Si, nunca he dormido sola, siempre lo he hecho haciendo colecho. El colecho es compartir el lecho, la cama, y siempre lo he hecho. Hoy me he dado cuenta de ello, siempre he dormido acompañada…

Tengo 5 hermanos, en una casa de apenas 50 metros cuadrados pasé mis 12 primeros años de vida. En una cama de 135 dormíamos las chicas (4), y el más pequeño, el niño, con mi madre ya que mi padre es pescador y no pasaba las noches en casa. El día que dormía mi padre en casa, mi madre ponía una camita plegable para mi hermano junto a la suya, o mi hermano decidía meterse con todas nosotras. Hacíamos malabares, tres en la parte de arriba, dos en la de abajo, pero cabíamos… Todos somos perfectamente normales, felices, con nuestros hogares respectivos hechos en pareja o solitario pero con hijos todos. Con trabajo, sin dependencia a los padres de ningún tipo.

Después, cuando mis padres pudieron comprar una casa propia, compartíamos habitación con una hermana, solo mi hermano tenía habitación propia, que no usaba, porque solía dormir conmigo (soy la hermana mayor). Recuerdo dormir súper bien junto a mi hermano, con el que siento más apego la verdad. Nunca hemos discutido, nos amamos incondicionalmente, le adoro, y ese apego ha recaído en sus propios hijos y su mujer. No sé si es fruto del apego que generó tanto colecho, pero así es, nos une una relación de hermanos de esas idílicas, sin exagerar… incluso en los momentos más duros de mi vida: ahí ha estado y está mi hermano. Saber que tienes a alguien a tu lado sin preguntar, sin cuestionar, sin juzgar, sin mediar un pero te da mucha fuerza, nunca estás sola, yo sé que nunca lo estoy, aunque me valga muy bien solita para defenderme, pero es el apoyo emocional, algo que todos necesitamos por muy fuertes que seamos o queremos aparentar ser.

Luego me casé, y claro, haces colecho con tu pareja… a los dos años vino mi primera hija, que dormía con nosotros. Nada me importaba que a el que era mi marido le pareciera mal que durmiera en nuestra cama pues yo me había criado así y sabía que no tenía nada de malo. Todos en mi familia han hecho colecho, tanto por parte de madre como de padre. Imaginad cuantas críticas en el entorno… terminé por ocultarlo cual delito porque ya no estaba bien visto dormir con los hijos… la modernidad era otra. En las revistas de crianza me decían que debía dejarles llorar hasta que se durmieran, que debía cambiarles a una habitación propia antes del año, aunque llorarán… que si no les hacía caso les haría daño… pero a mi me parecía que no me estaban dando consejos buenos porque ¿cuándo ha sido bueno dejar llorar a alguien solo sin consuelo? ¡cómo soportar oír el llanto de mis hijos sin atenderlo? Decidí ser “una mala madre” o una “consentidora” que es como me llamaban.

Al llegar el segundo hijo también le metí en nuestra cama, era lo más cómodo para poder amamantarle cada hora durante la noche ¡si cada hora! Y me reñían las mujeres de la familia, que si dale cereales (con 2 meses) que si dale biberón (con 3 meses) que si así no descansas. Suele primarse el descanso del adulto a las necesidades de los hijos, es adultocentrismo, no lo dudes. A mi parecer el bebé está desprotegido, es tremendamente sensible, y la necesidad del que es más débil, el que está más desprotegido deben primar, igual que pasa entre adultos ¿no? Y así pasaron los años hasta que un día mi hija mayor decidió dormir sola, tenía 6 años creo. El niño pasó a pedir dormir solo, con intermitencias, con 7 años. A mi segundo hijo le costó más porque pasamos por el divorcio, necesitaba esa seguridad extra, y cada noche que lo pedía ahí estaba el lecho de mami para ser compartido, con todo el amor del mundo y la seguridad que demandaba.

El colecho termina, no se sabe cuándo, y lo tenía muy claro con los gemelos, iba a hacer lo mismo a la hora de dormir. Hoy, los gemelos, tienen 6 años y medio, seguimos durmiendo juntos, sé que un día dirán: mamá quiero dormir en mi habitación, porque la tienen bien preparadita para cuando deseen tomar esa decisión, y se hará con normalidad y total aceptación por mi parte, porque para mi el colecho no es un sacrificio, todo lo contrario: es un regalo de la maternidad. No hay incomodidad al dormir, son tres camas de 90, tampoco hay pesadillas, no hay terrores, miedos en la noche, duermen más de 11 horas seguidas cada día, o más… porque la niña, si mami duerme, no se levanta y a veces vuelve a dormirse mientras me mira y acaricia la cara o besa. Evidentemente yo me hago la que sigue dormida para saborear ese momento en el que me da amor sin que sepa que yo soy consciente y pienso que es de lo más bonito de ser madre. Para nosotros el dormir en familia es algo natural, además que lo es, es propio de mamíferos dormir con las crías hasta que éstas estén preparadas para independizarse, dormir en habitaciones separadas es una modernidad, es fruto del mismo consumismo (nos inculcaron que cada uno debe tener su habitación para corroborar un estatus social, dormir juntos es de pobres… y aspirar a casas más grandes y por lo tanto costosas…).

¿La intimidad? Bueno, mis padres aún trabajando él cada noche (menos un día a la semana) han tenido 5 hijos y uno que perdieron… así que eso de que no se tiene intimidad o se pierde es cosa de personas poco dadas a usar la imaginación en sus relaciones, el que quiere encuentra el lugar y el momento. La unión, la conexión, el apego que se genera en una familia que hace colecho es muy grande, ayuda a estar unidos cuando los trabajos, colegio y actividad social nos mantiene alejados, sana esas separaciones, permite que pasemos más horas juntos, aunque estemos dormidos, emocionalmente permanecemos, estamos juntos y eso se queda en la memoria emocional… para toda la vida.

Y así es que nunca he dormido sola, y estoy muy bien, no soy dependiente, más bien lo contrario: muy independiente, pero muy familiar a la par. Necesito a las personas que amo, saber que están, y son felices, aunque estén a kilómetros de distancia, como pasa con mi hija mayor que, cuando vamos a verla unos días, siempre usa el colecho para aprovechar al máximo el estar con sus hermanos, ella no pide dormir conmigo, ella duerme con sus hermanos porque lo está deseando, porque en su subconsciente sabe que eso les une y ayuda a recuperar tiempo perdido. Si, cuando voy a ver a mi hija mayor me toca dormir sola alguna noche, es raro tener una cama para ti sola, pero me hace inmensamente feliz saber que en la habitación de al lado mi hija mayor comparte su cama con sus hermanos, y levantarme y verles roncando a los 3 juntos, felices, abrazados… y me hace sonreír saber que he transmitido algo tan bonito a mi hija (mi hijo mayor también lo ha hecho). Mis hijos están especialmente unidos dentro de sus independencias, están unidos por el corazón, porque nos sabemos una familia y esa unidad nos hace muy fuertes frente a todo lo que hemos tenido que pasar y pasaremos, hay una incondicionalidad, una férrea unión, con nuestras discusiones comunes entre seres diferentes pero en las que prima nuestro amor siempre. ¿Fruto del colecho? No lo sé, pero creo que sin duda ha ayudado.

Así que, tras mis más de 40 años durmiendo acompañada, puedo decir que el colecho no hace daño, todo lo contrario.

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