Programamos a veces el embarazo, programamos el parto (cómo debe ser, dónde…) pero ¿y las visitas tras el mismo?

Es muy importante dejar claras nuestras necesidades tras el parto ya que nosotras estaremos sumidas en una marejada de hormonas, estaremos agotadas, estaremos seguramente amamantando, conectando con nuestro bebé, así que será nuestra pareja quien deberá hacer valer nuestras necesidades y mediar con quienes no las entiendan.

Lo ideal es que tras el nacimiento nosotras solo tengamos la tarea de criar, que nuestra pareja tenga claro que el peso de todo lo demás recae en él/ella, incluido el gestionar visitas.

La pareja no debe discutir este tipo de cosas en el puerperio, debe haberlo decidido conjuntamente antes y mostrar frente común. La actitud natural mamífera es justamente así, el macho cuida de la intimidad de la hembra y de que la cría y la madre no sufran interferencias en este periodo tan importante.

¿Y la familia, amigos?

Por mucha familia que tengamos estos deben entender que lo que decidáis es lo que se debe cumplir, por el bien de la diada, de la que aún es una unidad, la madre y el bebé. Nada de andar pidiendo cogerle en brazos, que vayan de brazos en brazos, eso generará estrés en el pequeño y en la misma madre que lógicamente tiene su instinto mamífero a flor de piel y observará cual leona el paso de mano en mano de lo que necesita imperiosamente tener cerca y mantener a salvo.

En el hospital lo ideal sería que nos dejasen en soledad con nuestro bebé y pareja, luego en casa…

Hay que advertirles de esto, que después del nacimiento del bebé siempre llamen antes de venir, que sea a la hora que digamos y el tiempo que acordemos y que si no deseamos que el bebé sea tomado en brazos no es por ser desagradables, es por una necesidad y por la tranquilidad de madre y bebé. No, no estamos mal acostumbrando al bebé, todo lo contrario, estamos dándole justo lo que necesita. Ello ayudará a que el bebé esté más tranquilo, sereno, seguro, y sus llantos serán menores. Esto ayudará incluso en la lactancia.

La pareja, la madre y el bebé estamos adaptando el nuevo círculo que hemos formado, somos familia y hay que adaptarse al cambio tan drástico en la vida de un ser humano. Esa debe ser nuestra tarea prioritaria y más importante. Observar a nuestro bebé, conocerle, conectar con sus miradas llenas de sabiduría mamífera, que conecte con nuestros cuerpos, sobre todo que siga conectado con el de la madre y la pareja haga el piel con piel. Esto es algo sagrado, se inicia la familia. Dicen que una persona no puede cambiar de la noche a la mañana, que le pregunten a una puerpera…

Así que enturbiar el sagrado momento con conversaciones obligadas, con poses sociales, con clichés, con un bombardeo de consejos de madres/padres perfectas, con trucos o sentencias sin fundamento científico alguno, es marear y confundir a la madre que no está para eso. Bienvenida la mundo opinólogo que lo sabe todo sin nada que lo respalde… prepara tu escudo.

Lidiar con las noches sin dormir más de 2 horas, días ocupadas por cubrir las necesidades de nuestro bebé constantes, hacernos con la Lactancia Materna, o si has decidido dar biberón con esa tarea, con niveles de estrógeno que caen de 100 a 1,000 veces en la primera semana después del parto. Los llantos repentinos inexplicables, el re-conocernos como nueva mujer, como madre. No estamos para que encima lo primero que nos digan es: “Qué bien te has quedado -o que mal- tras el parto”… ese juicio lo mejor sería erradicarlo socialmente. Y es que no estamos para sociabilizar en esos momentos, estamos muy poco receptivas y desarmadas, somos vulnerables a pesar de la fuerza demostrada en el parto. Estamos agotadas física y mentalmente, no necesitamos juicios.

El paseo de brazos en brazos

Que tomen al bebé sin permiso, por sistema, como norma en las visitas nos pone alerta, una alerta instintiva. Podemos observar si el jersey de quien le toma en brazos está lleno de pelusa o es muy rígido y que puede estar irritando la piel del bebé, que la persona lleva demasiado perfume, que le aprieta contra una barba, y lo peor, es que el bebé empiece a llorar y te digan “tranquila es normal”, ya lo calmo yo… Tu pensarás: me lo esperaba, ya empiezan con el tranquila es normal que llore… pero no es normal si sabes cómo evitarlo ¿es necesario soportar saber que está pasando por algo que le produce estrés y que no puedas evitarlo por “educación”? Tan solo por cumplir con una serie de conductas sociales que se han impuesto sin pensar para nada en el bebé y tampoco en la madre… Si tú no deseas que pase de brazo en brazo no pasará, y se dejará bien claro. Si alguien se enfada, ya se le pasará.

Nada es más poderoso que el impulso de una nueva madre que desea estar con su bebé, así que no te extrañe que ante el llanto de tu hij@ reacciones primitivamente, que saltes enseguida a proteger a tu bebé de lo que sea que le perturbe, incluso medio gruñas, o sueltes algo desagradable, es tu instinto.

Así que, aunque tengáis que hacer octavillas cual político en campaña, haced conocedores a todos los de la familia cuales van a ser vuestras normas en ese delicado periodo para evitar malos entendidos y pérdidas de energía discutiendo y más aún frente a la madre y el bebé. Lo que si ayudará a la madre y al bebé es llevar comida hecha, traer la ropa planchada… no enturbiar el ambiente sagrado de esos momentos. Apoyar las decisiones de la madre, no discutirlas ni imponer las tuyas (aunque tengas 6 hijos) ella es primeriza pero tan válida como una madre experimentada porque es la madre de ESE BEBÉ.

Disfrutad de vuestra familia, la que habéis creado vosotr@s, siempre habrá tiempo para ir incluyendo familiares o amigos cercanos, pero todo a su tiempo y cuando madre y bebé se sientan con ánimo.

Mayka Martín

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