La Leche Materna es un alimento vivo, pero además nunca sabe igual. A diferencia de la leche artificial, que siempre posee el mismo sabor, olor… la Leche Materna cambia de sabor según lo que coma la madre, unas veces será más dulce, otras menos, en ocasiones tendrá un matiz distinto, puede gustarle más o menos. Todo ello es muy beneficioso ya que le prepara para la Alimentación Complementaria, es lo natural ¿no?. Cuando damos comienzo a la AC el bebé que ha sido amamantado no saborea cosas con sabores totalmente desconocidos, si para colmo hace BLW, y se presupone come lo mismo que le resto de la familia, aún más, lo que le ofrezcamos ya lo ha probado a través de la LM, y su aceptación a los nuevos alimentos será mucho mayor.

La Lactancia Materna no solo brinda, además de la mejor nutrición e inmunidad al margen de facilitar un apego seguro, además favoece la adaptación a la AC para que sea una continuación gracias a los sabores que ya le ha aportado la LM durante los 6 meses de Lactancia Materna exclusiva.

Investigaciones

Nuestros bebés no aprenden de sabores en la LM ya lo hacen en la gestación. Todo los que consumimos durante el embarazo y la lactancia llega a nuestros hijos, primero por la placenta y luego a través de la leche materna. Así que alimentarse saludablemente es tremendamente importante.

Investigadores estadounidenses han realizado un estudio en el que concluyeron que “el amamantamiento podría ayudar a los niños a comer todo tipo de vegetales después de la exposición a su sabor a través de la leche materna”. El estudio se centró en el consumo de vegetales solamente. Según los investigadores, los bebés cuya madre coma muchos vegetales mientras amamanta tendrá mayores posibilidades de que éstos no rechacen esos alimentos cuando empiecen con la Alimentación Complementaria.

En el estudio, los recién nacidos expuestos al sabor sutil de las verduras a través de la leche materna se acostumbran mejor a la presencia de ellos en su dieta, los investigadores remarcaron que “esto hace menos engorroso el proceso de servir ‘verdes’ en el plato cuando comienzan a comer sólidos”.

Los investigadores, que estudiaron a 97 madres que amamantaban, y publicaron los resultados de su estudio en el American Journal of Clinical Nutrition.

Para el estudio, dividieron a las madres en dos grupos: uno bebió jugo de verduras durante uno a tres meses, mientras que el otro bebió sólo agua en el mismo período. Cuando los bebés tenían ocho meses, los investigadores supervisaron sus respuestas frente a las verduras y los resultados mostraron que aquellos cuyas madres habían bebido jugo mostraban mejor predisposición a comer sus vegetales, incluso si su madre había bebido el jugo de verduras por sólo un mes.

En las conclusiones del estudio, los científicos aseguraron que la alimentación de las madres lactantes es de gran influencia en lo que los niños comerán a futuro. “La edades tempranas pueden ser un tiempo óptimo para ‘enseñar’ el gusto por la alimentación sana”, afirmaron.

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