Por supuesto, no se trata de lo que pasó un día…, todos los padres hemos hecho al menos una cosa bien y al menos una cosa mal. Todos los padres hemos hecho cientos de cosas bien y cientos de cosas mal. El apego no depende de lo que ocurre en una o en varias ocasiones aisladas, sino de lo que ocurre la mayor parte de las veces.

El niño que sabe que habitualmente sus padres le aceptarán y consolarán cuando llore o tenga cualquier dificultad desarrolla un apego seguro. En presencia de la madre tiene suficiente confianza para gatear, caminar, explorar… sin perder a su madre de vista. Puede alejarse porque sabe que siempre podrá volver. Cuando se va su madre, se asusta y llora; cuando su madre vuelve, corre hacia ella y pide brazos, pero rápidamente se vuelve a tranquilizar y sigue jugando y explorando.
El niño que se ve habitualmente rechazado aprende a evitar nuevos rechazos mediante la desesperada estrategia de dejar de pedir, y así no le podrán negar. Desarrolla un apego evasivo o evitante. Puede parecer falsamente seguro o independiente, porque no pide brazos ni consuelo. Parece no importarle si sus padres están o no están, juega y explora solo sin vigilar a su madre, llora poco cuando se queda solo pero no busca a su madre, incluso la evita cuando esta vuelve.
Cuando la respuesta de los padres es inconsistente, cuando unas veces le atienden amorosamente y otras veces le rechazan o le ignoran, el niño puede recurrir a pedir atención continuamente, así el manos algunas de las veces le funcionará. Desarrolla un apego resistente o ambivalente. Se pega a la madre, exige atención constante; cuando la madre está presente, apenas se separa de ella; cuando la madre se va, llora completamente desesperado; cuando vuelve, puede pegarse a ella y tardar muchísimo en tranquilizarse, p a ratos puede rechazarla.
El apego resistente o el evasivo son estrategias que desarrolla el niño para sacar el máximo partido de una situación que no es la óptima. Pero en los casos más graves el niño es simplemente incapaz de usar una estrategia, y se produce el apego desorganizado. Muchos de estos niños han sufrido abusos y maltratos, o son hijos de padres que a su vez sufrieron abusos.
El apego inseguro puede llevar a problemas psiquiátricos en la vida adulta (1).
(Por supuesto, las descripciones anteriores se refieren a niños pequeños, que gatean y empiezan a andar. Es completamente normal que uno de cuatro meses no se separe nunca de usted, y es completamente normal que uno de cinco años no llore cuando se separa de usted).
 
Carlos González, extraído del libro “Creciendo juntos de la infancia a la adolescencia con cariño y respeto.” Pag 47/48
 
(1). Mosquera, D., González A.; “Del apego temprano al TLP”. Mente y cerebro, 2011, 46, 18-27. http://www.investigacionyciencia.es/files/6965.pdf
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