Una de las preguntas más comunes que solemos hacernos es que si no estaremos dando demasiado apego a nuestros hij@s, si les estamos haciendo más dependientes. Existe un temor general debido a las frases que nos torpedean a diario los opiniólogos, haciéndonos dudar de si estaremos criando hijos dependientes o independientes y autosuficientes. El apego alimenta la autoestima, la independencia por lo tanto, de igual modo, su autosuficiencia, es de lógica. Si te sientes amado, seguro, cuidado ¿cómo te sientes? Si es al contrario ¿no andarías por el mundo asustado y triste?.

El objetivo final de criar a un niño es acompañarlo en su camino de convertirse en un ser único, él o ella misma, intentando no intervenir en exceso (siempre intervenimos por más que no lo pretendamos). Debemos cuidar la forma de ser de su propia mente, que aprendan a fijar sus propias metas, formen sus propias razones, tomen sus propias decisiones, piensen por sí mismos, conozcan sus límites, que los reten, y creen sus propias intenciones. Lo que realmente debemos preguntarnos es: ¿qué tenemos que hacer para asegurarnos de que nuestros hijos crezcan así? Y no el dudar de que dar amor y libertad puede hacerles dependientes.

Los niños menores de tres años habitualmente se aferran a sus padres. Pueden perseguirlos, llorar cuando no están cerca y ser infelices cuando tienen que compartir la atención de sus padres con los demás. Eso demuestra un apego seguro, es el tiempo de estar pegados a sus padres y no de lo contrario. Existe una insistencia en que precozmente sean independientes, y el género humano no es así, el mamífero no es así, respetemos nuestra naturaleza y tiempos.

Los niños pequeños tienen hambre de apego porque carecen de autosuficiencia y dependen mucho de nosotros para cuidarlos los primeros años. Cuando lleguen a los 5 o 7 años de edad, suelen poder jugar más libremente por su cuenta, asumir la responsabilidad de cosas simples como vestirse e incluso comenzar a hacer tareas como limpiar sus juguetes, ayudar en casa y tener responsabilidades como las de cuidar una mascota o sus cosas del colegio.

El apego está destinado a hacer que nuestros hijos dependan de nosotros para que puedan liberarse cuando estén maduros, es un proceso. Buscan saciarse de amor para luego no depender de buscarlo en cualquier lado, sobre todo lugares inadecuados o amores tóxicos cuando crezcan.

Cuando cumplimos con sus necesidades de dependencia les alentamos hacia la independencia. A medida que un niño madure, si recibe un apego seguro, es capaz de tomar el volante en su propia vida e ir soltándose de sus progenitores.

Si siempre que nos han necesitado hemos estado, ellos saben que al irse siempre tendrán esa fuente de seguridad si la necesitan, no dudan, no temen, no hay INSEGURIDAD, hay un apego SEGURO. Cuando saben que pueden contar con nosotros incondicionalmente, no se aferran a nosotros temiendo que les faltemos en cualquier momento como si ocurre cuando existe una crianza con apego inseguro, padres que a veces no están. Si siguen aferrados a nosotros pasados los 7 años puede ser por inseguridad, y deberemos revisar cómo lo hemos hecho, y solventar el posible problema. Estar aferrado no es seguir haciendo colecho, o lactando aclaro, es temer estar solos, socializar, o expresar sus ideas y emociones sobre todo si sabe que no van a gustar. Si, sus enfados y rabietas son una muestra de seguridad en si mismos, no es algo negativo.

El apego no es el enemigo de la madurez, pero si que lo es la falta de apego seguro, la falta de brazos, de besos, de ESTAR, de acompañar, de escuchar… Deben confiar en nuestra capacidad como proveedores de amor y no sentir que tienen que perseguirnos para asegurarse de que se satisfagan sus necesidades.

Necesitamos ganar su confianza, las mentiras, castigos, tiempos de soledad impuestos como sanción, nunca serán positivos ni aleccionarán más que en el temor e inseguridad.

Los niños y niñas no necesitan que los empujen para madurar, para que se separen o crezcan, lo que más necesitan los niños son unos brazos que les proporcionen seguridad para cuando decidan ellos mismos volar porque sus alas ya han crecido y han aprendido a usarlas, siempre sabrán que tienen esos brazos si alguna vez el viento arrecia en exceso, siempre sabrán que sus MaPadres les están esperando con los brazos abiertos si les hace falta.

Mayka Martín

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