamente me sacaba leche y se la daba como suplemento de manera que me pasé sus dos primeros meses en un ciclo continuo de dar el pecho y sacarme leche que parecía no tener fin, pero como me dijo Alba que pasaría, llegó un día, hacia los 2 meses y medio en que no se quiso tomar el biberón de suplemento… puede parecer una tontería, pero para mi ¡fue un regalo maravilloso!

A partir de ahí y entre alguna que otra obstrucción y mastitis conseguimos una LM plena y empezamos a disfrutar de ella. Y pasó el tiempo y llegamos a los 5 meses, reincorporación al trabajo y yo pensando que quizás se terminaría la magia de la LM, pero no, por la noche sobre todo seguía pidiendo 2 o 3 veces y gracias a ella conseguíamos dormir mejor, porqué como muchos otros niños el mío hasta los 4 años no ha dormido del tirón. A los dos años y medio la pediatra me dijo que ya iba siendo hora de destetar pero yo pensé, ¿qué mal nos puede hacer? él es feliz, yo soy feliz, le ayuda a relajarse, a dormirse mejor ¿por qué debería parar?

En todo este tiempo ha sido un vínculo precioso entre los dos y siempre, siempre con mi pareja. Doy gracias a su ayuda y su apoyo incondicional durante todo este proceso, nunca me ha dicho una palabra en contra, nunca, al contrario, sabe que es el mejor regalo que podemos hacerle. En ese aspecto lo respeto mucho porqué conozco casos de buenas amigas a las cuales su pareja recrimina abiertamente la atención hacia el bebé y la importancia que se da a la LM. Cuando veo estos comportamientos, de verdad, sólo sé que no podría de ninguna manera compartir mi vida con una persona con esa mentalidad, siempre pidiendo una atención que no es propia de una persona adulta y menos aún de ¡tu pareja!

Además mi hijo psicológicamente es muy maduro y siempre hemos creído que la crianza con apego es la mejor manera que conseguir que sea independiente y seguro de si mismo.

Y me siento muy feliz de haber tomado la decisión de seguir cuando los inicios fueron tan duros, lo que demuestra que si madre y bebé tienen a su lado personas respetuosas y que ayuden se puede conseguir siempre una LM feliz. Y lo digo con conocimiento de causa ya que tengo SOP o ovarios poliquísticos, una característica que se asocia muy alegremente a una baja producción de leche, por favor, ¡ni caso! Eso no es verdad, pero es muy fácil hacer dudar a alguien cuando se encuentra en una situación complicada y se siente frágil. Así que por favor, si es tu caso, pide ayuda, búscala, en los grupos de LM de tu barrio, pueblo o ciudad. Y sino por Internet, también puedes encontrar grupos estupendos que te ayudaran y te darán pautas y buenos consejos para que todo marche bien.

¡Míranos a mi y a mi peque! ¡5 años y medio y aquí seguimos! ¡Felices y contentos!

Fotografía de Gaby Riva

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