A veces, estresados por la realidad adulta, nuestro día a día, trabajos, quehaceres, pasamos por alto que los niños nos echan mucho de menos, que su sueño es vernos felices y no nerviosos. Cuando nos tienen cerca, se desviven por tocarnos, hablarnos, preguntarnos, subirse sobre nosotros, participar de lo que hagamos, y saltarán más, gritarán más, se excitarán y armarán más jolgorio, y nosotros le diremos: ¡déjame descansar! o ¡Déjame trabajar! o ¡¿Puedes tranquilizarte?! o ¡Déjame tranquil@! o ¡No escucho la TV!, ellos pensarán que deseamos descansar, claro, pero de ellos, o que el trabajo es más importante, la TV, el libro… nunca olvides que ellos no usan los mismos razonamientos que el adulto, ellos tienen una conexión mamífera y no desnaturalizada como ya la solemos tener los mayores.

Nosotros, como hipnotizados, miramos sólo hacia las obligaciones de nuestra realidad, en parte es lógico, y olvidamos la única obligación que está por encima de TODAS LAS COSAS, es la de no dejar de mirar a nuestros hijos, no dejar nunca de escucharles, no apartarles de nosotros si nos reclaman.

Para los niños sus padres son su eje, su necesidad, su vida, nada hay por encima de sus padres. ¿Y para nosotros? ¿Qué demostramos con nuestra actitud?
Por muy ocupados que estemos los adultos, llegará un día en el que los años caigan, y ya no tengamos tanto en lo que estar ocupados, y pretenderemos que nuestros hijos nos escuchen, nos vengan a visitar, que vengan a comer en familia… que estén un poco pendientes de nosotros. Que nos llamen incluso para hablar, es cuando nos daremos cuenta, tarde, de que si nuestros hijos no están, o están demasiado ocupados para comer con nosotros, para llamarnos, para escucharnos, es que nosotros antes les hemos fallado, les hemos dado ese mismo ejemplo cuando eran niñ@s, que esa fue la lección de vida que les dimos. Recuerda, educan los ejemplos, no las palabras.
Jamás dejes de tener presente, que nada ni nadie te necesita más que tus hijos, y un día tú los necesitarás a ellos conscientemente, ahora, mientras son niños, es un necesitar inconsciente que se da por hecho y no se saborea porque están ahí, no se marchan, ¡no pueden vivir sin nosotros! ¡no pueden bien vivir sin nuestra atención! Así que no les falles, ellos jamás fallan al PaMadre que siempre está o ha estado a su lado.

Mayka Martín

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