Ayer mami se la pasó en urgencias, mis hijos estaban conmigo y mi actual pareja. Desde que entré pasaron 6 horas interminables, yo pensé que solo para mi, pero no…

En cuanto pude avisar le dije a mi pareja que fueran a comer, que iba para largo, me preocupaba que estuvieran sin comer, como a cualquier madre lógicamente. Luego le dije que les llevara a casa porque no sabía cuándo me iban a dejar marchar ya que los resultados tardaban mucho, es lo que tiene vivir en la costa en época de veraneo, la masificación está presente en los servicios de urgencias.

Desde que nacieron los gemelos nunca he tenido que ir al médico de urgencias, no sabían qué era eso. Por fortuna, o gracias a una Lactancia Materna de años, ellos solo una vez por fiebres de crecimiento que no se iban. Cuando les tocó a ellos yo entraba con ellos, no había esa incertidumbre que si sufrieron ayer y que yo intuí…

En urgencias la gente entra y sale, algunos no los ven salir, ven a gente salir con pies vendados, ven ambulancias, gente muy mayor en sillas de ruedas… Todo ello les creó un gran miedo, al llevarles a casa sin mamá (estaba su hermano mayor para cuidarles) aún más.

Mientras esperaba mis resultados pensé que todo ello les podía estar creando cierta ansiedad que quizá no me verbalizasen, así que decidí que al volver hablaría con ellos para resolverla, para que no la vivan de una manera quizá dañina para ellos.

Al volver se abrazaron a mi como si no hubiera un mañana, y yo a ellos claro. Me senté tranquilamente con ellos, que no hacían más que preguntarme por mi brazo vendado (había tenido una vía para medicamentos, suero, etc y estaba vendado). Como una madre que revisa a su hijo de arriba abajo para ver que está bien, ellos lo hicieron conmigo, y fue consciente de que en verdad habían sufrido ese tiempo. Lo ideal hubiera sido que la persona que estaba con ellos, mi pareja en este caso, hubiera intuido su estado, pero no todos estamos preparados para “adivinar” qué pasa por la cabeza de los niños, cuántos miedos callan, sufren silenciosamente, inseguridades de las que debemos salvarles informándoles, sobre todo ante cosas desconocidas y que afectan a su principal figura de apego.

Nos sentamos y les pregunté si habían tenido miedo. Como el que se quita un gran peso de encima me dijeron que si, mucho, que no sabían si iba a volver a salir, que si puede que me muriese (imaginaos que desazón para ellos…), que si iba a salir en una silla de ruedas sin poder andar nunca… Quizá por ello se habían estado casi todo el tiempo sentaditos, sin tener la actividad que ellos acostumbran a tener… Les expliqué porqué había tardado, todo lo que yo había vivido cuando no estaba con ellos, porqué había tanta gente. Les satisfice todas las preguntas que me hicieron, conocer quita el miedo ¿sabéis?, les da seguridad y confianza, digamos que les preparé por si hay una próxima vez, o vuelven a toparse con esa experiencia en otras personas o quizá en ellos mismos.

Con esto os cuento y aconsejo estar pendientes de esas emociones, miedos, que callan, que a nosotros nos pueden pasar desapercibidas porque en apariencia están bien, juegan, actúan como si nada, pero están ahí, en sus cabecitas, rondándoles, con miedos a lo que desconocen o no entienden, y debemos estar ojo avizor para detectar y ayudar a exteriorizar, procesar, comprender, darles recursos para que una próxima vez no sufran ese gran miedo solos, que pueden preguntar, que se les responderá. En la vida hay cosas que no siempre van a ser agradables y tenemos que estar preparados para ello, a nuestros hijos e hijas igualmente debemos ayudarles, darles recursos, información, porque no es bueno sentir miedo a solas, un niño no debe tener miedo interior y no ayudarle a entender la situación para que no lo tenga, otra cosa será cuando la situación sea grave realmente y en ese caso acompañaremos. Ponerse al nivel emocional de ellos les ayuda mucho, les prepara en la vida, una vida que saben no será sin una compañía en los momentos en los que teman, para aliviar el miedo, o si no queda más remedio, acompañarlo.

Espero que os haya servido y que comprendáis que muchas veces no os contarán un miedo, y que es bueno, por nuestra parte, detectarlo y aliviarlo para alimentar la seguridad en ellos mismos frente a la vida y sus piedras en el camino.

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